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El tema del control en las adicciones es un espejismo que atrapa tanto al adicto como a su familia. El adicto quiere con...
03/10/2026

El tema del control en las adicciones es un espejismo que atrapa tanto al adicto como a su familia. El adicto quiere controlar la sustancia, “ponerle límites”, creer que puede detenerse cuando quiera, que una copa o un toque no lo van a arrastrar de nuevo al abismo. Pero ese control es falso, es parte de la ilusión que alimenta la adicción, un mecanismo que encubre la impotencia real ante la sustancia.
Por otro lado, el codependiente —muchas veces la madre, la pareja, el hermano— también se aferra al control, pero en otro sentido: quiere controlar al adicto. Vigila, persigue, revisa, amenaza, protege, rescata… todo con la esperanza de salvarlo. Sin embargo, en ese intento termina perdiéndose a sí mismo, cargando culpas que no le corresponden, agotando sus fuerzas en una lucha que no puede ganar.
El control, tanto en uno como en otro, es una forma de negar el dolor y la impotencia. El adicto evita enfrentar su fragilidad ante la sustancia, y el codependiente evita confrontar que no puede salvar al otro. Ambos quedan atrapados en una danza de sufrimiento.
La salida no está en controlar, sino en reconocer los límites: el adicto debe asumir que no tiene control sobre el consumo y que necesita ayuda; el familiar debe reconocer que no tiene control sobre el adicto, pero sí sobre su propia vida, sus decisiones y su cuidado personal.
Porque en el fondo, aprender a soltar el control no es rendirse: es dar el primer paso hacia la libertad.

03/10/2026
Ser madre de un adicto es una experiencia que no cabe en palabras simples. Es mirar a un hijo y reconocer en él la misma...
28/09/2026

Ser madre de un adicto es una experiencia que no cabe en palabras simples. Es mirar a un hijo y reconocer en él la misma ternura de la infancia, pero al mismo tiempo ver cómo las dr**as han ido devorando pedazos de su vida. Es un amor que se mezcla con miedo, con culpa, con impotencia. Muchas madres sienten que han fallado, que hicieron algo mal, o que no hicieron lo suficiente. Y ese peso las aplasta más que la propia adicción de su hijo.
Ser madre de un adicto es vivir con el corazón en la mano: cada llamada puede ser un alivio o una pesadilla; cada ausencia, un tormento; cada promesa incumplida, una herida más. Pero también es tener una fuerza silenciosa, esa que las mantiene de pie aun en medio del caos.
Lo más duro es entender que el amor no lo puede todo. Que aunque se desee con el alma rescatar a ese hijo, el cambio depende de él. Y ahí está el gran reto: amar sin destruirse, acompañar sin perderse, aprender a cuidar de sí misma para poder sostener desde otro lugar.
Ser madre de un adicto no significa ser culpable, significa tener la oportunidad de transformar ese dolor en aprendizaje, en resiliencia y, muchas veces, en una nueva forma de amor que ya no protege desde el miedo, sino desde los límites y la esperanza real.
Buenos días ❤️‍🩹

Cuando hablamos de adicciones, suele aparecer una frase repetida hasta el cansancio: “si quiere, puede, todo es cuestión...
26/09/2026

Cuando hablamos de adicciones, suele aparecer una frase repetida hasta el cansancio: “si quiere, puede, todo es cuestión de fuerza de voluntad”. Esta idea, aunque contiene una parte de verdad, es profundamente engañosa y hasta peligrosa.
La fuerza de voluntad no es un recurso inagotable, ni mucho menos la única herramienta para dejar una adicción. De hecho, muchos Residentes me dicen: “Fernando , yo sí quiero dejar de consumir, pero no puedo”. Y es cierto: no se trata de que no tengan voluntad, sino de que esta se erosiona, se desgasta y se confunde cuando la adicción toma fuerza.
Yo suelo decir que la fuerza de voluntad en la adicción tiene dos momentos distintos:
1. La fuerza de voluntad inicial. Es la chispa que impulsa a alguien a pedir ayuda, a asistir a un grupo, a tomar la decisión de iniciar un tratamiento Esa fuerza es valiosa y necesaria, pero no suficiente.
2. La fuerza de voluntad sostenida. Aquí está el verdadero reto: no es sostener únicamente la abstinencia, sino sostener la decisión de seguir en el proceso, incluso cuando las ganas de consumir regresan, cuando el cuerpo pide lo conocido y la mente se convence de viejas excusas.
Es en esta segunda etapa donde el acompañamiento psicológico se vuelve esencial. No se trata de exigirle al paciente que “aguante” o que “resista por sí mismo”, sino de acompañarlo en el trabajo profundo de comprender qué sostiene su consumo, qué vacíos intenta llenar y cómo transformar su relación con la sustancia y consigo mismo.
La abstinencia no se construye con voluntad aislada; se construye con voluntad acompañada. El equipo TERAPEUTICO, el grupo de autoayuda y el entorno funcionan como un andamiaje que evita que la voluntad se derrumbe bajo el peso de la compulsión.
Por eso, cuando la fuerza de voluntad falla, no significa fracaso, significa que es momento de apoyarla, reforzarla y aprender a sostenerla de una manera distinta. La verdadera meta no es solo dejar de consumir, sino aprender a mantener viva la decisión de seguir en tratamiento..
BUEN SÁBADO PARA TODOS 😎

Quiero compartir con ustedes una reflexión importante sobre un tema que muchas veces se malinterpreta: los grupos de aut...
26/09/2026

Quiero compartir con ustedes una reflexión importante sobre un tema que muchas veces se malinterpreta: los grupos de autoayuda, los grupos religiosos, los grupos sobre programas de pasos y otros grupos utiles como herramientas y modos de apoyo, superación, trasnformacion, desarrollo y crecimiento personal.
En mi experiencia trabajando en el campo de las adicciones, he visto cómo un espacio como Agrupaciones Relisiosas, espacios de autoayuda, o bien otro tipo de asociaciones, como Alcohólicos Anónimos o Narcóticos Anónimos, Judadores Anonimos, etc., puede convertirse en un lugar de alivio, comprensión y acompañamiento. Allí, las personas encuentran eco en sus historias, descubren que no están solas y sienten la fuerza que da escuchar a otros atravesar luchas similares.
Sin embargo, también es fundamental aclarar algo: un grupo de AA o NA no es un tratamiento, es un acompañamiento y tambien un programa espiritual de recuperacion, no obstante no a todos les funciona de la misma manera. Y quiero subrayar esto porque muchas veces la familia, o incluso el mismo paciente, piensa que solo con ir al grupo es suficiente para “curarse” sin enfrentar su oscuridad, sus dolores y sus miserias. Pero la adicción es un desorden, un desequilibrio, un desajuste o desvalance de la armonía del ser humano, una enfermedad compleja que involucra la mente, el cuerpo y lo más profundo del inconsciente. Por eso, sobre todo inicialmente, requiere un tratamiento profesional interdisciplinario: médico en general, paiquiatrico en particular para la ayuda y estabilizacion quimica del cerebro y el sistema nervioso central y psicológico, todo apuntado a lograr la homeostasis que favorezca el pleno desarrollo espiritual de manera tal que florezca la armonia y equilibrio natural del ser humano.
Los grupos son una herramienta valiosa, sí, pero no sustituye al trabajo terapéutico que debe hacer por sí el adicto, ni tampoco la asistencia profesional idonea para el enfrentarse a uno mismo, ni a la intervención profesional de aquellos que tienen información valiosa sobre el funcionamiento de las psiquis humana. Yo lo veo como un complemento: el grupo acompaña, sostiene, da motivación, en muchos casos y para quienes trabajan el programa puede ser un modo de transformacion inigualable, pero no siempre es así pues hay personas que necesitan tratamiento para ayudarlos a entender las raíces del consumo, a trabajar la abstinencia y a reconstruir la vida desde un lugar más sano.
Te invito a reflexionar en esto: ¿qué pasaría si alguien con una enfermedad física grave creyera que sólo con apoyo emocional se puede curar? Seguramente no sería suficiente. Con las adicciones sucede lo mismo. No se trata de elegir entre el tratamiento o el grupo, sino de integrar ambos caminos.
Porque cuando una persona se permite recibir tratamiento profesional y al mismo tiempo se abre al acompañamiento de un grupo, ahí es donde realmente se potencia la recuperación.
FERNANDO ZAPPIA
CMB ADICCIONES

CARTA A UN FUTURO OPERADOR SOCIO TERAPEUTICO EN ADICCIONES... No será fácil empezar : el camino será largo y los resulta...
25/09/2026

CARTA A UN FUTURO OPERADOR SOCIO TERAPEUTICO EN ADICCIONES...

No será fácil empezar : el camino será largo y los resultados llegarán con el tiempo . Cuando termines de formarte Recién comenzará el Desafío .
Seguirás estudiando , cubriras tus primeras guardias , harás tus primeros acompañamientos y vos mismo Vivirás la experiencia y la Aventura de estar del otro lado ahora .
Aprenderás que en el juego de los tratamientos , es el propio paciente quien hace los goles , vos solo Asistirás los Pases . Los primeros tiempos intentaras ser el salvador de todos y hasta quizás buscarás fórmulas mágicas , hasta que la experiencia vaya aliviando tus ansiedades y entiendas que cada persona es un Mundo y tiene una Realidad distinta .
Empezarás con la camiseta de una teoría puesta y serán las experiencias y el tiempo el que te ayude a lograr una flexibilidad sin Perder el Rigor del Oficio .
Al principio serás demasiado Serio jajaja para intentar Maquillar tus inseguridades y gradualmente Irás transformando Solemnidad por creatividad y juego , y pasarás por muchos sentimientos , ALEGRIA , PENA , RABIA , MIEDO , SORPRESA , CURIOSIDAD , NOSTALGIA Y SATISFACCIÓN , sobre todo colega serás un afortunado en ser participe necesario de la Recuperación de un Adicto que vuelve del in****no , así que bienvenido a un Hermoso trabajo

FERNANDO ZAPPIA
( DIRECTOR TERAPEUTICO DE CMB ADICCIONES).

LA VISITA A UN CENTRO DE REHABILITACIÓN.Cada visita al centro de rehabilitación es un torbellino de emociones para la fa...
23/09/2026

LA VISITA A UN CENTRO DE REHABILITACIÓN.

Cada visita al centro de rehabilitación es un torbellino de emociones para la familia. Es como entrar a un espacio donde el tiempo se suspende: por un instante, vuelven a tener frente a ellos al hijo, al hermano, al padre… y no solo al “adicto”. En esos minutos de encuentro se mezclan la esperanza y el miedo, la ilusión y la incertidumbre.
La familia llega con anhelos muy profundos: soñar que en esa mirada cansada pero viva todavía hay un brillo de recuperación; imaginar que quizá ese abrazo sea el inicio de una nueva etapa; creer que cada palabra compartida puede ser semilla de cambio.
Las madres desean ver a su hijo limpio, fuerte, con proyectos. Los padres sueñan con escuchar otra vez que su hijo tiene un plan de vida. Los hermanos anhelan compartir risas sin el peso de la desconfianza. Y en el fondo, todos llevan el mismo deseo escondido: “que esta sea la última vez que lo tengamos que visitar aquí”.
Pero también, junto con el sueño, aparece el dolor. Porque saben que la recuperación no depende solo de esa visita, ni de un abrazo, ni de una promesa. La familia oscila entre la alegría de verlo con vida y la angustia de no saber qué pasará después.
Cada visita es una lección: les recuerda que la adicción no es un enemigo externo, sino una batalla interna que su ser querido debe librar. Y les enseña también a ellos que acompañar no es controlar, que amar no es salvar, y que la esperanza necesita ser sostenida con paciencia, constancia y fe en el proceso.
Detrás de cada puerta que se abre en un centro de rehabilitación, hay familias que sueñan con lo mismo: recuperar no solo a la persona que aman, sino también a la paz que la adicción les arrebató.

Dirección

Rocamora 2902
Posadas
3300

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