03/06/2026
Cuando viví mis crisis de pánico, hubo algo que me asustó más que los síntomas.
No era el corazón acelerado.
No era la sensación de ahogo.
Ni siquiera el miedo a que algo malo pasara.
Era sentir que había dejado de ser yo.
Sentir que ya no encontraba la tranquilidad, la energía o la alegría que antes conocía.
Con el tiempo entendí algo que cambió mi forma de ver las crisis:
Muchas veces no llegan para destruirnos.
Llegan cuando llevamos demasiado tiempo intentando sostener lo insostenible.
Controlando todo.
Exigiéndonos demasiado.
Cargando más de lo que podemos.
Y aunque en ese momento no lo vemos, las crisis a veces nos obligan a hacer algo que veníamos evitando:
Escucharnos.
Porque no se puede controlar todo.
Y tampoco es necesario.
Si hoy estás atravesando un momento difícil, quiero que recuerdes esto:
Quizás no estás perdiéndote.
Quizás estás encontrando el camino de regreso hacia ti. 🤍
Te leo en comentarios.