28/07/2026
💜 La memoria no funciona aislada de lo que sentimos. Nuestro estado emocional impacta directamente en cómo registramos, almacenamos y recuperamos la información. Por eso, cuando atravesamos momentos de estrés, ansiedad, tristeza o sobrecarga, puede costarnos más concentrarnos, recordar lo reciente, organizar ideas o sostener la atención. No siempre se trata de “falta de voluntad”: muchas veces, el cerebro está respondiendo a un estado emocional que lo exige o lo desborda.
Pero las emociones no solo afectan de forma negativa. También las experiencias positivas dejan huella en la memoria. Los momentos de disfrute, interés, calma, entusiasmo o conexión con otros favorecen el aprendizaje, mejoran la disponibilidad mental y ayudan a que ciertos recuerdos se fijen con más fuerza. Un cerebro emocionalmente más regulado suele estar también más disponible para recordar, comprender y procesar mejor lo que vive.
Entender esta relación entre emociones y memoria es clave para dejar de mirar el rendimiento cognitivo como algo puramente mental y empezar a pensarlo de manera integral. En INECO Ramos trabajamos todos los días desde esa mirada: entendiendo que cuidar la salud cognitiva también implica acompañar el bienestar emocional.
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