11/05/2026
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) presenta frecuentemente diversas comorbilidades asociadas, entre ellas alteraciones del sueño, dificultades en la coordinación motora, problemas atencionales, epilepsia, alteraciones gastrointestinales y discapacidad intelectual. Estas condiciones pueden influir significativamente en el desarrollo adaptativo, la autorregulación y la participación funcional del niño en sus diferentes contextos.
Desde una perspectiva neuroevolutiva, la psicomotricidad comprende al cuerpo y al movimiento como organizadores fundamentales del desarrollo infantil. El movimiento no solo cumple una función motora, sino también reguladora, integradora y estructurante del funcionamiento cognitivo, emocional y conductual.
La intervención psicomotriz favorece procesos relacionados con la integración sensorial, la planificación motora, la regulación tónico-emocional, la organización espacial y temporal, la atención y las funciones ejecutivas. A través de experiencias corporales y sensoriomotrices significativas, el sistema nervioso recibe estímulos que promueven una mejor organización y adaptación funcional.
Asimismo, el abordaje corporal permite fortalecer la capacidad del niño para interactuar con el entorno, mejorar sus recursos de regulación y ampliar sus posibilidades de comunicación y aprendizaje. Por ello, el trabajo desde la psicomotricidad constituye una herramienta terapéutica integral que busca impactar de manera global en el desarrollo y la calidad de vida del niño.