22/04/2026
El cloro (Cl) suele quedar en segundo plano frente al sodio, pero es un macromineral esencial. Sin un correcto aporte, la digestión se ve afectada y el rendimiento del animal cae.
Cumple funciones centrales en el organismo: participa en la formación del ácido clorhídrico del abomaso, fundamental para digerir proteínas y activar enzimas, regula el equilibrio ácido-base junto al sodio y el potasio, y contribuye a mantener la hidratación celular y la presión osmótica. También interviene en la actividad nerviosa, la contracción muscular y el transporte de CO₂ en sangre.
Su principal fuente es la sal común (NaCl), aunque también puede provenir del agua y, en menor medida, de forrajes y granos. Sin embargo, estos aportes suelen ser variables, por lo que la suplementación estratégica cobra relevancia.
Cuando falta cloro, pueden aparecer signos como menor consumo, caída en la ganancia de peso, debilidad y deshidratación. En sistemas lecheros, también impacta en la producción.
En términos generales, los requerimientos se ubican entre 0,20% y 0,25% de la materia seca, pudiendo incrementarse en sistemas intensivos o bajo condiciones de estrés.
Más allá del aporte, el punto clave es el equilibrio. El cloro debe estar correctamente balanceado con sodio y potasio dentro de la dieta, especialmente en planteos más exigentes.
💡 Tip Rumen: el agua también cuenta. Fuentes muy blandas o de lluvia pueden aportar poco cloro, por lo que es importante considerarlo al momento de ajustar la suplementación.