03/08/2026
Tu ansiedad no solo se siente en el pecho.
También decide qué y cómo comés.
Lo veo seguido en consultorio: comer así, un día sí y otro también, sin que nadie pregunte cómo dormiste ni cuánto estrés traés encima.
Se lee como carácter. Casi nunca se lee como ansiedad.
Pero no es un problema de carácter. Es una respuesta del cuerpo al estrés sostenido.
Frente al estrés sostenido, el cuerpo libera cortisol — y el cortisol activa antojos específicos de calorías rápidas. No es una elección consciente. Es fisiología.
La ansiedad también acelera la forma de comer: parado, rápido, mirando el teléfono, sin registrar la saciedad. El cuerpo no distingue entre una reunión tensa y un plato de comida.
Y comer así genera culpa. La culpa alimenta más ansiedad. Una dieta restrictiva después, en lugar de resolverlo, suele profundizar el mismo círculo.
Tratar la alimentación sin tratar la ansiedad deja la causa intacta. Cuando se mira el cuadro completo —el estrés, el sueño, los hábitos, la historia— el plan deja de ser una dieta con un ansiolítico al lado.
No sos falta de voluntad. Sos una persona con una historia que merece ser comprendida.
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