03/03/2026
Gato presentado por disnea. La ecocardiografía evidenció derrame pericárdico leve, efusión pleural moderada a severa y una masa pericárdica irregular y heterogénea, sin signos de taponamiento cardiaco. Un hallazgo poco común. O quizá poco buscado.
El mesotelioma pericárdico en gatos es una entidad raramente reportada y con evidencia científica limitada. La mayoría de la información disponible proviene de casos aislados, lo que deja más preguntas que respuestas. Sabemos que la citología de las efusiones tiene baja sensibilidad para detectar neoplasias mesoteliales y que el diagnóstico definitivo requiere histopatología e inmunohistoquímica. También sabemos que muchas efusiones consideradas “idiopáticas” no llegan a biopsia.
Y aquí está lo incómodo: no toda efusión en un gato es PIF. Sí, es un diagnóstico frecuente y relevante. Pero asumirlo sin un abordaje completo puede hacer que pasemos por alto procesos neoplásicos, infiltrativos o enfermedades primarias del pericardio. ¿Cuántos derrames pleurales se etiquetan rápidamente sin evaluar en detalle el pericardio? ¿Cuántas masas pequeñas quedan fuera del radar?
En cuanto al tratamiento, estamos en una zona gris. Se describen drenajes paliativos, pericardiectomía parcial en algunos casos y quimioterapia con beneficio incierto, pero no existen protocolos estandarizados ni estudios prospectivos en felinos. El pronóstico es reservado y las decisiones terapéuticas se apoyan más en extrapolaciones que en evidencia robusta.
Tal vez el mesotelioma pericárdico es realmente raro en gatos. O tal vez la rareza también refleja que no siempre lo estamos buscando.