12/09/2026
Pensando en aquella versión de Chicken Little de 1943, me quedó dando vueltas una idea.
El zorro no llega al gallinero diciendo que quiere aprovecharse de todos. Primero siembra una duda, después mete miedo y, cuando ya nadie sabe qué creer, se presenta como el único que tiene la solución. Así de sencillo.
Y cuesta no relacionarlo con lo que estamos viviendo en Costa Rica.
Nuestro país tiene problemas serios. Negar la inseguridad, el narcotráfico o el cansancio de la gente sería absurdo. Pero una cosa es reconocer lo que está pasando y otra muy distinta es dejar que el miedo nos quite la capacidad de pensar.
Últimamente cuesta hablar de política sin terminar etiquetados. Si uno cuestiona al Gobierno, enseguida lo ponen en un bando. Si reconoce algo positivo, lo mandan al otro. Entre unos y otros hemos ido convirtiendo cualquier diferencia en una pelea, mientras las redes se llenan de titulares incompletos, videos recortados y audios que nadie sabe de dónde salieron.
Claro que nuestras instituciones necesitan mejorar. El Poder Judicial, la Asamblea, el Gobierno y la prensa deben responder por sus errores. Nadie debería estar por encima de la crítica. Pero tampoco podemos caer en la idea de que todo control es un estorbo, que toda persona que discrepa es enemiga o que solamente alguien con “mano dura” puede salvarnos.
Eso es justamente lo que quería el zorro: un gallinero asustado, dividido y dispuesto a seguirlo sin hacer preguntas.
Tal vez hoy necesitamos hacer algo muy sencillo: respirar antes de compartir, revisar quién está diciendo qué y escuchar a quien piensa diferente sin asumir de una vez que actúa de mala fe.
Costa Rica ha salido adelante muchas veces hablando, negociando y construyendo acuerdos. No deberíamos permitir que el miedo nos haga olvidar quiénes somos.
Porque quizá el cielo no se está cayendo. Quizá algunos solamente quieren que lo creamos.
Dr Mario Alberto Quesada