12/01/2026
Desde una mirada a las profundas heridas de nuestros conflictos en Venezuela, Ucrania o Taiwan no comienzan con demonios, sino con historias de miedo, separación y aspiraciones encontradas, entenderlas es sembrar paz y vida en cada pueblo: Ucrania, cuyo pueblo lucha por defender su soberanía e identidad nacional contra la invasión del presidente ruso Vladímir Putin, que desde 2014 ha intentado reconstituir un antiguo espacio geopolítico y frenar la autonomía ucraniana frente a la OTAN y el Occidente, provocando una guerra que se intensificó en 2022 y ha generado millones de desplazados y sufrimiento humano (invasión rusa de Ucrania). Rusia misma arrastra la memoria de un imperio soviético disuelto y un miedo estratégico a perder profundidad territorial y relevancia global, narrativas que han alimentado su política de seguridad. Estados Unidos, tremendo actor global que silencia, secuestra e invade, que promueve alianzas defensivas como la OTAN para contener amenazas reales o percibidas, que encuentra en la defensa de Ucrania un símbolo de resistencia democrática frente a la agresión. China y Taiwán encarnan otra historia de separación tras la guerra civil china de mediados del siglo XX, el gobierno de la República de China se refugió en Taiwán mientras la República Popular China insiste en la llamada política de “una sola China”, enfrentando diariamente a Taiwán, que vive con un gobierno propio y busca dignidad y reconocimiento internacional, en un tenso estrecho que ha conocido crisis armadas desde los años 50 y contemporáneas maniobras militares para disuadir la independencia formal (cross-strait relations). Venezuela, por su parte, expresa la tragedia de una nación rica en recursos que se fracturó entre el proyecto chavista-madurista y amplios sectores opositores que reclaman reformas, justicia y democracia, en un conflicto interno que se ha extendido desde el chavismo de Hugo Chávez hasta la actual crisis bajo Nicolás Maduro, Hugo Chávez se gastó la riqueza de un país en menos tiempo de lo que por muchos años le costó al pueblo conseguir, y hoy con protestas masivas, polarización política y múltiples intentos de salida democrática aspiran a la pacificación del país y la restauración de derechos. En cada uno de estos seis actores—Ucrania, Rusia, Estados Unidos, China, Taiwán y Venezuela—el origen del “mal” que percibimos es la falta de reconocimiento del otro como igual en su derecho a existir, a ser libre y a construir paz, y solo cuando abracemos esas historias compartidas como un solo cuerpo humano podremos transformar el conflicto en un canto colectivo hacia la vida.