08/06/2026
Duelar. Una palabra que a veces intentamos esquivar, pero que es, en esencia, un ejercicio de amor y de verdad.
La posibilidad de despedir, de velar, de mirar de frente la ausencia, no es un capricho. Es un derecho humano. Lo que vimos este fin de semana no fue solo una despedida; fue la validación de un vínculo colectivo. Que la gente haya podido acceder a ver al Indio es recuperar el ritual, el cuerpo presente, el espacio donde la muerte deja de ser una abstracción y se convierte en una experiencia compartida.
Desde mi lugar entiendo la voz como el puente principal de nuestra humanidad. El Indio no solo cantó canciones; puso voz a lo indecible, a la tristeza, a la marginalidad, a lo que nos interpelaba a todos en lo más profundo. Y hoy, esa comunidad que encontró en su voz un refugio, hoy devuelve la ofrenda: le da voz a su propio duelo a través de la presencia, del canto en la calle, del llanto compartido.
¿Por qué es tan importante esto?
Porque los duelos necesitan ser "acuerpados". Necesitamos espacios donde el dolor no se esconda, donde se nos permita romper el silencio. Cuando negamos la muerte o el duelo, estamos negando una parte fundamental de la vida.
Enseñar a nuestros hijos a transitar estas despedidas, permitirnos nosotros mismos el llanto, el ritual, el gesto de ir a decir "adiós", es sanador. El duelo es un proceso que se hace con otros. El Indio nos dio voz durante décadas, y hoy, la comunidad ha ejercido su derecho a darle la última palabra al encuentro.
Permitirse el duelo es permitirnos seguir viviendo con la huella de quien ya no está, pero que nos transformó para siempre🙌.
Elisa