28/05/2026
Durante años, el niño y el adulto caminaron separados.
Uno tenía miedo de ser olvidado.
El otro tenía miedo de recordar.
El niño guardaba heridas, silencios y preguntas.
El adulto escondía lágrimas detrás de sonrisas y responsabilidades.
Ambos se buscaban… pero también se evitaban.
Hasta que un día se encontraron frente a frente.
Se miraron con temor, como si estuvieran viendo un espejo del alma.
Y en ese silencio entendieron algo profundo: nunca habían sido enemigos.
El adulto abrazó al niño que alguna vez se sintió solo.
Y el niño tomó la mano del adulto cansado de luchar.
Se perdonaron por el abandono, por el miedo y por el dolor no dicho.
Entonces descubrieron su verdad:
que juntos eran más fuertes.
Que el niño traía la sensibilidad y los sueños,
y el adulto la fuerza y el camino.
Y al caminar unidos, comprendieron que no estaban rotos.
Solo estaban esperando volver a ser uno.
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