05/06/2025
MAFALDA Y EL SISTEMA EDUCATIVO PRUSIANO
Llevamos generaciones de sobreadaptación, de no escuchar nuestros ritmos circadianos, de ignorar las estaciones y las actividades a las que orgánicamente nos invitan.
Llevamos generaciones de separarnos, del hogar, del querer estar junto a las figuras de apego en la primer infancia, de uniforme, vistiendo igual, sentándonos al mismo tiempo, jugando al mismo tiempo, callando al mismo tiempo, comiendo al mismo tiempo.
Llevamos varias generaciones creyendo que repetir y memorizar es aprender y que solo se puede hacer dentro de un edificio y en torno a los temas, bajo el modo y en el momento que alguien "que sabe" nos dice que hay que hacerlo.
Pero en tantas generaciones, se "omitió" el aprender a discernir, a evaluar con pensamiento crítico, a detectar y gestionar emociones, a destilar objetivos y sentido de vida y conocer los talentos para lograrlos. Se omitió el buscar la autonomía, la capacidad de decisión, la conquista de la nota singular que trae el alma de cada uno de nosotros.
Separando a las crías del cobijo del hogar, enseñaron a resignarse a la costumbre de desconectarse de lo esencial y primordial del amor primario.
Luego, muchos, resisten en silencio tormentos en ambientes violentos bajo la epidemia del bullying, mientras se naturaliza el acostumbrarse a ser dañado, bajo la hipócrita premisa de que "sinó no socializan".
Seres preciosos y preciados que comienzan a desvalorizarse segregandose o perderse en la homogeneidad de ser igual que todos.
Invito a recordar que el pulso mismo de la vida es aprendizaje, por eso los animalitos silvestres viven y aprenden sin jamás atropellar sus ritmos y necesidades.
Cómo inspiraba María Montessori, el niño aprende sólo, aprende siempre, solo basta seguirlo, respetarlo y potenciar su capacidad facilitando un ambiente estimulante para su innata curiosidad y afán de saber.