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Cada junio vemos banderas de colores, marchas y conversaciones sobre diversidad sexual y de género.Pero el Mes del Orgul...
10/06/2026

Cada junio vemos banderas de colores, marchas y conversaciones sobre diversidad sexual y de género.

Pero el Mes del Orgullo no nació como una celebración, nació porque durante mucho tiempo muchas personas tuvieron que esconder quiénes eran para sentirse seguras. Porque expresar el amor, la identidad o la forma de habitar el mundo podía significar rechazo, discriminación, violencia o exclusión.

Por eso, para muchas personas, el orgullo no es lo contrario de la vergüenza, es lo contrario del miedo, es poder existir sin tener que esconderse.

Y, aunque hemos avanzado en derechos y visibilidad, los desafíos siguen siendo importantes.

Diversos estudios muestran que las personas LGBTQ+ presentan mayores tasas de ansiedad, depresión, ideación suicida y conductas suicidas que la población general.

Sin embargo, la evidencia es clara: el problema no es la orientación sexual ni la identidad de género. El sufrimiento suele estar relacionado con experiencias de rechazo, discriminación, violencia, bullying, miedo al juicio social o falta de apoyo familiar.

Cuando una persona siente que debe ocultar quién es para ser aceptada, el costo emocional puede ser enorme.

Desde la psicología sabemos que la aceptación, el sentido de pertenencia y la posibilidad de mostrarnos auténticamente son factores fundamentales para la salud mental.

Por eso el Mes del Orgullo no solo habla de diversidad. También habla de bienestar, dignidad, seguridad y derechos humanos. Porque todas las personas merecen vivir en espacios donde puedan ser quienes son, sin miedo.

Te dejamos dos datos relevantes:

📊 Las personas LGBTQ+ tienen entre 2 y 4 veces más probabilidades de presentar intentos suicidas a lo largo de la vida que la población heterosexual y cisgénero.

📊 El apoyo familiar y social es uno de los factores protectores más importantes frente a la depresión, la ansiedad y el riesgo suicida.

El orgullo no se trata de ser mejores que otros. Se trata de que nadie tenga que elegir entre ser amado y ser auténtico.

A veces creemos que nuestros celos, inseguridades o necesidad constante de tranquilidad hablan únicamente de la relación...
08/06/2026

A veces creemos que nuestros celos, inseguridades o necesidad constante de tranquilidad hablan únicamente de la relación que tenemos enfrente, pero no siempre es así.

Muchas veces reaccionamos no solo a lo que está ocurriendo hoy, sino también a lo que hemos vivido antes, una traición pasada, una relación donde no nos sentimos elegidos, una infancia marcada por la incertidumbre.

Experiencias donde aprendimos que el cariño podía desaparecer, que el abandono era posible o que confiar podía ser peligroso.

Y entonces, cuando alguien importante entra en nuestra vida, esas heridas vuelven a aparecer, los celos no siempre hablan de control, a veces hablan de miedo. La desconfianza no siempre habla del otro, veces habla de experiencias que todavía duelen.

El problema es que cuando no reconocemos estas heridas, corremos el riesgo de pedirle a la relación que resuelva algo que en realidad necesita ser trabajado dentro de nosotros (!)

Porque ninguna cantidad de mensajes, explicaciones o demostraciones de amor puede calmar de forma permanente una herida que sigue abierta.

Las relaciones saludables pueden ofrecer seguridad, contención y experiencias reparadoras, pero no pueden hacer por nosotros el trabajo de sanar aquello que nos pertenece.

Quizás una de las preguntas más importantes no es:

“¿Puedo confiar en esta persona?”

Sino también:

“¿Qué experiencias han hecho tan difícil para mí confiar?”

A veces el camino no consiste en vigilar más al otro.

Consiste en comprender mejor nuestra propia historia.

¿Te resuena?

En relación al post anterior, hoy reflexionamos:Si una relación saludable no es aquella que está libre de conflictos, en...
05/06/2026

En relación al post anterior, hoy reflexionamos:

Si una relación saludable no es aquella que está libre de conflictos, entonces surge una pregunta importante:

¿Dónde está el límite?

Porque sí, todas las relaciones atraviesan dificultades. Todas incluyen desacuerdos, momentos de distancia, errores y heridas.

Pero hay una diferencia importante entre los conflictos propios de la convivencia y aquellas dinámicas que deterioran sistemáticamente el bienestar, la dignidad o la seguridad de una persona.

No todo puede resolverse con amor, no todo puede repararse con una conversación, no todo mejora simplemente porque alguien promete cambiar.

Algunas señales que merecen atención son:

🚩 La violencia física, psicológica, sexual o económica.

🚩 El control excesivo o el aislamiento de amigos y familiares.

🚩 Las humillaciones, descalificaciones o burlas frecuentes.

🚩 La manipulación emocional constante.

🚩 Las mentiras reiteradas que destruyen la confianza.

🚩 La incapacidad persistente de asumir responsabilidad por el daño causado.

🚩 La ausencia de disposición real a cambiar conductas que generan sufrimiento.

Una relación saludable no es aquella donde nunca se cometen errores, es aquella donde existe respeto incluso en medio de las diferencias, donde el conflicto no se utiliza para dominar, intimidar o dañar, donde ambos pueden reconocer su impacto en el otro y trabajar activamente para cuidar el vínculo.

Porque amar no significa soportarlo todo.

A veces, la forma más profunda de amor propio consiste en reconocer cuándo un vínculo dejó de ser un lugar seguro para permanecer.

¿Qué opinas? Te leemos 😘

A veces pensamos que una relación saludable es aquella donde no hay peleas, desencuentros ni heridas.Pero ningún vínculo...
03/06/2026

A veces pensamos que una relación saludable es aquella donde no hay peleas, desencuentros ni heridas.

Pero ningún vínculo profundo funciona así. Cuando dos personas comparten la vida, inevitablemente aparecerán diferencias, frustraciones, errores y momentos en que uno lastimará al otro, incluso sin intención.

La pregunta entonces no es si una relación tendrá dificultades, la pregunta es qué ocurre cuando esas dificultades aparecen.

¿Hay espacio para conversar lo que duele?

¿Existe interés genuino en por comprender la experiencia del otro?

¿Se pueden reconocer los propios errores sin quedar atrapados en la culpa o la defensividad?

¿Hay disposición a reparar cuando algo se rompe?

Muchas veces confundimos el amor con la ausencia de conflicto, cuando en realidad una de las señales más importantes de un vínculo saludable es la capacidad de atravesar los conflictos sin dejar de verse como aliados.

No se trata de relaciones perfectas. Se trata de relaciones donde ambas personas siguen eligiendo cuidar el vínculo incluso cuando las cosas se ponen difíciles.

Porque el amor no se mide por los momentos en que todo fluye. Se revela, muchas veces, en cómo nos encontramos después del desencuentro. En la voluntad de volver a acercarnos. En la decisión de seguir construyendo juntos.

Quizás una relación sana no es aquella que nunca se rompe, sino aquella que encuentra formas de repararse una y otra vez.

Pero cuidado: hablar de reparación no significa justificar cualquier cosa.

No todo daño fortalece un vínculo. No toda herida puede repararse de la misma manera. Y no toda relación debe sostenerse a cualquier costo.

¿Dónde está el límite?

En nuestro próximo post te hablaremos sobre aquellas señales que requieren atención, los límites necesarios en una relación y cuándo cuidar de uno mismo implica cuestionar la continuidad del vínculo.

¿Qué piensas?

Te leemos 🫀

Una de las cosas que más angustia genera durante un duelo no es solo la ausencia.Es el miedo a olvidar.Olvidar el tono d...
01/06/2026

Una de las cosas que más angustia genera durante un duelo no es solo la ausencia.

Es el miedo a olvidar.

Olvidar el tono de una voz, la forma de reír, una expresión, un olor, un recuerdo específico. Muchas personas sienten culpa cuando descubren que algunos detalles comienzan a desdibujarse con el tiempo. Como si recordar cada cosa fuera una forma de seguir amando.

Pero la memoria humana no funciona como un archivo, funciona como una historia viva que se transforma con los años. Por eso, olvidar algunos detalles no significa olvidar a quien partió.

El amor no vive únicamente en los recuerdos exactos. También vive en las huellas que esa persona dejó en nosotros.

En las costumbres que heredamos, en las frases que repetimos sin darnos cuenta, en los valores que aprendimos a su lado, en la manera en que miramos el mundo después de haber compartido la vida con ella.

A veces el duelo nos enseña una verdad difícil:

No necesitamos recordar cada detalle para seguir amando.

Hay personas que permanecen en nosotros incluso cuando el tiempo comienza a borrar algunas imágenes.

Porque olvidar una parte de la historia no significa perder el vínculo. Hay amores que la memoria no alcanza a contener por completo.

Cuando pensamos en duelo, solemos asociarlo a la muerte de una persona querida.Pero la realidad es que los seres humanos...
30/05/2026

Cuando pensamos en duelo, solemos asociarlo a la muerte de una persona querida.

Pero la realidad es que los seres humanos también hacemos duelo por relaciones que terminan, proyectos que fracasan, cambios de vida inesperados, sueños que no se cumplirán o versiones de nosotros mismos que tuvimos que dejar atrás.

Porque el duelo no es una reacción exclusiva a la muerte.

Es la respuesta natural del ser humano frente a una pérdida significativa.

Por eso una separación puede doler físicamente.Por eso perder un trabajo puede generar tristeza profunda.Por eso algunas personas sienten que nunca volvieron a ser las mismas después de una enfermedad, una traición o un cambio importante en sus vidas.

La investigación en salud mental ha mostrado que el cerebro procesa distintos tipos de pérdidas utilizando circuitos emocionales similares, especialmente aquellos relacionados con el apego, la seguridad y el vínculo.

En otras palabras: el cerebro no solo registra que algo terminó.

También registra que algo importante para nuestra identidad, nuestra estabilidad o nuestra sensación de pertenencia ya no está.

Quizás por eso algunas pérdidas duelen tanto aunque nadie más las vea.

Porque no todas las ausencias dejan una silla vacía.

Algunas dejan vacíos en los planes, en las certezas, en los recuerdos del futuro que imaginábamos.

Y esos dolores también merecen ser reconocidos.

No todas las pérdidas son visibles.

Pero todas las pérdidas importantes merecen ser lloradas.

El duelo no es solamente tristeza.Es desorientación, cansancio, rabia, culpa, ansiedad, confusión y, muchas veces, una p...
27/05/2026

El duelo no es solamente tristeza.Es desorientación, cansancio, rabia, culpa, ansiedad, confusión y, muchas veces, una profunda sensación de irrealidad.

Hay personas que lloran todos los días. Otras que no pueden llorar nada. Algunas necesitan hablar constantemente de quien perdieron. Otras sobreviven haciendo silencio.

Y ninguna de esas formas vuelve el dolor menos real. El duelo no ocurre solo en la mente. También atraviesa el cuerpo. Diversos estudios han mostrado que una pérdida significativa puede afectar el sueño, el sistema inmune, la memoria, la concentración e incluso aumentar temporalmente el riesgo cardiovascular y los niveles de estrés fisiológico.

Porque perder a alguien significativo no implica únicamente enfrentar su ausencia. Implica también reconstruir la vida alrededor de un vacío que antes no existía.

Además, el cerebro procesa muchas pérdidas como una experiencia de amenaza. Por eso durante el duelo pueden aparecer síntomas físicos y emocionales intensos: sensación de irrealidad, hipervigilancia, agotamiento, falta de apetito, dificultad para funcionar o incluso sentir que “una parte de uno también murió”.

Y aunque socialmente muchas veces se espera que el dolor tenga una duración “razonable”, no existe un tiempo exacto para elaborar una pérdida importante.

El duelo no se trata de olvidar ni de “superar rápido”. Se trata de aprender, lentamente, a seguir viviendo mientras el amor y la ausencia encuentran un nuevo lugar dentro de nosotros.

Hay pérdidas que nunca dejan de doler. Pero sí pueden dejar de doler en soledad 🤍

La negligencia en la infancia no siempre se ve como abandono evidente.A veces toma la forma de descuidos reiterados, aus...
21/05/2026

La negligencia en la infancia no siempre se ve como abandono evidente.

A veces toma la forma de descuidos reiterados, ausencia de supervisión, necesidades emocionales ignoradas o adultos que no logran dimensionar el nivel de cuidado que un niño requiere.

Y aunque muchas veces se minimiza porque “no hubo intención de hacer daño”, la negligencia sigue siendo una forma de vulneración.

Los niños dependen completamente de los adultos para sobrevivir, regularse emocionalmente y mantenerse seguros. Su desarrollo físico, neurológico y psicológico ocurre en función del cuidado que reciben.

Por eso, cuando un niño queda expuesto de manera constante a situaciones de riesgo, desprotección, imprevisibilidad o desatención, las consecuencias pueden ser profundas.

Algunas dejan huellas emocionales invisibles.
Otras, lamentablemente, pueden ser irreparables.

Cuidar a un niño implica mucho más que quererlo.
Implica presencia, supervisión, criterio, responsabilidad y capacidad de anticipar riesgos.

La infancia necesita adultos que transformen el cuidado en refugio.

Que el nombre de Isidora no quede solo asociado al dolor, sino también a la urgencia de mirar la infancia con más responsabilidad, conciencia y protección.

Descubrir una infidelidad puede sentirse como un golpe traumático. Muchas personas describen que, después de enterarse, ...
14/05/2026

Descubrir una infidelidad puede sentirse como un golpe traumático. Muchas personas describen que, después de enterarse, ya no saben qué creer, qué fue real, ni cómo volver a sentirse seguras. No es “solo una pelea de pareja”: para muchas personas, es una experiencia de trauma vincular.

Porque cuando la persona que era tu lugar seguro también se convierte en quien te hiere, algo se quiebra profundamente. El sistema emocional entra en alerta. Aparecen síntomas de ansiedad, pensamientos obsesivos, hipervigilancia, insomnio, necesidad de revisar todo, comparaciones constantes, dificultad para comer, crisis de llanto o incluso sensación de despersonalización. Y sí: todo eso puede pasar después de una infidelidad.

Muchas víctimas además se culpan. Piensan: “¿Qué me faltó?”, “¿Cómo no me di cuenta?”, “¿Por qué sigo queriendo a alguien que me dañó?”. Pero el trauma vincular genera justamente esa contradicción: necesitar cercanía de la misma persona que produjo el dolor.

¿Qué puede ayudar en este proceso?

• No apresurarte a “superarlo”.
• Buscar espacios seguros para hablar sin sentirte juzgada/o.
• No tomar decisiones definitivas en pleno shock emocional.
• Poner límites a la sobreexposición (revisar compulsivamente redes, chats, detalles).
• Dormir, comer y regular el cuerpo, aunque cueste.
• Entender que recuperar la confianza, en la relación o en ti misma/o, toma tiempo.
• Buscar apoyo terapéutico si sientes que el dolor te sobrepasa.

Y algo importante: perdonar no es obligatorio. Quedarse tampoco. Irse inmediatamente tampoco. A veces, antes de decidir qué hacer con la relación, hay que ayudar al sistema nervioso a salir del estado de amenaza.

La infidelidad no define tu valor. Y sobrevivir a algo así no te vuelve débil: te vuelve alguien intentando reconstruirse después de una herida emocional profunda.

🤍 Si estás viviendo algo así, no tienes que atravesarlo sola/o. Pedir ayuda también es una forma de cuidado.

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