24/05/2026
Hay personas que no saben descansar, y no porque no quieran.
Sino porque vivieron tanto tiempo en modo supervivencia, que quedarse quietas se siente peligroso.
Entonces aparece la autoexigencia. La necesidad constante de hacer más, rendir más, resolver más.
Porque en el fondo no se trata solo de productividad.
Muchas veces se trata de valor.
De sentir que si frenás, si descansás, si no hacés “lo suficiente”, dejás de valer. Y ahí el cuerpo nunca descansa de verdad.
Solo para un rato, mientras la cabeza sigue funcionando como si estuviera corriendo una carrera permanente.
No todo cansancio se arregla durmiendo.
A veces hay un agotamiento mucho más profundo:
el de sentir que nunca alcanza.
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Lic. Martin Muñoz
M.P. 11541
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