16/08/2026
Cuando veas a un niño
Por el Dr. Hugo Rizzo
Cuando vayas por la Vida caminando, ya adulto, y te cruces con un niño, no le niegues la mirada. Mira sus ojos.
Cuando veas a un niño, trata por un instante de olvidar que eres adulto y sé niño con él. Vuelve por unos segundos a ese tiempo en el que todo era descubrimiento, ilusión y esperanza.
Cuando veas a un niño, no seas indiferente. Regálale un gesto, una sonrisa, una palabra amable. Y verás cómo, casi mágicamente, te devolverá una sonrisa de las suyas.
Cuando veas a un niño, no importa de dónde venga ni quién sea. Míralo como lo que es: un ser frágil, único e irrepetible, tan valioso como aquello que más amas y quieres proteger.
Cuando veas a un niño, recuerda la sonrisa de tus hijos. Imagínala en cada niño que encuentres.
Que esta Vida, muchas veces cruel, acelerada e individualista, en medio de un mundo cada vez más consumista, no te ciegue. Detente. Tómate unos segundos.
Recuerda que ese niño es frágil. Que muchas veces cree en lo que dices. Por eso, ten cuidado con tus palabras y con tus acciones. Tal vez no diga nada, tal vez parezca que no comprende, pero ellos sienten, observan y recuerdan mucho más de lo que imaginamos.
Cuando veas a un niño, recuerda que tú también fuiste niño. Que alguna vez necesitaste afecto, protección, una mirada sincera y alguien que te hiciera sentir que eras importante.
Cuando veas a un niño, mira en su rostro la creación de Dios y agradece por su Vida.
Porque la Vida es un regalo.
La Vida es un milagro.
Y muchas veces, ese milagro se hace visible cuando logramos detenernos y mirar profundamente los ojos de un niño.
Hugo Rizzo
Médico de Familia y Pediatra
Escritor
Autor de Caminando junto a la Vida