07/03/2026
¿Recuerdan a Tahlequah?
Hace unos años el mundo entero se detuvo a ver esta orca..
Su cría había mu**to pocas horas después de nacer. Pero ella no la abandonó.
Durante 17 días recorrió más de 1600 kilómetros en las gélidas aguas del Pacífico empujando el pequeño cuerpo con su frente. Si el cuerpo se hundía, ella se sumergía una y otra vez para rescatarlo, ignorando su propia necesidad de alimentarse o descansar.
Los científicos temían que muriera de agotamiento.
Pero hubo algo más…
No estaba Sola…
Su manada entera redujo el ritmo de nado para acompañarla.
La escoltaron durante el trayecto y compartieron alimento con ella.
Un duelo sostenido por la comunidad.
En la naturaleza, cuando una madre pierde a su cría, el grupo no le exige que siga como si nada hubiera pasado.
En el mundo humano, en cambio, miles de mujeres atraviesan pérdidas gestacionales —muchas veces después de largos procesos como la fertilización in vitro— y el entorno suele responder con frases rápidas:
“tranquila, ya tendrás otro”
“aún eres joven”
“mejor que pasó ahora y no despues”
Como si el duelo tuviera que ser breve.
Como si el dolor de una madre fuera algo incómodo que hay que cerrar rápido.
Pero el duelo no tiene plazos administrativos.
EL dolor No desaparece porque nadie quiera hablar del tema.
A veces pareciera que incluso la naturaleza comprende algo que nosotros olvidamos:
cuando una madre pierde a su hijo, el tiempo se detiene…
y la comunidad debería acompañarla con presencia y respeto.
Respecto a la baja natalidad en chile, deberíamos preguntarnos: ¿qué tan acompañada está hoy la maternidad cuando el dolor aparece?
❤️🩹