Centro De La Mujer Quellón

Centro De La Mujer Quellón Centro ginecología y Obstetricia
Ecografías Obstetricia y Ginecología
Ecografías 3D-4D, Doppler fetal
Manejo de ITS
Prolapso ginecológico, tratamiento médico.

Colocación y extracción de DIU Manejo y estudio básico de infertilidad. Manejo de ITS
Prolapso ginecológico, tratamiento médico

07/05/2026

El síndrome genitourinario de la menopausia (SGM) engloba cambios anatómicos y funcionales en los tejidos urogenitales, relacionados con el estado hipoestrogénico de la posmenopausia.

Los cambios genitourinarios observables en la exploración pélvica son crónicos y progresivos y pueden asociarse a síntomas genitales, sexuales y urinarios que afectan la calidad de vida y las relaciones íntimas.

La proporción de mujeres que refieren al menos un síntoma (sequedad va**nal, irritación, prurito o dispareunia ) oscila entre el 14 % y el 87 % de las participantes de los distintos estudios incluidos en la revisión.
El síntoma más referido es la sequedad va**nal (47 %-100 %), seguido de la dispareunia (20 %-77,6 %). La disuria y la urgencia son frecuentes, y la prevalencia de incontinencia urinaria es elevada (23 %-50 %).

La dispareunia y el dolor durante las relaciones sexuales son manifestaciones principales del SGM, junto con el retraso o la disminución del orgasmo, la disminución de la excitación y la lubricación y la reducción secundaria del deseo sexual, lo que puede reducir la satisfacción sexual y favorecer hipertonía del suelo pélvico y vaginismo.
El dolor introital y va**nal durante la actividad sexual se relaciona principalmente con cambios estructurales asociados a factores hormonales y al envejecimiento. La hipertonía del suelo pélvico y la hipersensibilidad al dolor también pueden contribuir a la dispareunia.
La reducción de la dispareunia se asocia con una mejoría de la calidad de la vida sexual de las mujeres durante la menopausia.

Tras la menopausia, la disminución de los estrógenos provoca adelgazamiento de los labios y la v***a, menor vascularización, atrofia va**nal y disminución de la secreción va**nal.
La pérdida de elasticidad da lugar a una va**na más corta y estrecha, lo que se asocia a dispareunia. Asimismo, la atrofia de la vejiga y la uretra se relaciona con aumento de la frecuencia urinaria, urgencia e incontinencia.
Los cambios en la flora va**nal, especialmente la disminución de lactobacilos, elevan el pH va**nal y predisponen a inflamación e infecciones recurrentes por bacterias gramnegativas y anaerobios.

Los signos de la exploración física son adelgazamiento y palidez de las mucosas, pérdida de elasticidad, presencia de petequias o sangrado al contacto, estrechamiento del vestíbulo y prominencia del meato uretral. La molestia del vestíbulo v***ar al tacto con torunda de algodón es frecuente en mujeres con dispareunia.

Los tratamientos aprobados para el SGM incluyen productos sin prescripción (lubricantes y humectantes va**nales) y medicamentos con prescripción (tratamiento estrogénico local [TEL], prasterona intrava**nal [dehidroepiandrosterona, DHEA] y ospemifeno oral, (no disponible en Chile).
El objetivo principal es aliviar los síntomas y el malestar asociado; restaurar la anatomía normal es un objetivo secundario que no siempre es posible, especialmente tras largos periodos sin tratamiento y con cambios fibróticos v***ares.
El tratamiento adecuado con dosis bajas de estrógenos locales puede ser menos eficaz en mujeres con SGM grave o en mayores de 60 años, aunque nunca es demasiado tarde para obtener efectos relevantes, especialmente en lo que respecta a los síntomas subjetivos.
Por este motivo, no existen limitaciones formales para el uso de TEL para aliviar los signos y síntomas del SGM en mujeres de edad avanzada.
La primera línea incluye lubricantes no hormonales durante la actividad sexual e hidratantes va**nales de acción prolongada de forma regular (2-3 veces por semana); en casos moderados-graves o refractarios, TEL; y en mujeres con síntomas vasomotores, tratamiento hormonal sistémico, que puede combinarse con TEL.
La fisioterapia del suelo pélvico es una opción conservadora que se ha estudiado cuando existe disfunción del suelo pélvico. Una guía de práctica clínica reciente sugirió que los síntomas urinarios del SGM deben tratarse en primera línea con cambios conductuales y, en segundo lugar, con TEL seguido de fisioterapia del suelo pélvico o tratamientos farmacológicos específicos para la vejiga.

Tratamiento estrogénico local: incluye numerosas formulaciones (comprimidos, anillos, cápsulas, óvulos, cremas, geles) y moléculas (estradiol, estriol, promestrieno, estrógenos equinos conjugados y estrona).
Las dosis bajas o ultrabajas de LET no elevan los niveles de estrógenos circulantes por encima del nivel medio de las mujeres no tratadas, por lo que son las dosis que se utilizan actualmente.
El TEL presenta efecto de clase en términos de eficacia, por lo que la prescripción se basa en las preferencias de la mujer en cuanto a la formulación.
El TEL presenta pocos efectos secundarios (flujo, infección micótica, sangrado, mastalgia) y no requiere la adición de progestágenos para proteger el endometrio.

Prasterona (DHEA) va**nal: Se administra por vía intrava**nal en mujeres posmenopáusicas con dolor sexual moderado-grave y otros síntomas del SGM, pudiendo ser especialmente útil cuando el vestíbulo v***ar está implicado
Ospemifeno oral: (disponible en Europa y EEUU) Es un modulador selectivo del receptor de estrógenos (MSRE) con acción agonista sobre el epitelio va**nal y efecto neutro o antagonista en el tejido mamario.

Síndrome genitourinario de la menopausia y cáncer de mama: El SGM es más grave y frecuente en mujeres con cáncer de mama, afectando hasta al 70 % de las pacientes, incluso en mujeres premenopáusicas, a causa del tratamiento complementario.

Tratamiento con estrógenos y andrógenos : No se recomienda tratamiento hormonal de la menopausia (THM) en mujeres con antecedentes de cáncer de mama.
El TEL no debe utilizarse como primera línea para tratar el SGM en mujeres en tratamiento hormonal. En mujeres en tratamiento con tamoxifeno, podrían usarse en dosis bajas.

Síndrome genitourinario de la menopausia y cánceres ginecológicos : La mayoría de los tratamientos para el cáncer ginecológico se asocian con insuficiencia ovárica prematura. En algunos tipos de cáncer, el THM sistémico puede utilizarse de forma segura para aliviar los síntomas de deficiencia estrogénica; éste es el caso de las supervivientes de cáncer de cuello uterino de tipo escamoso, cáncer de endometrio con buen pronóstico y algunos tipos de cáncer de ovario.

Síndrome genitourinario de la menopausia y otras enfermedades sistémicas : Las pacientes con lupus eritematoso sistémico activo o con factor anticardiolipina/anticoagulante lúpico presentan una contraindicación clara al uso de THM sistémico. En estos casos, basándose en la experiencia clínica (al no haber datos en la literatura científica), los autores proponen que el TEL en dosis bajas puede utilizarse con seguridad para tratar el SGM.
En mujeres con síndrome de Sjögren, los autores indican que el TEL y la prasterona no están contraindicados y pueden aliviar síntomas que no se controlan con lubricantes, humectantes u otras medidas hidratantes.
La sexualidad puede verse alterada en mujeres con enfermedades inflamatorias inmunomediadas. La artritis reumatoide y la espondiloartritis no son una contraindicación para la THM, mientras que la enfermedad inflamatoria intestinal se asocia a mayor riesgo de trombosis, por lo que se prefiere el estradiol transdérmico. En casos de SGM aislado, el TEL no está contraindicado.

Conclusiones : Los tratamientos hormonales va**nales para el SGM presentan pocas contraindicaciones. Su manejo requiere un enfoque individualizado para favorecer la salud genitourinaria, la longevidad y la actividad sexual.

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11/03/2026

Suplementos nutricionales: la distancia entre evidencia y hábito
Dr. Álvaro de la Serna | Publicado 2 feb. 2026

Los suplementos nutricionales coexisten con frecuencia con los tratamientos convencionales, incluso cuando los clínicos optan por ignorarlos. En su mayoría autoprescritos, algunos como la vitamina C, el triptófano o el magnesio están fácilmente disponibles y a menudo se les atribuyen beneficios que no siempre se corresponden con la evidencia científica.
Para los médicos, responder al interés que suscitan en algunos pacientes puede resultar complejo, lo que hace fundamental conocer tanto sus posibles beneficios como sus riesgos, con el objetivo de ofrecer una educación sanitaria eficaz y basada en datos. En este artículo abordaremos tres de los suplementos más consumidos desde una perspectiva deliberadamente práctica. No se trata de juzgar su innegable popularidad, sino de analizar qué indicaciones cuentan con respaldo científico y qué daños reales puede entrañar su consumo.
Vitamina C: ¿un refuerzo inmunitario?
En el imaginario colectivo, a menudo se asocia el consumo de vitamina C con la prevención y tratamiento de infecciones, especialmente virales, así como con la idea mal definida del refuerzo del sistema inmunitario.
En población general, la suplementación regular con vitamina C no ha demostrado reducir la incidencia del resfriado común, aunque sí se ha descrito una disminución modesta de la duración y la gravedad de los síntomas, especialmente en niños y en personas que realizan ejercicio físico intenso1. Este efecto, aunque consistente, es limitado y de dudosa relevancia clínica, por lo que no justifica su uso de forma sistemática.
En cuanto a la prevención cardiovascular, los ensayos clínicos no han demostrado una reducción de eventos ni de la mortalidad en población previamente sana2. Aunque algunos estudios observacionales sí han asociado niveles bajos de vitamina C con perfiles cardiovasculares menos favorables, la evidencia, de nuevo, resulta insuficiente para recomendar su uso con este fin3.
Existen, sin embargo, otros escenarios clínicos en los que la vitamina C ha despertado cierto interés. En pacientes críticos, particularmente aquellos con sepsis grave, algunos estudios han sugerido una posible reducción de la mortalidad con la administración de vitamina C por vía intravenosa. No obstante, la heterogeneidad de los datos impide recomendar su uso rutinario fuera de contextos muy seleccionados4. Asimismo, en pacientes con diabetes, los posibles beneficios sobre el control glucémico son modestos, y se apoyan en evidencia de baja calidad5.
Por otro lado, desde el punto de vista de la seguridad, la vitamina C presenta un perfil generalmente favorable en dosis habituales, si bien dosis elevadas pueden causar efectos gastrointestinales, a menudo leves y transitorios6.
En conjunto, la suplementación con vitamina C no está indicada de forma rutinaria en población sana o con una intención profiláctica, y su uso debería reservarse a situaciones concretas donde pueda demostrarse un déficit vitamínico1,2,6.
La promesa fisiológica del triptófano
El triptófano es un aminoácido esencial y precursor de la serotonina y la melatonina, lo que explica que se le atribuyan a menudo beneficios en la regulación del estado de ánimo, el sueño y ciertos aspectos del comportamiento social.
La evidencia más consistente se concentra en el ámbito del sueño. Revisiones sistemáticas y metanálisis recientes han mostrado que la suplementación con triptófano en dosis de, al menos, 1 g/día, puede reducir el tiempo de vigilia y mejorar de forma global la calidad del sueño7.
En el caso de la depresión, los datos disponibles sugieren un efecto superior al placebo, si bien la calidad de la evidencia es baja y heterogénea, lo que impide hacer recomendaciones consistentes, especialmente en un contexto en el que existen antidepresivos con eficacia y seguridad bien establecidas8. Algunos trabajos, por otro lado, han explorado su posible papel como regulador del comportamiento, consiguiendo beneficios discretos en la modulación de las respuestas antisociales, aunque estos hallazgos parecen tener una relevancia clínica limitada9.
Desde el punto de vista de la seguridad, el triptófano es generalmente bien tolerado en dosis habituales. No obstante, pueden aparecer efectos adversos leves –somnolencia, náuseas o temblor– y existe riesgo de síndrome serotoninérgico cuando se combina con otros fármacos que actúan sobre este neurotransmisor10.
Su uso puede estar justificado, por tanto, en pacientes con trastornos del sueño leves, si bien no existe evidencia que demuestre su superioridad frente a los tratamientos convencionales.
Magnesio: evidencia en escenarios concretos
En los últimos años, ha crecido significativamente la popularidad del magnesio, llevándolo a una posición de suplemento “comodín”. Sin embargo, indicado en determinados escenarios, puede aportar un beneficio clínico demostrado.
En pacientes con hipertensión arterial, especialmente aquellos que asocian hipomagnesemia o alteraciones de la glucemia, los metanálisis de ensayos clínicos han mostrado reducciones ligeras pero consistentes de la presión arterial, tanto sistólica como diastólica, de hasta 4 mmHg11,12. Esto no lo convierte en una alternativa a los antihipertensivos convencionales, pero puede otorgarle un papel como coadyuvante en determinados perfiles seleccionados.

Otra indicación, esta vez con más evidencia favorable, es la migraña, donde se ha observado una reducción de la frecuencia e intensidad de las crisis, de acuerdo con los resultados en metanálisis13. Además, existen datos que sugieren efectos sobre marcadores inflamatorios (como la reducción de la proteína C reactiva) y sobre la vía del óxido nítrico, lo que aportaría cierta plausibilidad biológica a este efecto, aunque con un valor clínico aún por determinar14.
Continúan en estudio otros potenciales beneficios de este suplemento, si bien los resultados aún son inconsistentes para poder realizar recomendaciones. Por otro lado, en términos de seguridad, el magnesio oral suele ser bien tolerado, siendo la diarrea el efecto adverso más frecuente con dosis altas15.
Conclusión
Los suplementos nutricionales evaluados en este artículo pueden tener un papel en indicaciones concretas y bien definidas, y en general presentan un perfil de seguridad favorable. Sin embargo, su uso extendido parece ir por delante de la solidez de la evidencia que lo respalda. Aupados por su aparente inocuidad, con frecuencia se intenta validar científicamente una práctica ya instaurada, en lugar de demostrar de forma rigurosa el beneficio de una intervención antes de recomendarla. En ese sentido, parecería razonable recuperar una premisa básica del método científico: demostrar el efecto primero y, solo después, justificar su uso clínico.

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24/11/2025

El dolor crónico de espalda es la principal causa de discapacidad y puede llegar a afectar hasta al 70% de la población a lo largo de la vida. Sin embargo, la intensidad del dolor no siempre explica las limitaciones que muchas personas acaban desarrollando. Un estudio publicado en European Journal of Physical and Rehabilitation Medicine revela que aspectos psicológicos como preocuparse en exceso por el dolor (catastrofismo) o tener miedo a moverse (kinesiofobia) pueden llegar a explicar hasta el 35% de la discapacidad en personas con dolor lumbar crónico inespecífico.
Este impacto es especialmente relevante en muchas mujeres tras la menopausia, etapa en la que confluyen factores biológicos, sociales y la pérdida de masa muscular asociada a la edad.
La investigación ha analizado a 276 personas (72% mujeres) con dolor lumbar crónico inespecífico, con una duración media del dolor de casi seis años y una intensidad media de 6,7 sobre 10. Todas fueron atendidas en cuatro hospitales universitarios de referencia del Estado: Clínica Universidad de Navarra, Hospital General Universitario de Valencia, Hospital Arnau de Vilanova de Valencia y Hospital Universitario de Bellvitge, en Barcelona. Los resultados refuerzan el modelo biopsicosocial del dolor y subrayan la necesidad de que el tratamiento centre el foco en la educación para la salud y el ejercicio físico, más allá de los procedimientos médicos intervecionistas. El estudio confirma que la intensidad del dolor y la discapacidad presentan solo una correlación moderada. En cambio, las creencias negativas sobre el dolor tienen un peso determinante en la discapacidad.
"Con el mismo dolor, hay personas que pueden continuar con sus actividades y otras que ven su vida muy limitada. Lo que pensamos sobre el dolor puede intensificarlo", explica el Dr. Iago Garreta, coautor del estudio y cirujano de columna del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Universitario de Bellvitge.
Estas creencias pueden modificarse mediante educación sanitaria, ejercicios progresivos y estrategias psicológicas adecuadas. "Moverse no daña la espalda. Una actividad física segura y progresiva es una de las mejores herramientas de tratamiento", añade.
Terapia combinada
La tesis doctoral de Garreta refuerza la importancia de una atención multidisciplinar que combine ejercicio de fuerza, educación en salud, apoyo psicológico y hábitos de vida saludables.
En este contexto, el ensayo clínico piloto En forma, liderado desde Bellvitge, ha demostrado que este tipo de programa es viable en el sistema público y, además, sugiere que puede mejorar la discapacidad y la salud emocional, contribuyendo así a reducir cirugías por dolor de espalda.
"Los datos sugieren que un abordaje integral, con profesionales de cirugía de columna, rehabilitación, fisioterapia y psicología, ofrece mejores resultados a corto y medio plazo. Son resultados alentadores que nos animan a seguir investigando este modelo", señala Garreta.
El tratamiento pasa necesariamente por un cambio positivo de estilo de vida: actividad física regular, una alimentación adecuada y abandonar hábitos nocivos como el tabaco y el alcohol.
"La persona es protagonista de su recuperación. Podemos acompañar y orientar, pero quien más puede hacer para recuperarse es el propio paciente", destaca Garreta. Trabajar la fuerza muscular, especialmente del tronco, es la herramienta que ha demostrado mayor beneficio para estabilizar la columna y reducir el dolor lumbar crónico inespecífico. "El pilates y el entrenamiento de fuerza son efectivos y accesibles para todo el mundo", puntualiza.
os intervencionistas.

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13/08/2025

Alerta sobre los riesgos del consumo irracional y sin control médico de vitamina D

La vitamina D es esencial para la absorción del calcio y por lo tanto para la salud ósea. Numerosas investigaciones han evidenciado no solo la asociación de falta de vitamina D con las patologías óseas sino autoinmunes. Y hasta se le han asociado efectos anticancerígenos en varios tipos de neoplasia, como melanoma, carcinoma colorrectal y cáncer de mama. Debido a los beneficios que tiene en la salud y la insuficiencia de esta vitamina en la población, en los últimos años se ha producido un incremento exponencial en las prescripciones de vitamina D, lo que, entre otras razones, ha dado como resultado un auge en su consumo.
No obstante,se lanzó hace apenas unas semanas un comunicado para advertir sobre los riesgos del uso no racional y sin control médico de la vitamina D. Este aviso se da como respuesta a la reciente alerta producida en Islas Baleares, donde en la primera semana de julio se notificaron hasta 16 hospitalizados por hipervitaminosis D tras consumir un suplemento dietético defectuoso. Los primeros intoxicados empezaron a requerir asistencia médica en los meses de mayo y junio tras desarrollar los síntomas iniciales característicos, principalmente dolor abdominal, náuseas, vómitos, entre otros síntomas, por insuficiencia renal aguda, hipercalcemia y niveles elevados de vitamina D en sangre. Estas intoxicaciones se han dado en personas sanas, que consumían productos multivitamínicos adquiridos por internet, sin control farmacéutico.
Este caso que pone de manifiesto los riesgos del uso sin control sanitario de vitamina D no es una excepción. Si bien la sobreingesta de vitamina D se da en todas las edades, un estudio reciente alertaba sobre el aumento de los casos en la población infantil. Según los autores, si bien la sobreingesta de vitamina D en pediatría es infrecuente, las notificaciones de sobredosis han aumentado en los últimos años.
Con el fin de evitar estas complicaciones médicas, en su comunicado, se recuerda a la ciudadanía y a los profesionales sanitarios la importancia de un uso prudente y basado en la evidencia científica de la vitamina D, tanto en lo relativo a la solicitud de análisis diagnósticos como a la indicación de suplementación. Aunque la vitamina D cumple una función esencial en el metabolismo óseo y en la regulación del calcio, advierte que “su uso debe ajustarse a criterios clínicos bien fundamentados”. Por otro lado, tampoco se recomienda el uso de suplementos sin una indicación médica precisa. “La suplementación innecesaria puede conllevar efectos adversos, especialmente cuando se exceden las dosis recomendadas”.
Publicidad
Según la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos, niveles de 25-hidroxivitamina D (25-OH-D) entre 12 y 20 ng/ml son suficientes para cubrir las necesidades del 97,5 % de la población. Por debajo de estos umbrales, especialmente en personas mayores, institucionalizadas o con osteoporosis, puede estar justificada la suplementación, con dosis que oscilan entre 400 y 2.000 UI/día, dependiendo de la situación clínica. No obstante, destacan desde Sanidad, ésta debe prescribirse siempre bajo supervisión profesional.

Alerta sobre los riesgos del consumo irracional y sin control médico de vitamina D

La vitamina D es esencial para la absorción del calcio y por lo tanto para la salud ósea. Numerosas investigaciones han evidenciado no solo la asociación de falta de vitamina D con las patologías óseas sino autoinmunes. Y hasta se le han asociado efectos anticancerígenos en varios tipos de neoplasia, como melanoma, carcinoma colorrectal y cáncer de mama. Debido a los beneficios que tiene en la salud y la insuficiencia de esta vitamina en la población, en los últimos años se ha producido un incremento exponencial en las prescripciones de vitamina D, lo que, entre otras razones, ha dado como resultado un auge en su consumo.
No obstante,se lanzó hace apenas unas semanas un comunicado para advertir sobre los riesgos del uso no racional y sin control médico de la vitamina D. Este aviso se da como respuesta a la reciente alerta producida en Islas Baleares, donde en la primera semana de julio se notificaron hasta 16 hospitalizados por hipervitaminosis D tras consumir un suplemento dietético defectuoso. Los primeros intoxicados empezaron a requerir asistencia médica en los meses de mayo y junio tras desarrollar los síntomas iniciales característicos, principalmente dolor abdominal, náuseas, vómitos, entre otros síntomas, por insuficiencia renal aguda, hipercalcemia y niveles elevados de vitamina D en sangre. Estas intoxicaciones se han dado en personas sanas, que consumían productos multivitamínicos adquiridos por internet, sin control farmacéutico.
Este caso que pone de manifiesto los riesgos del uso sin control sanitario de vitamina D no es una excepción. Si bien la sobreingesta de vitamina D se da en todas las edades, un estudio reciente alertaba sobre el aumento de los casos en la población infantil. Según los autores, si bien la sobreingesta de vitamina D en pediatría es infrecuente, las notificaciones de sobredosis han aumentado en los últimos años.
Con el fin de evitar estas complicaciones médicas, en su comunicado, se recuerda a la ciudadanía y a los profesionales sanitarios la importancia de un uso prudente y basado en la evidencia científica de la vitamina D, tanto en lo relativo a la solicitud de análisis diagnósticos como a la indicación de suplementación. Aunque la vitamina D cumple una función esencial en el metabolismo óseo y en la regulación del calcio, advierte que “su uso debe ajustarse a criterios clínicos bien fundamentados”. Por otro lado, tampoco se recomienda el uso de suplementos sin una indicación médica precisa. “La suplementación innecesaria puede conllevar efectos adversos, especialmente cuando se exceden las dosis recomendadas”.
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Según la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos, niveles de 25-hidroxivitamina D (25-OH-D) entre 12 y 20 ng/ml son suficientes para cubrir las necesidades del 97,5 % de la población. Por debajo de estos umbrales, especialmente en personas mayores, institucionalizadas o con osteoporosis, puede estar justificada la suplementación, con dosis que oscilan entre 400 y 2.000 UI/día, dependiendo de la situación clínica. No obstante, destacan desde Sanidad, ésta debe prescribirse siempre bajo supervisión profesional.

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09/10/2024

LOS ALIMENTOS ULTRAPROCESADOS
En las últimas décadas, los investigadores han desarrollado un caso convincente contra los alimentos y bebidas ultraprocesados, vinculándolos con varias enfermedades crónicas y condiciones adversas para la salud. Sin embargo, incluso a medida que aumentaba esta evidencia, estos alimentos se han vuelto cada vez más prominentes en las dietas a nivel mundial.
Ahora, estudios recientes están desvelando por qué reducir el consumo de alimentos ultraprocesados puede ser tan difícil. En su capacidad para alimentar antojos intensos, pérdida de control e incluso síntomas de abstinencia, los alimentos ultraprocesados parecen ser tan capaces de desencadenar adicción como los culpables tradicionales como el tabaco y el alcohol.
Esto ha impulsado los esfuerzos para comprender mejor la naturaleza adictiva de estos alimentos e identificar estrategias para combatirla.
El papel clave de la industria alimentaria
Algunos alimentos tienen más probabilidades de desencadenar adicciones que otros. Por ejemplo, en nuestros estudios, los participantes mencionan con frecuencia el chocolate, la pizza, las papas fritas, las papas a la francesa y los refrescos como algunos de los alimentos más adictivos. Lo que todos estos alimentos tienen en común es la capacidad de aportar altas dosis de carbohidratos refinados, grasas o sal en niveles superiores a los que se encuentran en los alimentos naturales (por ejemplo, frutas, verduras, legumbres).

Además, los alimentos ultraprocesados se producen industrialmente en masa mediante un proceso que se basa en el uso intensivo de potenciadores del sabor y aditivos, así como de conservantes y envases que los hacen no perecederos. Esto ha inundado nuestro suministro de alimentos con alimentos baratos, accesibles y muy gratificantes que nuestros cerebros no están bien equipados para resistir.
Para añadir a estos efectos ya sustanciales, la industria alimentaria a menudo emplea estrategias que recuerdan a las grandes tabacaleras. Modifican los alimentos para alcanzar nuestros "puntos de felicidad", maximizando el antojo y fomentando la lealtad a la marca desde una edad temprana. Esta modificación del producto, sumada a un marketing agresivo, hace que estos alimentos sean atractivos y aparentemente omnipresentes.
¿Cuántas personas se ven afectadas?
La adicción a los alimentos ultraprocesados es más común de lo que se piensa. Según la Yale Food Addiction Scale (una escala que utiliza los mismos criterios para diagnosticar trastornos por consumo de sustancias para evaluar la adicción a los alimentos ultraprocesados, UPFA por sus siglas en inglés), aproximadamente 14 % de las personas adultas y 12 % de las infancias muestran signos clínicamente significativos de adicción a dichos alimentos. Esto es bastante similar a las tasas de adicción entre personas adultas a sustancias legales como el alcohol y el tabaco.
Las investigaciones han demostrado que las conductas y los mecanismos cerebrales que contribuyen a los trastornos adictivos, como los antojos y la impulsividad, también se aplican a la adicción a los alimentos ultraprocesados.
Muchas más personas fuera de las que cumplen los criterios de la adicción a los alimentos ultraprocesados se ven influenciadas por sus propiedades adictivas. Imaginemos a un adolescente que desea una bebida azucarada después de la escuela, a un niño que necesita su dosis de cereales por la mañana o a personas adultas que buscan dulces y comida rápida; estos escenarios ilustran cómo los alimentos ultraprocesados adictivos permean nuestra vida diaria.
Desde el punto de vista de la salud pública, esto tiene un costo significativo. Incluso experimentar uno o dos síntomas de adicción a los alimentos ultraprocesados, como antojos intensos o una sensación de pérdida de control sobre la ingesta, puede llevar a consumir demasiadas calorías, azúcar, grasa y sodio de una manera que pone en riesgo la salud.
Implicaciones clínicas
Numerosos estudios han descubierto que las personas que presentan adicción a los alimentos ultraprocesados tienen problemas de salud mental y física más graves. Por ejemplo, la adicción a los alimentos ultraprocesados se asocia con tasas más altas de enfermedades relacionadas con la dieta (como la diabetes tipo 2), mayores problemas de salud mental en general y, en general, peores resultados en los tratamientos para bajar de peso.
A pesar de la creciente comprensión de la relevancia de la adicción a los alimentos ultraprocesados en entornos clínicos, la investigación aún es limitada sobre cómo tratarla, controlarla o prevenirla mejor. La mayor parte del trabajo existente se ha centrado en investigar si la adicción a los alimentos ultraprocesados es realmente una afección real y los esfuerzos para crear guías clínicas recién están comenzando.
Cabe destacar que la adicción a los alimentos ultraprocesados no está oficialmente reconocida como un diagnóstico, todavía. Si lo estuviera, se podría generar mucha más investigación sobre cómo manejarla clínicamente.
Existe cierto debate sobre si realmente necesitamos este nuevo diagnóstico, dado que los trastornos alimentarios ya están reconocidos. Sin embargo, las estadísticas cuentan una historia diferente: alrededor de 14 % de las personas podrían tener adicción a los alimentos ultraprocesados en comparación con aproximadamente 1 % de los trastornos alimentarios de tipo atracón. Esto sugiere que muchas personas con hábitos alimentarios problemáticos actualmente pasan desapercibidas con nuestras categorías de diagnóstico existentes.
Lo que es aún más preocupante es que estas personas a menudo sufren problemas importantes y presentan diferencias cerebrales distintivas, incluso si no encajan perfectamente en un diagnóstico de trastorno alimentario existente. El reconocimiento oficial de la adicción a los alimentos ultraprocesados podría abrir nuevas vías de apoyo y conducir a mejores tratamientos destinados a reducir los patrones de alimentación compulsiva

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