Noelia B. Acompañante terapéutico

Noelia B. Acompañante terapéutico Acompañamiento terapéutico para niños, adolescentes y adultos

Hoy 3 de Mayo celebramos el Día del Acompañante Terapéutico.Una tarea que muchas veces transcurre en silencio, pero que ...
03/05/2026

Hoy 3 de Mayo celebramos el Día del Acompañante Terapéutico.

Una tarea que muchas veces transcurre en silencio, pero que está profundamente presente en la vida de quienes acompañamos. Ser acompañante es mucho más que estar: es sostener, escuchar, habilitar, esperar los tiempos del otro, respetar procesos y construir vínculos desde el cuidado y la empatía.

Es caminar al lado, sin invadir, pero sin soltar. Es ser puente, red, presencia. Es confiar en las posibilidades del otro incluso cuando el camino se vuelve difícil.

Hoy quiero reconocer y valorar este rol tan importante, que implica compromiso, sensibilidad y formación constante. Y también abrazar a esas personas que acompaño, porque en cada encuentro también aprendo y crezco.

Feliz día a quienes elegimos acompañar y a quienes elegimos esta hermosa profesión sabiendo el contexto economico en el que vivimos todos los prestadores de discapacidad.

La enfermedad de Parkinson es un tipo de trastorno del movimiento. Ocurre cuando las células nerviosas (neuronas) no pro...
15/04/2026

La enfermedad de Parkinson es un tipo de trastorno del movimiento. Ocurre cuando las células nerviosas (neuronas) no producen suficiente cantidad de una sustancia química importante en el cerebro conocida como dopamina. Algunos casos son genéticos pero la mayoría no parece darse entre miembros de una misma familia.

Los síntomas comienzan lentamente, en general, en un lado del cuerpo. Luego afectan ambos lados. Algunos son:

- Temblor en las manos, los brazos, las piernas, la mandíbula y la cara
- Rigidez en los brazos, las piernas y el tronco
- Lentitud de los movimientos
- Problemas de equilibrio y coordinación

A medida que los síntomas empeoran, las personas con la enfermedad pueden tener dificultades para caminar o hacer labores simples. También pueden tener problemas como depresión, trastornos del sueño o dificultades para masticar, tragar o hablar.

No existe un examen de diagnóstico para esta enfermedad. Los doctores usan el historial del paciente y un examen neurológico para diagnosticarlo.

08/04/2026

“OLVIDO NORMAL Y PATOLÓGICO”
El olvido en general es propio del envejecimiento normal y suele ocurrir por descuidos que por lo general son “normales” y transitorios y en muchos de los casos es posible que se recuperen con el tiempo. En cambio, el “patológico” es persistente y las personas no tienen conciencia de lo percibido. Los olvidos en general son parte del envejecimiento normal, pero cuando no pueden ser recuperados indican que existe un severo problema como ocurre en las demencias. La pérdida de la memoria suele convertirse en una preocupación habitual a partir de los 50 años, etapa en la que muchos individuos notan cambios en su capacidad para recordar la información percibida y procesada, lo que genera estados de inquietud. Expertos de la Escuela Médica de Harvard aclaran que “…si bien en la mayoría de los casos forman parte del envejecimiento normal del cerebro, nos indican que puede tratarse de un serio inconveniente como ocurre en la Enfermedad de Alzheimer”. Distinguir entre los olvidos esperables y los que requieren atención médica es importante para fortalecer la memoria y preservar el rendimiento cognitivo con el paso del tiempo. Especialistas de Harvard señalan que “…episodios como entrar a una habitación y olvidar el motivo, extraviar las llaves o tardar en recordar nombres suelen ser ejemplos clásicos de los cambios cognitivos propios de la edad”. Estos intervalos ocasionales si bien son molestos y normales no interfieren de manera significativa en la rutina. En cambio cuando los problemas se vuelven frecuentes y se acompañan de señ“OLVIDO NORMAL Y PATOLÓGICO”
El olvido en general es propio del envejecimiento normal y suele ocurrir por descuidos que por lo general son “normales” y transitorios y en muchos de los casos es posible que se recuperen con el tiempo. En cambio, el “patológico” es persistente y las personas no tienen conciencia de lo percibido. Los olvidos en general son parte del envejecimiento normal, pero cuando no pueden ser recuperados indican que existe un severo problema como ocurre en las demencias. La pérdida de la memoria suele convertirse en una preocupación habitual a partir de los 50 años, etapa en la que muchos individuos notan cambios en su capacidad para recordar la información percibida y procesada, lo que genera estados de inquietud. Expertos de la Escuela Médica de Harvard aclaran que “…si bien en la mayoría de los casos forman parte del envejecimiento normal del cerebro, nos indican que puede tratarse de un serio inconveniente como ocurre en la Enfermedad de Alzheimer”. Distinguir entre los olvidos esperables y los que requieren atención médica es importante para fortalecer la memoria y preservar el rendimiento cognitivo con el paso del tiempo. Especialistas de Harvard señalan que “…episodios como entrar a una habitación y olvidar el motivo, extraviar las llaves o tardar en recordar nombres suelen ser ejemplos clásicos de los cambios cognitivos propios de la edad”. Estos intervalos ocasionales si bien son molestos y normales no interfieren de manera significativa en la rutina. En cambio cuando los problemas se vuelven frecuentes y se acompañan de señales como la desorientación, cambios marcados de la personalidad y dificultad para realizar las tareas habituales, es necesario consultar a un profesional especializado para descartar que se trate de un trastorno neurodegenerativo.

Cuatro palabras que son difíciles de escuchar, primero cuando se refiere a los demás y llega el momento en que el alma s...
08/04/2026

Cuatro palabras que son difíciles de escuchar, primero cuando se refiere a los demás y llega el momento en que el alma se parte al escucharlas refiriéndose a uno...
Pero igualmente hay que se seguir brindando todo el amor posible....

28/03/2026

“CAPACIDAD DE RESILIENCIA”
La resiliencia es la capacidad que tienen las personas para enfrentar situaciones difíciles y reponerse ante la adversidad, superando los problemas y volviendo a recuperar su estado de equilibrio emocional. No se trata de no sufrir, sino de encontrar los métodos más adecuados para manejar el estrés, las emociones negativas y los cambios inesperados que surgen para poder adaptarse y encontrar un camino hacia la recuperación. Desde el punto de vista psicológico se lo considera como un aspecto crucial para mantener el bienestar emocional, lo cual es vital para conservar una vida plena y satisfactoria. El origen de la palabra proviene del latín “resilire”, que significa “rebotar o saltar hacia atrás” y este concepto comenzó a ser utilizarlo para describir la capacidad que tienen los seres humanos de superar las adversidades. En efecto, dicho término fue popularizado en el ámbito psicológico en las últimas décadas, pero su estudio se remonta a mediados del siglo XX con investigadores como la psicóloga infantil Emmy Werner y su equipo de la Universidad de California. El estudio que se llevó a cabo en una de las islas de Hawai en el año 1955, donde se demostró que algunos niños a pesar de crecer en entornos difíciles lograron superar las situaciones adversas de manera positiva y adaptativa. Además, se debe aclarar que esta aptitud ha ganado la atención tanto en la psicología como en la sociología, ya que los análisis sobre la misma tanto en niños como en jóvenes y adultos, han hecho evidente que se trata de un fenómeno complejo y multifacético, que implica tanto factores individuales como contextuales que desempeñan un papel crucial en la salud emocional. En conclusión, desarrollar una buena capacidad de resiliencia permite a las personas mantener la calma y la claridad mental, lo que les facilita a su vez hallar las soluciones

06/03/2026

“ETAPAS DEL APRENDIZAJE SEGÚN MASLOW”

El aprendizaje es un proceso complejo en el que intervienen tanto el inconsciente como el consciente. En tal sentido el psicólogo estadounidense Abraham Maslow (1908-1970), ha hecho un interesante aporte por lo cual ha sido reconocido como uno de los fundadores de la psicología humanista y que es un enfoque que se ubica en una posición intermedia entre los paradigmas defendidos por el conductismo y el psicoanálisis. Para Maslow el aprendizaje depende de una serie de competencias o etapas que van desde lo inconsciente a lo consciente y viceversa. La primera o de “la incompetencia inconsciente” es cuando no sabemos que no sabemos, es decir, que no tenemos conocimiento y, por ende, no somos conscientes de un determinado hecho, suceso o habilidad. Una vez que tomamos conciencia sobre una situación determinada se desarrolla la segunda etapa o de "la incompetencia consciente",
que es cuando nos damos cuenta que tenemos que mejorar o adquirir una nueva capacidad porque no la podemos llevar a cabo. Si el nuevo estímulo continúa, el proceso de aprendizaje pasa a la tercera etapa o de “la competencia consciente”, en la cual la repetición y la memorización juegan un rol central para que la misma perdure en el tiempo a través de la generación de nuevas redes neuronales. Esta es la más difícil de concretar y para ello es necesario de la ayuda y la colaboración para poder desarrollarla sin problemas y es en la cual el pensamiento juega un rol esencial para adquirir las nuevas aptitudes. Finalmente, si no se producen interferencias sobreviene la cuarta denominada como “la competencia inconsciente”, donde los nuevos conocimientos adquiridos son almacenados y pueden mantenerse en la memoria por un tiempo indefinido, fluyendo de manera automática y sin reflexionar cuando la mente necesita aplicarlos. Todo este proceso está íntimamente relacionado con la percepción, la motivación, el procesamiento de la información, la memorización, las emociones y el almacenamiento en la corteza de los nuevos recuerdos en la memoria a largo plazo o inconsciente. En conclusión, como se aprecia el aprendizaje es un largo y complejo proceso que nos induce a la creación de cambios relativamente permanentes en las estructuras cerebrales y de esta manera gran parte de ellos se mantienen en el tiempo.

06/03/2026
06/03/2026

10 hábitos a evitar para mejorar nuestro bienestar como cuidadores de una persona con Alzheimer.

El bienestar y la salud del cuidador necesitan, también, ser atendidos. Es de vital importancia prestar atención a los signos de fatiga, cansancio mental, frustración...

Para cuidar bien es necesario poder parar y dedicar un tiempo a revisar cómo estamos haciendo las cosas. Quizás algunas costumbres, a menudo inconscientes, podrían estar resultando contraproducentes para nuestro bienestar. Si es así, es aconsejable intentar cambiarlas.

Más allá de nuestro rol como cuidadores, poder atender a nuestra salud y necesidades personales también es importante.

1. Tener expectativas poco realistas

Intentar salir de casa a tiempo, confiar en que la persona con Alzheimer recuerde dónde ha guardado algún objeto, seguir una serie de instrucciones... Nuestro ser querido no va a poder continuar haciendo lo que antes solía hacer o, al menos, no con la misma diligencia. Y debemos ser realistas. Hay que ser también realista con lo que nos exigimos a nosotros mismos como cuidadores (un desafío que puede ser todavía más complicado que el anterior).

2. Evitar las preguntas difíciles

A corto plazo, podemos pensar que es mejor no saber las respuestas a determinadas preguntas. No obstante, es importante tener en cuenta que el Alzheimer es una enfermedad progresiva, por lo que prever y planificar puede resultar de gran ayuda durante el proceso, sin pretender anticipar todo lo que puede suceder, algo que tampoco es realista.

Por ejemplo, nos podemos asustar ante la sospecha de Alzheimer o demencia en una persona querida, pero no hemos de ignorar esos cambios que nos llevan a sospechar. Para la persona afectada será beneficioso acudir al médico y acceder a un diagnóstico y tratamiento cuanto antes. Es también importante saber qué quiere la persona afectada que ocurra en el futuro respecto a su atención. Es una conversación que puede resultar difícil y dolorosa pero que nos permitirá tomar decisiones para que se cumpla su voluntad: opciones de cuidado, designación de poderes, testamento...

3. Pensar que nadie nos entiende

A veces nos gustaría conversar con personas que estén viviendo nuestra misma situación, aunque quizá no siempre resulte fácil encontrarlas. Las asociaciones de familiares de personas con Alzheimer pueden ser de gran ayuda. No obstante, no hay que dejar de relacionarse con otras personas cercanas: ellos también pueden escuchar. No debemos asumir que, como no lo han vivido, no entenderán los retos diarios a los que, como cuidadores, nos enfrentamos.

4. Querer hacerlo todo solos

Es más difícil de hacer que de decir, pero deberíamos abandonar el “yo puedo hacerlo solo” y dejar de resistirnos a pedir ayuda. Contar con algún apoyo de vez en cuando es vital para poder seguir adelante. No romperás tu compromiso de cuidar a alguien por el hecho de pedir ayuda. Y aunque pueda resultarnos difícil solicitar apoyo, vencer las reticencias es la clave para conseguir tiempo para uno mismo.

Pudiera ser que en nuestro entorno no encontrásemos disponibilidad o predisposición, pero hay diversos recursos disponibles para personas con Alzheimer.

5. Sentirnos culpables

En ocasiones, puede que nos invadan pensamientos de deuda hacia la persona que cuidamos o de culpa por considerar que no lo estamos haciendo del todo bien. Estos sentimientos hay que alejarlos ya que pueden llegar a aprisionarnos. Es posible querer a alguien, cuidarlo y, a la vez, tomarse un respiro de vez en cuando. Para poder tomar distancia mental y emocional a veces también necesitamos cierta separación física. Esto no significa que estemos cuidando menos o peor a nuestro ser querido.

6. Asumir que nuestro ser querido no puede participar en la toma de ninguna decisión

El día a día puede hacer que olvidemos preguntar a la persona con Alzheimer sobre sus ideas o preferencias. Con frecuencia, la persona afectada todavía puede expresar su opinión y se sentirá reconocido si se le tiene en cuenta. Siempre que nos sea posible, debemos involucrar a nuestro ser querido en las decisiones que le conciernen, valiéndonos de adecuadas estrategias de comunicación.

7. Descuidar nuestra propia salud

Cuando cuidar a alguien es nuestra prioridad deberemos hacer sacrificios, pero si nuestra salud se está viendo comprometida por ello, debemos parar y pensar. Si enfermamos podríamos llegar a no ser capaces de ejercer nuestra función como cuidadores. Si no le damos la suficiente prioridad a nuestra propia salud, además de las propias consecuencias personales, podemos abocarnos a no poder ayudar a nuestro ser querido.

8. Descuidar a nuestra propia familia

No es sencillo, por ejemplo, compatibilizar el deber de cuidar de los hijos y, a la vez, cuidar de los padres. Para facilitar el equilibrio es importante planificar el tiempo que se dedica a cada uno en lugar de ir atendiendo las necesidades conforme se van sucediendo.

9. Creer que nuestro ser querido elige cómo comportarse

Quizás alguna vez hemos tenido la sensación de que a la persona con Alzheimer montaba una escena con tal de no ir o llegar tarde a la cita del médico. O hemos sentido frustración al creer que nuestro ser querido recuerda cosas importantes para él, pero olvida completamente las que nos importan a nosotros. Es fundamental que el cuidador intente ver todos estos problemas como resultado de la enfermedad del Alzheimer en lugar de ser algo hecho a propósito para fastidiar. La empatía nos facilitará comprender mejor la enfermedad y lidiar con ella de forma más positiva.

10. Sacrificar nuestro propio equilibrio y energía

A menudo los cuidadores se sienten como malabaristas, intentando mantener todos los platos girando a la vez para que ninguno caiga: la salud, el trabajo, nuestra tarea de cuidadores, nuestros hijos, la pareja… Lo más probable es que, finalmente, alguno de los platos se caiga y se rompa. Antes de que esto ocurra, deberíamos elegir qué plato queremos detener para evitar que las circunstancias tomen la decisión por nosotros. Aunque a veces pueda parecer que no hay solución, a menudo hay algo que se puede dejar de hacer, al menos, para evitar peores consecuencias. Para ello debemos ser más conscientes de adonde va nuestro tiempo y energía.

Para finalizar, debemos recordar algo importante: para poder cuidar bien a alguien primero debe cuidarse el propio cuidador. No podemos dar a alguien la atención que necesita si nuestra salud, física y mental, no se encuentra en unos niveles que nos permitan hacerlo.

19/01/2026

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