"Almacenes Órdenes"
Con tradición de negocio de barrio
"Hace más de 40 años subí esta escalera por primera vez, tratando de comprar esta casa sin ningún peso en el bolsillo", comenta Oscar Órdenes (89) mientras muestra con orgullo lo que hoy se convirtió en el gran sustento económico de toda su familia. El Almacén Órdenes comenzó a funcionar en el año 1973 en la esquina de Bueras con Errázuriz,
sólo unos años después de la llegada de la familia a Valdivia, porque el hijo mayor (Fernando Órdenes) de Oscar Órdenes eligió a la Universidad Austral de Chile como su casa de estudios superiores. Fue así como toda la familia hizo sus maletas y tomó rumbo al sur para acompañar a su primogénito a esta ciudad de la cual quedaron maravillados por su belleza. Ya instalado el jefe de familia, Oscar Órdenes, comenzó a trabajar en la fabricación de zapatos, oficio que realizó durante años en su antiguo hogar en San Bernardo. Su instinto comercial lo llevó a ver en los abarrotes un muy buen mercado. "En San Bernardo también tuve un almacén, entonces conocía el rubro. Una vez que me instalé en Valdivia y comencé a comprar la mercadería para mi casa empecé a ver que los valores de los productos eran muy altos, ahí me di cuenta que estaba perdiendo mi tiempo en fabricar zapatos si me podía ir mejor trabajando como comerciante", señala con la melancolía de recordar sus primeros tiempos en la ciudad. Fue así como comenzó el negocio, con toda la familia trabajando y algunos empleados levantaron un almacén que tenía los mejores precios de Valdivia. La clientela crecía día a día, porque la idea del propietario nunca fue hacerse rico lucrando con sus semejantes, por lo que mantenía un margen razonable de ganancias...pero no fue fácil. La lucha comenzó por la negación de la Municipalidad de Valdivia a otorgarle una nueva patente por tener el negocio en un sector residencial. Como personalmente había revisado los planos cuando consiguió la patente por su fábrica, sabía que el lugar estaba en un sector comercial, lo que lo alertó de inmediato de lo que se venía por delante, pero que no fue un impedimento para que trabajara sin autorización, hecho que le significó muchas sanciones. Pero sus ganas de surgir hicieron que este hombre no flaqueara ante las amenazas de sus opositores y después de muchos años de lucha, consiguió su ansiada patente. Desde entonces el Almacén Órdenes fue la alternativa para los clientes que buscaban la economía de su hogar. Pero no sólo Valdivia conocía su fama, la llegada del tren traía consigo una gran cantidad de personas que prefería el local. La gente de los sectores rurales era la más fiel compradora, venían una o dos veces al mes y aprovechaban el crédito mensual que el negocio ofrecía. Era el mejor momento del almacén, tanto así que compraron un nuevo local en la esquina diagonal al primero. En 1990, Picarte con Barros Arana se convirtió en su segunda casa, la que significó la generación de nuevos puestos de trabajo. El cierre de la Estación de Trenes se llevó la clientela y hubo una baja en las ventas, lo que se ha mantenido oscilando de manera leve hasta hoy. A pesar del descenso el negocio sigue adelante manteniendo su fiel clientela que lo acompaña desde sus inicios. COMPETENCIA
Actualmente el negocio mantiene sus tradiciones y sigue siendo la familia su principal motor, con Oscar Órdenes a la cabeza, hoy explotan distintos rubros comerciales que distribuyen en sus dos locales. No sólo los abarrotes surten el negocio, artículos de ferretería, suelería, confitería y menaje son los que marcan la diferencia con sus pares. Es esta diferencia la que ellos mismos reconocen los ha llevado a sobrevivir a los grandes supermercados y sus tarjetas de crédito. "El negocio ha perdurado porque nos hemos formado una clientela, además hemos buscado alternativas de ventas para crear nuevos clientes que encuentran aquí cosas que no hay en otras partes, tenemos un amplio stock que nos permite tener varios negocios en uno", comenta Manuel, el segundo hermano de la familia. Ellos reconocen lo difícil que es competir con las grandes cadenas, la única manera sería tener precios menores a los de ellos, pero por la cantidad de productos que el almacén comercializa en comparación con los grandes supermercados es imposible. Sin embargo, su manera de atraer a los clientes es con su atención y con productos novedosos que no se encuentran en otras partes, además de mantener precios razonables. "Lo que les gusta a los clientes son la dedicación y el respeto con que se los atiende, han adquirido una confianza con quienes trabajan aquí y siguen sus consejos con respecto a los productos", agrega Fernando Órdenes (61), el hijo mayor de la familia. "La clave de nuestro local es la atención personalizada que nos permite saber lo que el cliente necesita o quiere, así nos preocupamos de seguir satisfaciendo sus necesidades. Esa es una de las ventajas de las microempresas que tiene una retroalimentación, la comunicación con el cliente marca la diferencia con los grandes supermercados, además los clientes nos dan datos de los precios, promociones y nuevos productos
e la competencia", comenta Samuel Órdenes (55) mientras trabaja como cualquiera de los empleados. Estas fórmulas para la buena atención son lo primero que aprenden los empleados de la tienda al comenzar a trabajar en ella, actualmente sus diez trabajadores consideran estas características como su mejor virtud y como la manera de no dejar ir a los clientes. TRABAJO FAMILIAR
Nacer en la familia Órdenes significa a cada uno de sus integrantes compartir trabajo y sacrificio. Cada uno de ellos ha pasado por el almacén cooperando con la labor que les toque ejercer. Todos los hijos estudiaron alguna carrera o parte de ella pero distintas circunstancias los llevaron a seguir el camino de su padre. De los seis hijos, cuatro trabajan actualmente en el local, además de algunos nietos, que cooperan con lo que puede ser, en el futuro, el sustento de sus propias familias. Trabajar en familia les da una mayor tranquilidad y seguridad porque no mantienen la presión constante que significa el miedo a ser despedidos. Además tienen la posibilidad de participar en las decisiones de la empresa, así se convierten en los voceros de las necesidades de los clientes y de las propias. Cada integrante de la familia que trabaja en el almacén realiza las labores como cualquier trabajador. "Comencé a trabajar con mi papá en la fábrica de calzado. Cuando cambiamos de rubro seguí ayudándolo en el nuevo almacén y en un principio tuve que hacerme cargo de la apertura del segundo local. Viendo que el negocio tenía proyecciones, nos ligamos a él y decidimos trabajar para que siguiera creciendo", cuenta Manuel Órdenes (59), entre los recuerdos de su infancia y juventud. Igual que sus hermanos Samuel Órdenes se decidió a trabajar con su familia. "Estudié un año Pedagogía en Música, pero en ese tiempo las pedagogías eran mal pagadas y como el negocio estaba bien, decidí trabajar acá donde tendría un puesto seguro y un sueldo mejor que como profesor"
Estos pequeños detalles pueden marcar una gran diferencia en una carrera de bienestar. En este lugar esos gestos se ven a diario y son un gran incentivo para todos quienes de una u otra manera están involucrados en él. FIEL CLIENTELA
El Almacén Órdenes es un lugar lleno de tradiciones, las que comparte con su casi eterna clientela y atrae a las nuevas como un desafío. Según el jefe de la familia, son felices, tienen la tranquilidad que no todos exhiben en estos tiempos , que les permite proyectarse y confiar en que ninguno de ellos dejara de luchar por sacar adelante el negocio. Saludos, Atte: David Órdenes Hernández (Nieto de Oscar Órdenes)