09/02/2026
Decir que “la espiritualidad es un privilegio de clase” puede parecer una crítica progresista,
pero muchas veces parte de una idea profundamente moderna:
que lo espiritual está separado del cuerpo, del trabajo y de la vida material.
La antropología, los feminismos y las cosmovisiones originarias muestran otra cosa:
la espiritualidad no aparece cuando todo está resuelto,
aparece cuando la vida necesita sostén, sentido y comunidad.
El problema no es la espiritualidad.
Es su versión neoliberal, individual y despolitizada.
Pensarla situada en la vida cotidiana no es ingenuidad.
Es una toma de posición.