24/08/2026
“Quiero hacerlo… pero no sé cómo.”
Esta frase de Lucifer me parece profundamente humana.
A veces creemos que perdonar a otros es difícil, pero hay un perdón todavía más complejo: el que tenemos que ofrecernos a nosotros mismos.
Porque una cosa es reconocer que nos equivocamos y otra muy distinta es dejar de castigarnos eternamente por haberlo hecho.
El autoperdón no significa decir “no pasó nada”.
No significa justificar nuestras decisiones.
No significa olvidar el daño que pudimos causar.
Significa poder decir:
“Sí, me equivoqué. Asumo mi responsabilidad. Aprendo de lo que hice… pero no voy a convertir mi error en una condena para el resto de mi vida.”
Cuando no aprendemos a perdonarnos, podemos quedar atrapados en la culpa, en el autosabotaje y en la necesidad inconsciente de castigarnos.
Y a veces la autodestrucción no nace de no querernos, sino de creer que no merecemos volver a estar bien.
Quizás por eso algunas personas necesitan tanto tiempo para sanar: no están intentando olvidar lo que pasó… están intentando aprender a mirarse nuevamente con compasión.
Perdonarte también es dejar de hacerte daño por algo que ya no puedes cambiar.
¿Y si hoy no necesitas castigarte más, sino empezar a reparar, aprender y permitirte continuar? 💜
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