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6 dermatitis más comúnes de la piel.Sigue al Dermatólogo William Guerrero
09/10/2026

6 dermatitis más comúnes de la piel.
Sigue al Dermatólogo William Guerrero

No toda piel roja, descamada y que pica significa lo mismo. Aunque muchas personas utilizan la palabra “dermatitis” para cualquier irritación, en realidad existen varios tipos y cada uno tiene causas, localizaciones y tratamientos diferentes.

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica relacionada con alteración de la barrera cutánea y una respuesta inmunológica exagerada. Produce resequedad intensa, picazón y brotes de eccema. En adultos suele afectar pliegues como codos y rodillas, cuello, manos y cara. Muchas personas con dermatitis atópica también tienen antecedentes personales o familiares de asma o rinitis alérgica.

La dermatitis de contacto irritativa ocurre cuando una sustancia lesiona directamente la barrera de la piel. Detergentes, productos de limpieza, alcohol, solventes, lavado excesivo de manos e incluso el contacto repetido con agua pueden producirla. No necesita que exista una verdadera alergia: cualquier persona puede desarrollarla si la exposición es suficientemente intensa o repetida.

En cambio, la dermatitis de contacto alérgica sí implica una reacción del sistema inmunológico frente a una sustancia específica a la que la persona se ha sensibilizado. Níquel, fragancias, conservantes, tintes para el cabello, adhesivos y algunos componentes de cosméticos son desencadenantes frecuentes. Puede provocar enrojecimiento intenso, vesículas, descamación y mucha picazón. Cuando existen dudas sobre el agente responsable, pueden realizarse pruebas epicutáneas o patch tests.

La dermatitis seborreica aparece principalmente en zonas ricas en glándulas sebáceas, como cuero cabelludo, cejas, entrecejo, lados de la nariz, detrás de las orejas y pecho. Suele producir enrojecimiento acompañado de escamas blanquecinas o amarillentas y está relacionada, entre otros factores, con la respuesta de la piel frente a levaduras del género Malassezia.

La dermatitis numular forma placas redondeadas u ovaladas que recuerdan a una moneda. Puede ser muy pruriginosa y aparecer sobre todo en brazos y piernas. A veces se confunde con hongos porque su forma puede ser circular, por lo que no conviene aplicar antifúngicos automáticamente sin confirmar el diagnóstico.

Finalmente está la dermatitis por estasis, relacionada con insuficiencia venosa crónica. Aparece principalmente en las piernas, especialmente cerca de los tobillos, y puede acompañarse de hinchazón, coloración marrón, descamación, picazón y endurecimiento progresivo de la piel. Aquí tratar únicamente la inflamación cutánea no es suficiente: también debemos abordar el problema circulatorio que está detrás.

Todas estas enfermedades pueden compartir síntomas como enrojecimiento, descamación y picazón, pero sus mecanismos son diferentes. Por eso utilizar la misma crema para “cualquier dermatitis” puede no funcionar e incluso empeorar algunos cuadros.

También es importante recordar que infecciones por hongos, psoriasis, escabiosis y otras enfermedades pueden parecerse mucho a un eccema. La distribución de las lesiones, su evolución, los desencadenantes y el examen dermatológico son fundamentales para diferenciarlas.

La palabra dermatitis describe inflamación de la piel; encontrar por qué esa piel está inflamada es lo que realmente determina el tratamiento.

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Aviso: La información proporcionada tiene carácter informativo y educativo. No sustituye la atención médica presencial ni una evaluación individual. Para cualquier duda o situación relacionada con tu salud, consulta con un profesional autorizado.

Gran aporte educativo de La ciencia médicaTe invitamos a seguirlos
08/10/2026

Gran aporte educativo de La ciencia médica
Te invitamos a seguirlos

Hay un nervio que podría llegar a la laringe por un camino relativamente corto, pero en lugar de hacerlo baja primero hacia el tórax, rodea grandes vasos y después regresa hacia el cuello. Ese recorrido aparentemente extraño tiene una explicación anatómica y embriológica fascinante.

Se trata del nervio laríngeo recurrente, una rama del nervio vago. Su nombre viene precisamente de ese trayecto “de ida y vuelta”: desciende antes de ascender nuevamente hacia la laringe.

Y aquí aparece una diferencia importante entre ambos lados.

El nervio laríngeo recurrente derecho rodea la arteria subclavia derecha antes de dirigirse hacia arriba. El izquierdo desciende mucho más dentro del tórax y pasa por debajo del arco de la aorta, cerca del ligamento arterioso, antes de iniciar su regreso hacia el cuello.

Después, ambos ascienden generalmente por una región situada entre la tráquea y el esófago hasta alcanzar la laringe.

¿Por qué existe una ruta tan desigual? Durante el desarrollo embrionario, el corazón y los grandes vasos cambian de posición mientras el cuello se alarga. Los nervios quedan “enganchados” alrededor de estructuras vasculares diferentes, y ese patrón persiste en el adulto. Por eso el nervio izquierdo termina recorriendo una distancia considerablemente mayor.

Su función es esencial para la voz. El laríngeo recurrente controla prácticamente todos los músculos intrínsecos de la laringe, excepto el cricotiroideo. Gracias a ellos, las cuerdas vocales pueden abrirse, cerrarse y cambiar de posición con enorme precisión.

Esto no solo permite hablar. La apertura adecuada de las cuerdas vocales es importante para el paso del aire, mientras que su cierre participa en la protección de la vía respiratoria durante la deglución. El nervio también aporta sensibilidad a la región de la laringe situada por debajo de las cuerdas vocales.

Su trayecto explica además por qué los médicos le prestan tanta atención. Al pasar cerca de la glándula tiroides, la tráquea, el esófago y grandes estructuras del tórax, puede verse afectado por alteraciones en distintas zonas.

Cuando uno de estos nervios pierde función, puede aparecer ronquera o una voz más débil. Si ambos lados están comprometidos, además puede alterarse significativamente la apertura de la vía respiratoria.

Así, detrás de cada palabra que pronunciamos existe un nervio que realiza un recorrido sorprendentemente largo antes de llegar a la laringe, convirtiéndose en uno de los mejores ejemplos de cómo la anatomía adulta conserva la historia de nuestro desarrollo embrionario.

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Nota aclaratoria: Este contenido es informativo y académico. No reemplaza la valoración clínica directa ni pretende ser una guía de autodiagnóstico. Ante cualquier signo o síntoma, busca atención médica calificada.

Cuasas de ronchas en la piel que pican.Sigue al Dermatólogo William Guerrero
08/10/2026

Cuasas de ronchas en la piel que pican.
Sigue al Dermatólogo William Guerrero

Hay personas que no desarrollan ronchas “porque sí”: su piel puede reaccionar al frío, al calor, al ejercicio, al agua, a la presión e incluso al simple roce. A este grupo de enfermedades las conocemos como urticarias crónicas inducibles.

A diferencia de la urticaria espontánea, en la que las lesiones aparecen sin un desencadenante externo claramente identificable, en las urticarias inducibles existe un estímulo reproducible capaz de provocar habones, picazón y, en algunos casos, angioedema.

Uno de los tipos más frecuentes es el dermografismo sintomático. Basta con rascar, frotar o ejercer presión sobre la piel para que, pocos minutos después, aparezcan líneas elevadas y rojizas exactamente siguiendo el recorrido del estímulo. De allí viene su nombre: parece que pudiéramos “escribir” sobre la piel.

La urticaria por frío ocurre después de exponerse al aire frío, agua fría u objetos a baja temperatura. Puede producir ronchas localizadas, pero en algunas personas una exposición intensa, como sumergirse en agua fría, puede desencadenar una reacción generalizada e incluso anafilaxia. Por eso no debe considerarse simplemente una “alergia al frío” sin importancia.

En el extremo opuesto encontramos la urticaria por calor, en la que el contacto directo de una zona de piel con una fuente caliente desencadena los habones. Es diferente de la urticaria colinérgica, que aparece cuando aumenta la temperatura corporal interna, por ejemplo durante ejercicio, baños calientes, fiebre, estrés emocional o sudoración. En esta última suelen aparecer numerosas ronchas muy pequeñas acompañadas de intensa picazón o sensación de ardor.

También existe la urticaria solar. En estos pacientes, determinadas longitudes de onda de la luz pueden desencadenar ronchas pocos minutos después de la exposición. No es una simple quemadura solar: se trata de una reacción urticarial provocada por la luz.

La urticaria acuagénica es muchísimo más rara. El contacto con el agua, independientemente de que esté fría o caliente, puede provocar pequeñas lesiones urticariales. Aquí lo importante es diferenciarla de otras condiciones relacionadas con el agua, porque “picar después del baño” no significa automáticamente tener urticaria acuagénica.

Otro cuadro interesante es la urticaria por presión tardía. Después de una presión sostenida, por ejemplo cargar una mochila, caminar durante mucho tiempo, permanecer sentado o utilizar ropa muy ajustada, pueden aparecer varias horas después áreas profundas de hinchazón y dolor. A veces duran mucho más que los habones típicos.

Y existe incluso el angioedema vibratorio, una condición poco frecuente en la que determinados estímulos vibratorios pueden provocar hinchazón localizada.

Aunque los desencadenantes sean diferentes, el mecanismo final comparte un protagonista fundamental: el mastocito. Cuando estas células se activan liberan histamina y otros mediadores inflamatorios, aumentando la permeabilidad de los vasos sanguíneos y produciendo las clásicas ronchas elevadas, rojizas y pruriginosas.

El diagnóstico no se realiza únicamente observando una roncha. La historia clínica es fundamental y, cuando está indicado, podemos realizar pruebas de provocación específicas: frío, calor, presión, dermografismo, ejercicio o exposición controlada a determinados estímulos.

El tratamiento suele comenzar con antihistamínicos de segunda generación y, dependiendo de la respuesta, existen estrategias escalonadas. Pero identificar el desencadenante también permite enseñar al paciente cómo reducir exposiciones de riesgo sin convertir su vida en una lista interminable de prohibiciones.

Y recuerda algo importante: si una urticaria se acompaña de dificultad para respirar, sensación de cierre en la garganta, mareo, desmayo, vómitos intensos o hinchazón importante de lengua y labios, estamos frente a una posible reacción sistémica que requiere atención urgente.

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Aviso: La información proporcionada tiene carácter informativo y educativo. No sustituye la atención médica presencial ni una evaluación individual. Para cualquier duda o situación relacionada con tu salud, consulta con un profesional autorizado.

Tus riñones filtran mucho más líquido del que eliminas al o***ar. La mayor parte se recupera y vuelve a la circulación, ...
02/10/2026

Tus riñones filtran mucho más líquido del que eliminas al o***ar. La mayor parte se recupera y vuelve a la circulación, junto con sustancias que el cuerpo necesita conservar. Esa selección ocurre continuamente dentro de estos dos órganos.

Situados hacia la parte posterior del abdomen, a ambos lados de la columna vertebral, los riñones reciben sangre a través de las arterias renales, que nacen de la aorta abdominal. Después de atravesar su circulación interna, la sangre sale por las venas renales hacia la vena cava inferior. Ambos grandes vasos se distinguen en el centro de esta preparación anatómica.

El corte de cada riñón permite reconocer una zona periférica, llamada corteza, y una región interna, la médula. En esta última destacan las pirámides renales, estructuras triangulares cuyas puntas se orientan hacia las cavidades que recogen la o***a.

Dentro del tejido renal se encuentran las nefronas, sus unidades funcionales microscópicas. Cada una comienza con un glomérulo, un pequeño conjunto de capilares donde se filtran agua y moléculas pequeñas de la sangre. En condiciones normales, las células sanguíneas y la mayor parte de las proteínas permanecen en la circulación.

El líquido filtrado recorre después una serie de túbulos. Durante ese trayecto se recuperan agua, glucosa y cantidades variables de sales, mientras otras sustancias pasan desde la sangre hacia el interior tubular para su eliminación. Estos intercambios permiten ajustar la composición final de la o***a según las necesidades del organismo.

Los conductos colectores llevan la o***a hacia las papilas, ubicadas en las puntas de las pirámides renales. Desde allí pasa a los cálices, pequeñas cavidades que confluyen hacia la pelvis renal. Esta continúa con el uréter, el conducto que desciende desde cada riñón hasta la vejiga.

El avance por los uréteres se produce mediante contracciones de sus paredes musculares. Así, la o***a llega a la vejiga, donde se almacena hasta el momento de la micción.

Los riñones también regulan el equilibrio de agua y sales, ayudan a mantener la acidez de la sangre y participan en el control de la presión arterial. Además, producen eritropoyetina, que estimula la formación de glóbulos rojos, y activan la vitamina D, necesaria para el equilibrio del calcio y la salud ósea.

Recordatorio esencial: La información presentada tiene carácter académico y educativo. No constituye consulta médica, ni debe ser utilizada para autotratarse. Si tienes molestias o preocupaciones, consulta a tu médico de confianza.

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Recordatorio esencial: La información presentada tiene carácter académico y educativo. No constituye consulta médica, ni debe ser utilizada para autotratarse. Si tienes molestias o preocupaciones, consulta a tu médico de confianza.

Mucho cuidado con el reflujo.Aporte del Dr. William Guerrero
02/10/2026

Mucho cuidado con el reflujo.
Aporte del Dr. William Guerrero

Como médico quiero advertirte muy seriamente algo: vivir con reflujo durante años no debería considerarse normal, porque el problema no es solamente sentir ardor, es lo que puede estar ocurriendo silenciosamente en la pared del esófago.

El estómago está preparado para convivir con un ambiente extremadamente ácido. El esófago, en cambio, no. Entre ambos existe el esfínter esofágico inferior, una especie de válvula muscular que normalmente dificulta que el contenido gástrico regrese hacia arriba. Cuando este mecanismo falla repetidamente, el ácido y otros componentes del contenido gástrico entran en contacto con una mucosa que no está diseñada para soportarlos.

Así aparece la enfermedad por reflujo gastroesofágico.

Al principio puede manifestarse simplemente como ardor detrás del pecho, regurgitación o sabor ácido en la boca. Sin embargo, algunas personas también desarrollan tos nocturna, carraspeo frecuente, ronquera, sensación de líquido que sube hacia la garganta o molestias después de acostarse.

El verdadero problema comienza cuando esa exposición se vuelve repetitiva.
La inflamación mantenida puede provocar esofagitis, erosiones, ulceraciones y, en determinados pacientes, estrechamientos que dificultan progresivamente el paso de los alimentos. Por eso, cuando una persona comienza a sentir que la comida “se queda pegada”, ya no estamos hablando de una molestia que deba ignorarse.

Existe además una complicación especialmente importante: el esófago de Barrett.

En algunas personas con reflujo crónico, las células que recubren la parte inferior del esófago cambian como mecanismo de adaptación frente a la agresión repetida. Esta transformación no significa que la persona tenga un tumor maligno, pero sí identifica un tejido con mayor riesgo de desarrollar adenocarcinoma de esófago en comparación con la población general.

Y aquí es fundamental aclarar algo: tener reflujo no significa que necesariamente desarrollarás Barrett ni mucho menos un tumor maligno. La mayoría de las personas con reflujo nunca llegan a ese punto. El problema es normalizar síntomas persistentes durante años sin investigar cuándo realmente existe enfermedad.

Algunos factores que favorecen el reflujo incluyen obesidad abdominal, hernia hiatal, tabaquismo, determinadas comidas en algunas personas, consumo de alcohol, comidas abundantes y acostarse poco después de comer. El embarazo y ciertos medicamentos también pueden favorecerlo.

Consulta especialmente si aparecen señales como:

• Dificultad o dolor al tragar.
• Pérdida de peso sin explicación.
• Vómitos persistentes.
• Anemia o sangrado digestivo.
• Síntomas que comienzan o cambian de manera importante después de los 50 años.
• Reflujo frecuente que no mejora adecuadamente con las medidas indicadas.

El tratamiento no consiste únicamente en “aguantar menos la acidez”. Dependiendo del caso, puede incluir pérdida de peso, modificación de horarios y hábitos de alimentación, tratamiento farmacológico correctamente indicado y, cuando existen factores de riesgo o síntomas de alarma, una endoscopia digestiva alta.

El mensaje es sencillo: tener reflujo ocasional puede ocurrir; vivir con reflujo frecuente durante años y acostumbrarse a él no debería ser la norma. Cuidar el esófago hoy puede evitar problemas mucho más difíciles de tratar mañana.

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Aviso importante: La información compartida tiene únicamente fines educativos y de divulgación médica. No sustituye la consulta presencial ni debe usarse como diagnóstico. Si presentas síntomas o dudas sobre tu salud, acude siempre a un profesional médico.

Para que el oxígeno de una respiración llegue hasta el cerebro o los músculos, necesita viajar por la sangre. Los glóbul...
02/10/2026

Para que el oxígeno de una respiración llegue hasta el cerebro o los músculos, necesita viajar por la sangre. Los glóbulos rojos son sus principales transportadores, y esa forma de disco hundido en el centro tiene mucho que ver con su trabajo.

Esta ilustración representa el interior de un vaso sanguíneo por el que circulan numerosos eritrocitos, otro nombre de los glóbulos rojos. Su forma bicóncava significa que ambas caras presentan una depresión central. Esta estructura ofrece una gran superficie en relación con su volumen y facilita el intercambio de gases.

En su interior contienen hemoglobina, una proteína con hierro capaz de unirse al oxígeno de manera reversible. En los pulmones lo capta y, cuando la sangre alcanza los tejidos, libera parte de él para que las células puedan utilizarlo en la producción de energía. La hemoglobina también es responsable del color rojo de la sangre.

El corazón impulsa estos transportadores por la circulación. Al llegar a los capilares, los vasos más pequeños, el oxígeno pasa desde la sangre hacia los tejidos. Los eritrocitos tienen una membrana flexible que les permite deformarse para atravesar conductos muy estrechos y recuperar después su forma.

Una particularidad de los glóbulos rojos humanos es que, al madurar, pierden el núcleo y las mitocondrias. Esto deja más espacio para la hemoglobina. Además, obtienen su energía mediante la glucólisis, un proceso que les permite funcionar sin consumir el oxígeno que transportan para producirla.

También participan en el retorno del dióxido de carbono hacia los pulmones. Una parte viaja unida a la hemoglobina, mientras que una proporción mayor se transforma en bicarbonato mediante reacciones que ocurren principalmente dentro de los eritrocitos.

Su producción ocurre en la médula ósea. Los riñones ayudan a regularla mediante la eritropoyetina, una hormona cuya liberación aumenta cuando detectan una menor disponibilidad de oxígeno.

Cada glóbulo rojo circula durante aproximadamente 120 días. Con el envejecimiento pierde flexibilidad y es retirado principalmente por células del bazo y del hígado. Algunos de sus componentes, como el hierro, se recuperan y pueden utilizarse para formar nuevos eritrocitos.

Recordatorio esencial: La información presentada tiene carácter académico y educativo. No constituye consulta médica, ni debe ser utilizada para autotratarse. Si tienes molestias o preocupaciones, consulta a tu médico de confianza.

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Cada vez que bajas un escalón, tu rodilla debe doblarse mientras soporta parte de tu peso, y tus músculos tienen que con...
01/10/2026

Cada vez que bajas un escalón, tu rodilla debe doblarse mientras soporta parte de tu peso, y tus músculos tienen que controlar el descenso para que no caigas de golpe. Esa combinación de movilidad y estabilidad depende de varias estructuras trabajando juntas.

El fémur y la tibia forman la principal articulación de la rodilla. Sus extremos están recubiertos de cartílago, una superficie lisa que facilita el deslizamiento y ayuda a distribuir las cargas. Entre ambos se encuentran los meniscos, dos estructuras de fibrocartílago que mejoran el contacto entre los huesos.

Por delante está la rótula, integrada en el mecanismo extensor. El tendón del cuádriceps llega a su parte superior y el ligamento patelar continúa desde su parte inferior hasta la tibia. Esta conexión transmite la fuerza del muslo para extender la rodilla.

La rótula también mejora la ventaja mecánica del cuádriceps al mantener su línea de tracción alejada del eje de movimiento. Así contribuye a acciones tan habituales como levantarse de una silla, caminar y subir escaleras.

Al bajar un escalón ocurre algo especialmente interesante: el cuádriceps produce tensión mientras se alarga. Esta contracción, llamada excéntrica, permite frenar la flexión de la rodilla y controlar cómo desciende el cuerpo.

En profundidad se encuentran los ligamentos cruzados anterior y posterior. Ayudan a limitar desplazamientos excesivos de la tibia respecto al fémur y participan en la estabilidad durante los giros. A los lados, los ligamentos colaterales contribuyen a controlar las desviaciones laterales.

La vista en corte permite apreciar que estas estructuras ocupan planos diferentes. Los ligamentos cruzados están dentro de la articulación; el tendón del cuádriceps y el ligamento patelar forman parte del aparato extensor anterior. Son estructuras distintas, aunque algunas etiquetas de esta ilustración están colocadas incorrectamente.

La rodilla también cuenta con una cápsula y una membrana sinovial, que produce líquido para lubricar sus superficies. Los músculos y la información sensorial que llega al sistema nervioso permiten ajustar el movimiento cuando cambia el terreno.
Por eso, una rodilla estable necesita tanto sus ligamentos como un buen control muscular. Detrás de cada paso hay un ajuste continuo entre fuerza, equilibrio y movimiento que normalmente pasa inadvertido

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Ese dolor que comienza en el cuello y baja por el hombro hasta el brazo puede no ser una simple contractura muscular. A ...
01/10/2026

Ese dolor que comienza en el cuello y baja por el hombro hasta el brazo puede no ser una simple contractura muscular. A veces, el problema está en un nervio que está siendo comprimido al salir de la columna cervical.

Esto puede ocurrir en lo que conocemos como radiculopatía cervical. Las raíces nerviosas nacen de la médula espinal y salen entre las vértebras cervicales para llevar sensibilidad y movimiento hacia los hombros, brazos y manos. Cuando una de estas raíces se inflama o comprime, el dolor puede seguir precisamente el territorio del nervio afectado.

Una causa frecuente son los cambios degenerativos de la columna cervical, como el desgaste de los discos y la formación de osteofitos. También puede ocurrir por una hernia de disco cervical: parte del disco protruye y entra en contacto con una raíz nerviosa, generando inflamación y compresión.

Por eso algunas personas no sienten únicamente dolor en el cuello. Pueden describir un dolor punzante, eléctrico o quemante que se extiende hacia el omóplato, hombro, brazo e incluso determinados dedos. También pueden aparecer hormigueo, sensación de adormecimiento o disminución de la sensibilidad.

La localización de los síntomas puede incluso orientar al médico sobre qué raíz nerviosa está comprometida. Dependiendo del nivel cervical afectado, pueden involucrarse diferentes regiones del hombro, brazo, antebrazo o mano.

Y existe una diferencia importante: tener dolor cervical no significa automáticamente tener una hernia de disco o una raíz nerviosa comprimida. Contracturas musculares, alteraciones articulares y muchas otras condiciones pueden producir molestias similares. La historia clínica y la exploración neurológica ayudan a determinar cuándo son necesarios estudios adicionales.

Especial atención merece la aparición de pérdida progresiva de fuerza en un brazo o una mano, dificultad para realizar movimientos que antes eran normales, alteraciones para caminar, pérdida importante de sensibilidad o problemas con el control de esfínteres. Estos hallazgos requieren valoración médica, algunos de manera urgente.

Así que ese dolor que “viaja” desde el cuello hacia el brazo no debería ignorarse si persiste, empeora o se acompaña de síntomas neurológicos. A veces el lugar donde duele no es exactamente donde comenzó el problema.

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Una pequeña lesión en la mano puede terminar dejando este “camino” de nódulos por todo el brazo. Este patrón es tan cara...
01/10/2026

Una pequeña lesión en la mano puede terminar dejando este “camino” de nódulos por todo el brazo. Este patrón es tan característico que puede convertirse en una pista importante para sospechar esporotricosis.

La esporotricosis es una infección causada por hongos del género Sporothrix. Durante mucho tiempo fue conocida popularmente como la “enfermedad del jardinero”, porque el hongo puede inocularse en la piel después de pequeñas heridas producidas al manipular tierra, plantas, madera, espinas o materia vegetal contaminada. Sin embargo, en algunos países, especialmente Brasil, los gatos infectados tienen un papel epidemiológico muy importante y pueden transmitirla mediante arañazos, mordeduras o contacto con sus lesiones.

Todo puede comenzar con algo aparentemente insignificante: una pequeña pápula o nódulo en el sitio por donde entró el microorganismo. La lesión puede aumentar de tamaño, ulcerarse y persistir durante semanas. Muchas veces no provoca el dolor intenso que una persona esperaría de una infección.

Pero existe una presentación particularmente interesante: la esporotricosis linfocutánea. El hongo puede extenderse desde la lesión inicial siguiendo los vasos linfáticos superficiales. Entonces comienzan a aparecer nuevos nódulos progresivamente a lo largo de la extremidad, formando una especie de “cadena” ascendente desde la mano hacia el antebrazo y el brazo. A esta distribución se le conoce como patrón esporotricoide.

Y aquí hay algo importante: observar este patrón no confirma por sí solo la esporotricosis. Otras infecciones también pueden producir lesiones siguiendo los vasos linfáticos, por lo que el contexto epidemiológico, el examen médico y, cuando corresponda, el cultivo u otras pruebas microbiológicas permiten establecer el diagnóstico.

Aunque generalmente compromete piel y tejido subcutáneo, existen formas extracutáneas o diseminadas mucho menos frecuentes que pueden afectar otros órganos, especialmente en personas con determinados factores de riesgo o inmunosupresión.

Si después de trabajar con plantas o tierra, o después de un arañazo o mordedura de gato, aparece una lesión que no cicatriza y posteriormente comienzan a surgir pequeños nódulos siguiendo una línea hacia arriba del brazo, no debería ignorarse.

La esporotricosis tiene tratamiento, pero reconocerla a tiempo evita que una lesión aparentemente pequeña continúe extendiéndose durante semanas o meses.

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Ese ardor que sube del estómago hasta el pecho no debería convertirse en parte de tu rutina. El verdadero peligro del re...
01/10/2026

Ese ardor que sube del estómago hasta el pecho no debería convertirse en parte de tu rutina. El verdadero peligro del reflujo aparece cuando comenzamos a normalizarlo.

El reflujo gastroesofágico ocurre cuando el contenido del estómago asciende hacia el esófago. Como el revestimiento del esófago no está diseñado para soportar repetidamente la exposición al ácido y otros componentes del contenido gástrico, el contacto frecuente puede producir irritación e inflamación.

Muchas personas sienten acidez después de una comida abundante de manera ocasional, y eso no significa necesariamente que tengan una enfermedad. El problema es cuando el reflujo se vuelve frecuente, persistente o comienza a afectar la calidad de vida. En ese escenario hablamos de enfermedad por reflujo gastroesofágico y no conviene acostumbrarse simplemente a “vivir con la acidez”.

Con los años, la exposición repetida puede producir esofagitis, erosiones, úlceras, sangrado o estrechamientos del esófago. Pero existe una complicación que merece especial atención: el esófago de Barrett.

En algunas personas con reflujo crónico, las células que normalmente recubren la parte inferior del esófago son reemplazadas por un tipo de epitelio más parecido al intestinal. Este cambio, denominado metaplasia intestinal, es una respuesta a la agresión persistente y constituye una lesión precursora del adenocarcinoma de esófago.

Esto NO significa que toda persona con reflujo desarrollará Barrett, ni que todo paciente con esófago de Barrett terminará desarrollando cáncer. De hecho, solo una minoría progresa. Sin embargo, el riesgo de adenocarcinoma es mayor en las personas con Barrett que en la población general, especialmente cuando aparecen cambios precancerosos llamados displasia.

Por eso el mensaje no es vivir con miedo al reflujo, sino dejar de normalizar síntomas frecuentes. Si tienes ardor recurrente detrás del pecho, regurgitación ácida, sensación de que el contenido del estómago llega hasta la garganta o síntomas persistentes, vale la pena consultar.

Y existen señales que requieren especial atención: dificultad o dolor al tragar, sensación de que los alimentos se quedan atascados, vómitos persistentes, sangrado digestivo, anemia o pérdida de peso involuntaria.

Tratar adecuadamente el reflujo no consiste solam ente en quitar la acidez. También significa identificar quién necesita estudios adicionales y prevenir las complicaciones de una enfermedad mantenida durante años.

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