Centro de día “Lares del Sol”.

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Centro de día “Lares del Sol”. Centro de día para personas con discapacidad.

Esperanza.
09/09/2026

Esperanza.

Los legisladores aprobaron los emplazamientos para que las comisiones avancen durante septiembre con la discusión. La votación alcanzó 249 votos afirmativos y permitió fijar un cronograma para el tratamiento y la firma de los dictámenes.

05/09/2026

La fundacion Lares del Sol busca para su Centro de día Lares del Sol de Ranelagh estudiantes de terapia ocupacional,psicopedagogía,y sicología de ultimo y anteúltimo ańo para puesto de orientadores y auxiliares.
Los puestos a cubrir son:
Tres orientadores.
Dos auxiliares
Lares del Sol es un centro de día para usuarios con discapacidad de 14 ańos en adelante.
Jornada completa( 8-16 hs.)
Estamos próximos a la inauguración.

Los interesados pueden enviar sus datos a [email protected].

Debe incluirse

Currículum vitae
Certificado de alumno regular y constancia de ańo de cursada actual.
DNI
Preferentemente residan en Berazategui.( no excluyente)
Enviar información en PDF( excluyente)


No se aceptaran en esta convocatoria CV de otras carreras u otras profesiones y oficios.Solo está destinado a estudiantes avanzados de TO y carreras vinculadas.

Enviar cv y otros en pdf a Fundación Lares del Sol.Recursos humanos.
Correo: [email protected]

https://photos.app.goo.gl/6bqw52Zx6Srpps8U8

27/08/2026

Crónicas argentinas.

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09/08/2026

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En 1962, sus vecinos se quejaban porque llenaba su jardín de “esos niños”.
En 1968, ya había cambiado el mundo.

10 de julio de 1921, Brookline, Massachusetts.
Eunice Kennedy nació en la familia más famosa de Estados Unidos: la quinta de nueve hijos, hermana de un futuro presidente, criada entre privilegios y expectativas imposibles.

Pero la historia de Eunice no trata de lo que recibió, sino de lo que se negó a aceptar.

Su hermana mayor, Rosemary, era diferente. Aprendía más despacio, hablaba menos. En los años veinte y treinta, a los niños como ella se les escondía, se les enviaba a instituciones o se fingía que no existían.

Los Kennedy intentaron ayudarla con maestros particulares, inclusión familiar y apoyo constante. Pero al llegar a los 23 años, cuando Rosemary empezó a tener períodos de inestabilidad, su padre tomó una decisión devastadora.

En 1941, sin avisar a Eunice ni a su esposa, Joseph Kennedy autorizó una lobotomía experimental. Lo que prometía ser una solución “terapéutica” dejó a Rosemary con una discapacidad severa para el resto de su vida.

Fue enviada a un centro especializado en Wisconsin. La familia casi no la visitaba. Durante décadas, apenas se hablaba de ella.

Eunice, en cambio, se negó a olvidarla.

Estudió trabajo social en Stanford, trabajó en el Departamento de Justicia y crió a cinco hijos junto a su esposo, Sargent Shriver. Y en todos esos años, llevó consigo a Rosemary: su ausencia, su silencio y su injusticia.

Eunice veía cómo la sociedad trataba a las personas con discapacidad intelectual: ocultas, institucionalizadas, privadas de educación, de comunidad y de dignidad.

Decidió hacer algo radical: demostrar que todos estaban equivocados.

Verano de 1962, Maryland.
Eunice abrió el Campamento Shriver en su propio jardín. Invitó a niños con discapacidad intelectual a nadar, a correr, a jugar y a competir.

Los vecinos protestaron:

No querían “a esos niños” en el vecindario.

Temían que bajara el valor de sus casas.

No querían ver la discapacidad.

Eunice no les prestó la menor atención.

Observaba a esos niños correr, saltar, reír y esforzarse con una determinación que nadie hasta entonces había querido reconocer. Ella veía lo que el mundo insistía en ignorar: potencial.

Ese mismo año hizo algo aún más audaz. Escribió un artículo para The Saturday Evening Post, titulado “Hope for Re****ed Children”, en el que reveló públicamente lo que su familia había ocultado durante décadas: la discapacidad de Rosemary y su lobotomía.

La familia Kennedy se enfureció. Nadie hablaba de esas cosas. No en público. No en una de las revistas más leídas del país.

Pero Eunice lo sabía: el verdadero problema no era la discapacidad. Era el silencio. Revelar la historia de su hermana liberó a millones de familias de la vergüenza y del secretismo.

En 1961, su hermano John F. Kennedy asumió la presidencia. Eunice lo presionó para crear un panel presidencial sobre discapacidad intelectual, y en 1963, JFK firmó la primera gran ley federal para apoyar a personas con discapacidad intelectual y a sus familias.

Pero ella quería algo más grande: quería una celebración.

20 de julio de 1968, Soldier Field, Chicago.
Mil atletas con discapacidad intelectual se reunieron para los Primeros Juegos Olímpicos Especiales Internacionales. Compitieron en atletismo, natación y hockey de piso.

Muchos jamás habían sido admitidos en una escuela común, algunos habían vivido toda su vida en instituciones y otros habían escuchado a sus propios padres decir que “nunca lograrían nada”.

Y sin embargo, allí estaban: compitiendo, sonriendo y existiendo a la vista del mundo.

Eunice tomó el micrófono y dijo:

«En la antigua Roma, los gladiadores entraban a la arena diciendo: “Déjame ganar. Pero si no puedo ganar, déjame ser valiente en el intento.” Hoy, ustedes también están en la arena.»

La multitud estalló. Aquellos atletas —rechazados, ignorados, subestimados— eran los gladiadores de Eunice.

Ella soñaba con llegar a un millón de atletas. Se quedó corta: hoy, Special Olympics cuenta con más de 5,5 millones de atletas en 193 países, siendo la organización deportiva más grande del mundo para personas con discapacidad intelectual.

Eunice no fundó solo una competencia: transformó la forma en que el mundo ve la discapacidad. Convirtió la lástima en orgullo, la exclusión en celebración y la vergüenza en dignidad. Demostró que discapacidad no significa incapacidad, que diferente no significa “menos”, y que todos merecen jugar, competir y pertenecer.

Eunice nunca olvidó a Rosemary.

Tras la muerte de su padre, la reintegró a la vida familiar, la visitaba con frecuencia y velaba por su bienestar. En 1995, Rosemary asistió a los Juegos Mundiales de Special Olympics: miles de atletas —viviendo la vida que Rosemary nunca pudo tener— compitieron ante sus ojos.

Eunice Kennedy Shriver murió el 11 de agosto de 2009, a los 88 años, tras recibir la Medalla Presidencial de la Libertad y ser ingresada al Salón Nacional de la Fama de las Mujeres.

Eunice decía:

«El derecho a jugar en cualquier campo: lo han ganado. El derecho a estudiar en cualquier escuela: lo han ganado. El derecho a tener un empleo: lo han ganado. El derecho a ser el vecino de cualquiera: lo han ganado.»

En 1962, sus vecinos la criticaban por llenar su jardín de “esos niños”. Hoy, 5,5 millones de atletas llevan su sueño en cada paso, en cada medalla y en cada esfuerzo.

Eunice no solo inició un movimiento: le enseñó al mundo a mirar de nuevo.

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