26/04/2026
No todos los materiales del traspatio y la cocina compostan igual — y mezclarlos sin orden produce un compost lento, mal oliente o desequilibrado. Cada material tiene un papel específico en el proceso.
La regla fundamental de la compostera es la proporción: dos partes de material seco (carbono) por cada parte de material húmedo (nitrógeno). La mayoría de las composteras domésticas fallan porque tienen demasiado nitrógeno y poco carbono.
Las hojas secas son el material de carbono más fácil de conseguir — no se deben tirar nunca. Añaden estructura, absorben exceso de humedad y evitan malos olores. El cartón sin tintas ni plastificados es carbono puro — romperlo en trozos pequeños acelera la descomposición. El pasto cortado fresco es nitrógeno concentrado — mezclado solo genera calor excesivo y amoniaco. Siempre se mezcla con material seco antes de añadirlo. Los restos de cocina de origen vegetal — cáscaras, posos de café, cáscaras de huevo — son nitrógeno de incorporación lenta, ideales para mantener la actividad microbiana estable. La ceniza de madera en pequeñas cantidades sube el pH y aporta potasio y calcio — nunca más del 5% del volumen total o alcaliniza en exceso. El estiércol ya compostado es el activador más eficiente: añadir una palada cada vez que se incorpora material fresco inocula microorganismos y acelera todo el proceso.
El compost listo huele a tierra de bosque. Si huele a otra cosa, algo está desequilibrado.