13/02/2026
¿𝗣𝗼𝗿 𝗾𝘂é 𝘁𝗮𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿𝗲𝘀 𝗻𝗲𝘂𝗿𝗼𝗱𝗶𝘃𝗲𝗿𝗴𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗰𝘂𝗯𝗿𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗧𝗗𝗔𝗛 𝘆 𝗲𝗹 𝗮𝘂𝘁𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗱𝘂𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗹𝗮 𝗣𝗲𝗿𝗶𝗺𝗲𝗻𝗼𝗽𝗮𝘂𝘀𝗶𝗮?
La perimenopausia desenmascara el TDAH* y el autismo en las mujeres, y muchas quedan mal diagnosticadas y sin apoyo.
𝗟𝗢𝗩𝗘𝗧𝗧𝗘 𝗝𝗔𝗟𝗟𝗢𝗪
𝗖𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗺á𝘀𝗰𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗺𝗽𝗶𝗲𝘇𝗮 𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗾𝘂𝗲𝗯𝗿𝗮𝗷𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗣𝗲𝗿𝗶𝗺𝗲𝗻𝗼𝗽𝗮𝘂𝘀𝗶𝗮
La perimenopausia* no provoca el colapso. Desenmascara los años que invertiste actuando para sobrevivir.
Lo primero que muchas mujeres suelen notar no es un colapso dramático, sino pequeñas grietas. La niebla que se instala en medio de una frase. La forma en que una habitación llena de gente de pronto se vuelve insoportable cuando antes no lo era. Las tareas cotidianas que antes requerían esfuerzo, pero aún así se hacían ahora quedan sin hacer, como si de la noche a la mañana se hubieran vuelto más pesadas. Los nombres de las personas empiezan a confundirse y lo tomas a la ligera, riéndote y atribuyéndolo al estrés, pero en el fondo se siente como un fracaso personal. No existe descanso suficiente, igual despiertas cansada. Los sonidos te irritan más. Los olores te abruman. Las responsabilidades se acumulan y parecen imposibles de cumplir.
Para muchas mujeres neurodivergentes, especialmente aquellas que han vivido décadas sin diagnosticar, la perimenopausia es el momento en que la máscara empieza a caer. Las hormonas que antes amortiguaban nuestro sistema nervioso, comienzan a fluctuar, y las estrategias que nos mantenían funcionando ya no se sostienen más. La niebla mental comienza a cubrirlo todo. Los síntomas de TDAH sobre los que solo habías leído empiezan a resultarte familiares, porque se están intensificando en ti. La regulación emocional se vuelve más difícil de lograr. La sobrecarga sensorial se dispara hasta que incluso el sonido de una tetera hirviendo se vuelve insoportable.
Desde el punto de vista clínico, la perimenopausia se describe a través de síntomas como sofocos, ciclos irregulares, sudores nocturnos, alteraciones del sueño y cambios de ánimo. Pero lo que no se nombra con suficiente frecuencia es cómo estos cambios despojan a las mujeres de las reservas mismas en las que antes se apoyaban para enmascarar su neurodivergencia. El estrógeno que amortiguaba las vías dopaminérgicas disminuye, el sueño se vuelve frágil y el agotamiento constante hace que la actuación sea más difícil de sostener. Lo que parece un colapso repentino suele ser el desenmascaramiento del TDAH o del autismo o del TEPT* complejo y de cualquier otra neurodivergencia que siempre estuvo allí.
Y en vez de reconocerlo, la mayoría de las mujeres se encuentran con la desestimación. Los médicos lo descartan como “solo estrés”. Las clínicas de tratamientos hormonales lo registran como “perimenopausia típica”, si tienes suerte. Las familias lo interpretan como mal humor o agotamiento. La realidad de vivir con neurodivergencia en la mediana edad se vuelve invisible, y las mujeres acaban cuestionándose a sí mismas: ¿Por qué ya no puedo manejar lo que antes podía? ¿Qué me pasa?
La respuesta no es debilidad. No es un colapso producto de la fragilidad. Es lo que ocurre cuando décadas de enmascaramiento se encuentran con la negativa del cuerpo a seguir sosteniendo la actuación.
Esto es lo que yo notaba cuando era más joven, pero no podía nombrarlo. Como cuidadora asumí esa responsabilidad a los dieciséis años, tal como había visto a las mujeres en Gambia apoyarse unas a otras bajo el matriarcado. Solo que yo estaba en Suecia, donde las mujeres no hablaban abiertamente sobre estos cambios. En su lugar, llevaban máscaras. Ahora lo veo, y tengo investigaciones que lo respaldan. Me niego a cargar con ese silencio por nadie. Ayudo a otras personas a orientarse en los sistemas con guías y herramientas. También tuve que anticiparme a mi propio desmoronamiento en 2023, iniciando medicación para el TDAH, y nuevamente a comienzos de 2025 con TRH*.
Hablemos de ello.
¿𝗣𝗼𝗿 𝗾𝘂é 𝗹𝗼𝘀 𝗺é𝗱𝗶𝗰𝗼𝘀 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲𝗻 𝗱𝗶𝗮𝗴𝗻𝗼𝘀𝘁𝗶𝗰𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗿𝗿ó𝗻𝗲𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗱𝗶𝗮𝗻𝗮 𝗲𝗱𝗮𝗱?
El resultado es una generación de mujeres traicionadas por la medicina, tratadas como débiles cuando siempre han cargado demasiado.
Cuando finalmente buscan ayuda, el sistema no está diseñado para verlas con claridad. Una mujer en sus cuarenta o cincuenta entra a una clínica y describe niebla mental, agotamiento, irritabilidad, olvidos. El médico asiente y quizás, si tienes suerte, marca la casilla de “perimenopausia”. Si llora o estalla en ira, la etiqueta cambia a depresión o ansiedad. Rara vez alguien se pregunta si el TDAH o el autismo siempre estuvieron allí, ocultos bajo décadas de sobrecompensación.
Los datos confirman lo que las mujeres han estado diciendo. Las investigaciones muestran que las niñas y mujeres enfrentan un retraso promedio de cuatro años en el diagnóstico del TDAH en comparación con los niños. Muchas son diagnosticadas erróneamente primero con depresión, ansiedad o “trastornos por estrés” antes de que alguien considere la neurodivergencia. Una revisión de 2023 concluyó que los marcos diagnósticos utilizados a nivel mundial fueron construidos en torno a la presentación masculina, dejando fuera de los criterios el enmascaramiento femenino, el malestar internalizado y el trabajo relacional.
La perimenopausia agrava esta invisibilidad. Estudios del King’s College London muestran que las mujeres con TDAH reportan síntomas menopáusicos significativamente más severos —fallas de memoria, pérdida de concentración, tensión psicosocial— que aquellas sin TDAH. Sin embargo, debido a que esos síntomas se superponen con el declive hormonal, los médicos a menudo se detienen en la menopausia y no logran ver el TDAH en absoluto.
Para las mujeres negras, el diagnóstico erróneo es aún más pronunciado. Los sistemas de salud ya leen nuestro dolor y nuestro malestar a través de un filtro racializado, fuertes, dramáticas, inestables, rabiosas. El sesgo estructural significa que nuestros síntomas tienen más probabilidades de ser desestimados o patologizados que correctamente diagnosticados. Cuando la perimenopausia desenmascara nuestra neurodivergencia, el sistema responde con demasiada frecuencia con incredulidad o reproche.
El resultado es una generación de mujeres que llegan a la mediana edad no solo agotadas por el enmascaramiento, sino traicionadas por la medicina. Su colapso es tratado como debilidad cuando es evidencia de lo que siempre estuvo allí.
¿𝗤𝘂é 𝗼𝗰𝘂𝗿𝗿𝗲 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝘀𝗲 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗽𝗲𝗿𝗶𝗺𝗲𝗻𝗼𝗽𝗮𝘂𝘀𝗶𝗮?
El distanciamiento no es rebeldía. Es supervivencia cuando las hijas se rehúsan a cargar máscaras que no les pertenecen.
Durante años vi a mi madre feliz con sus amigas mujeres, viajando juntas, criando a sus hijos lado a lado y sosteniendo comunidades con cuidado. Luego llegó la intrusión de un hombre, porque le dijeron que una mujer sin uno no valía nada. Esa comunidad se fracturó. Su atención también se fracturó, ya que la energía que antes se destinaba a sostenerse mutuamente ahora se desviaba para compensar lo que los hombres demandaban pero no aportaban.
En el caso de mi madre, he escrito en otros ensayos cómo esas responsabilidades fueron luego traspasadas a mí, responsabilidades que nunca me correspondieron. Sin diagnóstico y enmascarando a su manera, se apoyó en mí para lograr estabilidad financiera y emocional cuando su propio andamiaje se derrumbó.
Para cuando nació mi segundo hermano, yo estaba en la universidad y la recuerdo a ella sentada en el sofá, exhausta, con la mirada fija en el horizonte, en un silencio que asustaba a todos. La perimenopausia había llegado, y la comunidad que antes la sostenía se había fragmentado bajo el patriarcado. Las amistades poliamorosas de las que dependía se desintegraron, dejándola cargar con lo que debería haber sido compartido.
Cuando ya casi llegaba a los cuarenta y sentí los primeros cambios de la perimenopausia: niebla mental, agotamiento, cambios de ánimo impredecibles, yo ya estaba al límite. La había sostenido emocional, económica e intelectualmente durante años. Así que cuando enfermé, ella y los hermanos a quienes yo había apoyado desaparecieron ante mi negativa a seguir desempeñando ese rol.
Esto es lo que muchas hijas autistas de madres autistas reconocen: el ciclo de sobrefuncionamiento seguido por la ruptura. Se nos impone el rol de cuidadoras, intérpretes o proveedoras para mujeres que nunca fueron sostenidas en su propia neurodivergencia, la cual se intensificó en la perimenopausia. Cuando su máscara se resquebraja, recae en nosotras repararla. Y cuando la nuestra comienza a resquebrajarse en la perimenopausia o tras el agotamiento número 85, a menudo nos encontramos solas una vez más. Algunas tenemos la suerte de contar con familias elegidas, pero la ausencia de apoyo heredado deja cicatrices.
Las investigaciones muestran que esta no es una historia aislada. Mujeres diagnosticadas tardíamente con TDAH describen décadas de culpa, vergüenza y responsabilización internalizada antes de haber tenido palabras para nombrar lo que cargaban. La carga se acumula a lo largo de generaciones, madres que absorben las demandas del patriarcado, hijas que absorben el colapso de las madres. La máscara no solo se resquebraja; fractura relaciones, dejando distanciamiento donde debería haber intimidad.
La perimenopausia magnifica estas rupturas. Las estrategias que antes mantenían a las familias a flote, hipervigilancia, sacrificio financiero, tragarse la rabia, se vuelven insostenibles. Lo que parece distancia o amargura entre madres e hijas suele ser el borde visible de este colapso. Hijas diciéndoles a sus madres que crezcan y miembros de la comunidad que nunca retribuyen para cultivar la reciprocidad o que permanecen en su propia isla.
Para mí, el distanciamiento no fue rebeldía. Fue supervivencia. La negativa a cargar la máscara de otra mujer mientras la mía iba cayendo. El duelo fue agudo, pero también lo fue la claridad: nadie debería verse obligada a atravesar esta transición sola mientras sostiene la estabilidad de todos los demás.
¿𝗣𝗼𝗿 𝗾𝘂é 𝗲𝗹 𝗽𝗮𝘁𝗿𝗶𝗮𝗿𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲𝗷𝗮 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿𝗲𝘀 𝗲𝗻𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗽𝗲𝗿𝗶𝗺𝗲𝗻𝗼𝗽𝗮𝘂𝘀𝗶𝗮 𝘀𝗼𝗹𝗮𝘀?
Bajo el patriarcado, las mujeres son tratadas como útiles hasta el día en que sus cuerpos flaquean; luego son abandonadas a la soledad.
No termina con las constelaciones familiares. Como sabrá cualquiera que haya leído mi ensayo "Por qué los hombres casados descansan en todos menos en sí mismos para el trabajo emocional", he visto a amigas tambalearse bajo el peso de hogares que nunca fueron diseñados para sostenerlas de vuelta. Criaron hijos, se hicieron cargo de sus maridos, atravesaron tratamientos de fecundación in vitro casi solas, solo con el apoyo de amigas, cuidaron a sus suegros, trabajaron a tiempo completo y absorbieron toda la carga emocional de la familia. Luego llegó la mediana edad, y sus cuerpos dejaron de cooperar con el teatro de la actuación. La niebla mental desdibujó los plazos. La irritabilidad estalló. La concentración ya no se sostenía. En lugar de encontrarse con cuidados, se encontraron con confusión, críticas o silencio.
El patriarcado condiciona a las mujeres a construir el soporte de todos los demás mientras descuidan el propio. La carrera de un marido se prioriza, las necesidades de los hijos se vuelven interminables y la vida interior de la mujer es tratada como algo opcional. Para cuando la perimenopausia retira el amortiguador hormonal, no hay red de apoyo esperando. El colapso que sigue no es debilidad. Es la consecuencia directa de haber sido privadas de apoyo comunitario durante décadas. Y con demasiada frecuencia, las mujeres también se niegan a sí mismas ese apoyo por lo que priorizaron antes: inversión en guiones de supervivencia que la perimenopausia revela más tarde que eran formas de enmascarar la neurodivergencia en todas sus formas. No solo TDAH o autismo, sino también TEPT complejo, trastorno bipolar y otras condiciones durante mucho tiempo mal interpretadas o desestimadas.
Mientras seas permanentemente útil para las personas y comunidades cuyo valor es recíproco, tu cuidado se extiende más allá del trabajo financiero hacia cada rincón de la vida. Pero bajo el patriarcado, donde la extracción de tu cuerpo y de tu utilidad está normalizada, eres tratada como si tuvieras fecha de vencimiento. Por eso la presión, el estrés y el acoso hacia las mujeres en su juventud son tan intensos: producir, cumplir, aislarse de la comunidad. Para cuando la perimenopausia elimina el amortiguador hormonal, no hay red de apoyo esperando a quienes hicieron malas inversiones. En la mayoría de esas personas, lo que observo es solo confusión y ocultamiento en la vergüenza sin motivo alguno, porque la vergüenza es inútil y nunca sirve a ninguna función.
La crueldad es sistémica. El patriarcado entrega a las mujeres la responsabilidad de sostener los hogares y luego las abandona cuando sus cuerpos flaquean. Lo que debería ser una transición colectiva se convierte en un desmoronamiento aislado. Y para demasiadas mujeres, la soledad de ese momento se agria hasta convertirse en amargura, no porque carezcan de fortaleza, sino porque nunca se les permitió necesitar a nadie.
𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱í 𝗮𝗹 𝗮𝘁𝗿𝗮𝘃𝗲𝘀𝗮𝗿 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗲𝗿𝗶𝗺𝗲𝗻𝗼𝗽𝗮𝘂𝘀𝗶𝗮
Cuando aparecieron las primeras grietas, elegí ser sensible conmigo. Me di permiso. Descansé, tomé notas, aprendí a decir “no”.
No tuve miedo de cortar lo que no funcionaba, incluso cuando intentaron convencerme de que era mi obligación. La sangre o el hecho de estar emparentados conmigo eran irrelevantes; lo que importaba era la reciprocidad. La gracia y el amor que me concedo a mí misma son lo que irradia hacia la comunidad.
Para mí, ser metódica siempre ha sido una forma de supervivencia. En 2022 sentí que algo estaba cambiando y comencé a investigar sobre la medicación para el TDAH de la que había prescindido durante toda mi vida. Durante seis meses recopilé datos sobre qué medicamentos habían sido probados en poblaciones diversas y cuáles habían sido los resultados. Tras una reevaluación de TDAH y autismo, empecé a trabajar con mi médico y a ajustar mis medicamentos para ver si me ayudarían a sobrellevarlo.
Al mismo tiempo, informé a mi familia elegida más cercana y a mis familiares que necesitaba apoyo para descansar, porque ya no podía cargar con tanto como solía hacerlo. Luego di un paso atrás para observar quién respetaba ese límite y quién no. Sí, con mi planilla de Excel. Como escribí en un ensayo anterior, no corto relaciones basándome en vibras. Comunico con claridad, observo y luego decido quién da un paso al frente y de quién me alejo.
La primera resistencia y patologización vino de mi madre, por supuesto —porque la proyección es la forma más fácil de castigo. Me preguntó: “¿Por qué ya no puedes hacer lo que hacías antes?”. Olvidó su propio recorrido, y quién había estado allí para cubrir sus deudas y pagar su renta, incluso cuando yo estaba agotada. Olvidó que, mientras yo estaba en el trabajo, ella me robó 30 mil de mis ahorros.
La mayoría de las personas no tienen la suerte de contar con un hijo que enmascare sus carencias. Así que le dije que se preguntara por qué no podía concederse gracia a sí misma, por qué no era amable consigo misma y por qué albergaba una falta de amor propio que nunca podía mostrarme a mí ni a otros. Y por qué eso debía ser un problema que yo resolviera. Después de eso, dejó de preguntar. Mi lengua es tan afilada como mi pluma cuando ya he tenido suficiente. Y la protección de mi niña interior es más feroz de lo que la suya jamás fue.
Esa sensibilidad me llevó a desvincularme de personas que se apoyaban en mí, pero en quienes yo no podía apoyarme. De quienes dependían, pero no eran confiables. De relaciones construidas sobre mi resistencia y no sobre la reciprocidad.
Aprendí que ocuparme de mí con medicación y límites claros no era egoísmo; siempre será supervivencia. Y eso dejó claro quién, en mi vida, podía dar un paso al frente cuando yo daba un paso atrás.
𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗻𝘀𝗲ñ𝗮𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗺𝗮𝘁𝗿𝗶𝗮𝗿𝗰𝗮𝗱𝗼𝘀 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗶𝗿 𝗮𝗽𝗼𝘆𝗼 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗱𝗶𝗮𝗻𝗮 𝗲𝗱𝗮𝗱
Los matriarcados construían sostén mucho antes de la crisis. Ninguna mujer tenía que enfrentar la perimenopausia sola.
En los sistemas en los que fui criada, las mujeres no entraban en la perimenopausia solas. En los hogares matriarcales, la interdependencia se construía mucho antes de la crisis. Las amigas se convertían en co-madres. Las ancianas guiaban las transiciones. Los vínculos se sostenían a través de rituales, narraciones y reparación. Ninguna mujer tenía que fingir que no estaba removida cuando su cuerpo comenzaba a cambiar. El sostén ya estaba en su lugar.
El patriarcado nos despojó de eso. Les dijo a las mujeres que la fortaleza significaba silencio, que la independencia significaba aislamiento y que el amor significaba cargar con todos los demás hasta romperse. El resultado es una generación de mujeres desmoronándose en la mediana edad, a quienes se les dice que es su culpa, cuando el verdadero fracaso es estructural.
Mi consejo para las mujeres más jóvenes es simple: comiencen temprano. Construyan vínculos que no dependan de los hombres. Practiquen la reparación antes de la ruptura. Aprendan a ser suaves entre ustedes antes de que el andamiaje caiga. Si esperan hasta la perimenopausia para necesitar comunidad, puede que sea demasiado tarde para encontrarla.
𝗣𝗮𝘀𝗼𝘀 𝗽𝗿á𝗰𝘁𝗶𝗰𝗼𝘀 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗱𝗶𝗮𝗻𝗮 𝗲𝗱𝗮𝗱
- Construyan amistades que puedan sostenerlas más allá del romance o de las obligaciones familiares.
- Practiquen la reparación ahora, antes de la crisis, para que sus relaciones puedan sostenerlas más adelante.
- Observen dónde están invirtiendo su energía: en la reciprocidad o en la extracción.
- Comiencen a desenmascararse en espacios seguros, para que las grietas no las pillen desprevenidas.
Por eso escribo más allá de mis conferencias, mi investigación, mis sesiones individuales, más allá de mis seminarios web, más allá de las herramientas que diseño. Porque estos patrones no son individuales, son estructurales. Demasiadas mujeres creen que están solas en su colapso, cuando en realidad están viviendo un patrón que se remonta a generaciones. Mi trabajo es nombrarlo, para que nadie tenga que cargar la máscara hasta la mediana edad y confundir el desenmascaramiento con fracaso.
Piensa en aquello en lo que inviertes cuando todavía estás enmascarada y bien. A dónde van tu tiempo, tu cuidado y tus recursos. En quién confías tu energía y a quién sostienes sin que jamás te sostenga a ti. Porque cuando el andamiaje se caiga, necesitarás personas que ya te conozcan más allá del personaje.
Necesitarás una comunidad que haya estado construyendo contigo, no solo tomando de ti.
Merecemos algo más que la supervivencia. Merecemos una comunidad que nos vea mucho antes de que la máscara caiga.
*𝗡𝗼𝘁𝗮𝘀
Perimenopausia: Etapa de transición previa a la menopausia. Puede comenzar varios años antes de la última menstruación (a veces desde los 35–40 años) y termina cuando se cumplen 12 meses consecutivos sin menstruación.
TDAH: Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad/Hiperfuncionalidad
TEPT: Trastorno de Estrés Postraumático
TRH: Terapia de Reemplazo Hormonal