Bajo la piel del lobo Viviendo con lupus y otras batallas autoinmunes.

Bajo la piel del lobo Viviendo con lupus y otras batallas autoinmunes. �aquí no solo hablamos enfermedad, si no de fuerza, espezaza y comunidad. ��

11/05/2026

10 de mayo 💜

Hay enfermedades que no siempre se notan en el cuerpo,
pero transforman la vida entera.

El lupus tiene una forma muy silenciosa de existir.
A veces las personas ven la sonrisa, las ganas de seguir, la fortaleza…
y creen que todo está bien.
No por maldad, simplemente porque esta es una lucha que casi nunca se ve.

Lo más difícil muchas veces no es solo el dolor físico,
sino aprender a vivir con esa invisibilidad.
Con escuchar frases como:
“Yo conozco a alguien que tiene eso y hace una vida normal”.

Y quizá lo hacen desde el cariño o desde el desconocimiento,
pero pocas personas imaginan el esfuerzo que puede requerir algo tan simple como levantarse, caminar, salir o incluso sonreír en un día difícil.

Que alguien no se queje,
no significa que no esté luchando.
Que alguien siga adelante,
no significa que no le esté costando.

A veces la vida sigue tan rápido para todos,
que incluso quienes aman a una persona olvidan preguntarle cómo está realmente.
Y aunque no haya mala intención, esa indiferencia silenciosa puede dejar pequeñas grietas en el alma.

Hoy no se habla desde el resentimiento.
Al contrario…
se habla desde el corazón de quienes aprendieron a cargar batallas invisibles con dignidad.

Porque hay luchas que no llevan vendas, ni yesos, ni letreros.
Hay personas que pelean sus guerras en silencio, detrás de la sonrisa más bonita que pueden regalarle al mundo.

Y aun así… siguen. 🐺💜

— Bajo la piel del lobo

QUEDARMENo es “¿por qué a mí?”Esa pregunta nace del golpe,del miedo,de la sorpresa de saberse frágil.Pero con el tiempo ...
26/01/2026

QUEDARME

No es “¿por qué a mí?”

Esa pregunta nace del golpe,
del miedo,
de la sorpresa de saberse frágil.

Pero con el tiempo —y con dolor—
otra pregunta aparece, más honesta:

¿por qué a mí no?

¿Quién soy yo para pensarme exenta del dolor humano?
¿En qué momento creí que la fe era un escudo
y no una forma de atravesar la noche?

Jesús no evitó la prueba.
La habitó.

Como hombre, lloró por Lázaro.
Como Dios, lo resucitó.

Como hombre, tuvo sed.
Como Dios, convirtió el agua en vino.

Como hombre, tuvo hambre.
Como Dios, multiplicó los panes y los peces.

Como hombre, sintió angustia.
Como hombre, sudó sangre.
Como hombre, pidió que el cáliz pasara.

Y como Dios…
no retiró su amor,
no rompió la confianza,
eligió quedarse.

La fe no responde todas las preguntas,
pero cambia desde dónde las hacemos.

Esta enfermedad no llegó para castigarme
ni para probar cuánto aguanto.
Llegó —aunque duela decirlo—
a enseñarme los límites del cuerpo
y la profundidad del alma.

El sentido no siempre se entiende al inicio.
A veces se revela en lo pequeño:
en un día que duele menos,
en una mano que acompaña,
en seguir respirando aun con miedo.

No todo se sana.
No todo se explica.
Pero todo puede ser habitado con verdad.

Bajo la piel del lobo,
aprendo que ser fuerte
no es no caer,
sino quedarme…
incluso cuando el espíritu tiembla.

Escrito por A.J.

Hay personas que atraviesan enfermedades invisiblesy cargan con un miedo que casi nunca se dice en voz alta.No es solo e...
06/01/2026

Hay personas que atraviesan enfermedades invisibles
y cargan con un miedo que casi nunca se dice en voz alta.

No es solo el dolor propio.
Es mirar a los hijos —especialmente cuando crecen—
y reconocer gestos, cansancios, dolores que se parecen demasiado.

Es preguntarse en silencio
si eso que habita en uno
podría algún día tocar sus vidas.

No es una idea cómoda.
No es un pensamiento justo.
Pero es humano.

Porque cuando se ama,
el miedo no se queda solo en el cuerpo,
se va a la sangre, a la historia, al futuro.

Hay madres que observan, que comparan,
que esperan con toda el alma que no,
que ruegan que sus hijos no tengan que vivir
lo que ellas han vivido.

No por falta de fuerza,
sino porque saben lo que cuesta.

Y aun así, siguen.
Acompañan.
Sostienen.
Educando desde la conciencia,
no desde el terror.
Desde el amor, no desde la culpa.

Porque aunque el miedo exista,
no define la historia.

Y porque criar también es esto:
amar tanto,
que incluso el dolor ajeno
duele más que el propio.

— A.J.

Cuando Dios baja el ritmoHay momentos en los que la vida se detiene, y uno cree que es el cuerpo el que falla.Pero a vec...
19/11/2025

Cuando Dios baja el ritmo

Hay momentos en los que la vida se detiene, y uno cree que es el cuerpo el que falla.
Pero a veces no es el cuerpo… es Dios llamando la atención de un alma que corría demasiado rápido.

La lentitud, aunque duela, también es un lenguaje.
Un mensaje suave, casi susurrado:
“Mira mejor. Siente distinto. Vuelve a mí.”

Cuando todo se vuelve más lento, uno empieza a notar lo esencial:
la paz que llega de repente,
las pequeñas misericordias que pasan desapercibidas,
la fuerza que no viene de uno mismo,
y ese amor silencioso que sostiene cuando la energía no alcanza.

No pedí este ritmo, y muchas veces lo cuestioné.
Pero en medio de esta pausa he entendido algo:
Dios no siempre habla en milagros visibles.
A veces habla en frenos.
En límites.
En ese cansancio que obliga a elegir lo que importa y soltar lo que no.

Hoy, aunque el cuerpo vaya despacio, siento al alma más despierta.
Y en esta manera distinta de vivir, descubro un Dios paciente, presente, y más cercano que nunca.

A veces la vida se detiene… para que la fe pueda avanzar.

— A.J.

“No es flojera. Es supervivencia.”Hay días en los que la vida pesa distinto.No es un peso que se vea, no es un yeso, no ...
14/11/2025

“No es flojera. Es supervivencia.”

Hay días en los que la vida pesa distinto.
No es un peso que se vea, no es un yeso, no es una cicatriz visible.
Es una carga que se mueve por dentro, sigilosa, como un animal cansado que aún intenta mantenerse en pie.

Y uno sigue ahí… tratando de vivir, de pertenecer, de no quedarse atrás mientras el mundo corre como si nada costara.
Porque afuera todo es rápido, brillante, inmediato.
Pero adentro —bajo la piel del lobo— hay otra historia: la de quienes despertamos cada día negociando con un cuerpo que no siempre coopera, con un sistema que no entiende, y con personas que opinan sobre batallas que nunca han peleado.

Lo más difícil no es el dolor.
Lo más difícil es la mirada ajena…
La que no ve, pero igual juzga.
La que cree que rendirse es flojera.
La que piensa que buscar un respiro, un apoyo, un espacio seguro… es aprovecharse.

Nadie imagina lo que cuesta seguir aquí:
levantarse aunque duela, sonreír aunque arda, sostener la vida aunque el cuerpo esté cansado de sostenerse a sí mismo.
Nadie sabe cuánto se lucha por simplemente seguir siendo.

Y sin embargo, una parte de mí sigue queriendo encajar.
Queriendo ser “normal”.
Queriendo que mi existencia no incomode, que mi cansancio no parezca excusa, que mi fragilidad no se confunda con falta de voluntad.

Pero entonces recuerdo algo:
no vine al mundo para demostrar fuerza todo el tiempo.
Vine para vivir.
Y hay vidas —como la mía, como la de muchos— que necesitan otras formas de sostén, otros ritmos, otros descansos.
No porque seamos menos, sino porque habitamos un cuerpo que pelea guerras que otros ni imaginan.

A los ojos de la sociedad, a veces eso se ve como ventaja.
Pero en la realidad… es supervivencia.
Un acto de amor propio.
Una forma silenciosa de seguir de pie cuando tu cuerpo quisiera tumbarse.

Y no, no espero que todos lo entiendan.
Solo espero que algún día dejemos de juzgar la lucha ajena.
Porque lo que parece descanso desde afuera, por dentro es resistencia.
Lo que parece comodidad, por dentro es estrategia para no rendirse.
Lo que parece beneficio, por dentro es apenas suficiente para seguir respirando.

Vivir con una enfermedad invisible no es pedir permiso para existir.
Es aprender a existir con dignidad, aunque el mundo no comprenda.

— A.J.

🌤️ Vitamina D y lupus: una conexión que no se puede ignorarPor: A.J.Muchas personas con lupus tenemos vitamina D baja… p...
27/07/2025

🌤️ Vitamina D y lupus: una conexión que no se puede ignorar

Por: A.J.

Muchas personas con lupus tenemos vitamina D baja… pero pocos sabemos lo grave que puede ser.

No se trata solo de huesos. La vitamina D es una hormona clave para el sistema inmune. Ayuda a evitar que nuestro cuerpo se ataque a sí mismo, regula la inflamación y puede influir directamente en los brotes.



¿Por qué suele estar baja en lupus?
• Porque evitamos el sol ☀️ (fotosensibilidad).
• Porque usamos corticoides 💊.
• Porque hay problemas de absorción o renales.

Se considera insuficiente si está por debajo de 30 ng/mL. La mía, por ejemplo, está en 24.7… y llevo años así.



¿Qué pasa cuando está baja?
• Más fatiga.
• Más dolor.
• Más inflamación.
• Más actividad de la enfermedad.
• Más riesgo de osteoporosis (¡especialmente con esteroides!).



¿Qué hacer?

🔬 Medirla en sangre.
💊 Suplementarla con seguimiento médico.
📆 Monitorearla regularmente.

La vitamina D no es opcional cuando vives con una enfermedad autoinmune. Es parte del tratamiento.



Hoy entiendo que lo que parece “pequeño”, como esta vitamina, puede marcar una gran diferencia en cómo me siento.



✨ A veces el cuerpo no grita… susurra con dolor. Y hay que escucharlo.



— A.J.
Bajo la piel del lobo

Carta para quien prometió quedarse y se fue sin mirarNo sé cómo empezar, así que lo haré como sale…A ti, que dijiste que...
17/07/2025

Carta para quien prometió quedarse y se fue sin mirar

No sé cómo empezar, así que lo haré como sale…
A ti, que dijiste que siempre estarías.
A ti, que conociste mis cicatrices cuando aún estaban frescas.
Que fuiste testigo de mi risa real y de mi cansancio más crudo.
Que me miraste a los ojos y dijiste “no estás sola”…
Y sin embargo, cuando la punta del iceberg amenazó con hundirme, cerraste los ojos. Te hiciste aire.

No estoy escribiendo esto para que sientas culpa.
Tampoco para reclamar algo que ya no me corresponde.
Estoy escribiendo porque me duele.
Porque a veces, aunque no esperes nada a cambio, el silencio duele más que la traición.
Porque cuando una entrega todo —alma, tiempo, corazón— y luego siente que solo fue un “recurso” para momentos de ocio, una se queda rota.
Como si hubiera sido útil… hasta dejar de serlo.

Y aún así, no quiero juzgarte.
No quiero pensar que fuiste mala.
Tal vez yo fui demasiado.
Tal vez tú estabas en otro momento.
Tal vez simplemente ya no encajamos…
Y no encajar también duele.

No sé si tú me extrañas.
No sé si siquiera me piensas.
Pero yo aún estoy recogiendo los pedazos de algo que llamé amistad,
de algo que sentí real.
Y duele ver cómo lo real, lo profundo, se vuelve prescindible cuando ya no hay “nada más que sacar”.

Ya no me quedan fuerzas para intentar explicar mi proceso.
Estoy cambiando, evolucionando…
Y eso ha hecho que personas que alguna vez engranaban en mi alma… ya no estén.
No porque las haya sacado.
Sino porque simplemente dejaron de quedarse.

Y aun así, desde este lugar, te deseo luz.
Porque amar de verdad, incluso cuando te rompen,
no te hace víctima.
Te hace libre.
Libre de cargar lo que no era tuyo.
Libre de seguir el camino… aunque duela.

— A.J.

09/07/2025

Cuando la mente se apaga (y el corazón grita)

A veces estoy hablando y de repente… todo se apaga.
Como si la mente se desconectara por segundos. Me quedo en blanco. Me pierdo.

No es fácil explicarlo.
Pero no estoy loca.
No estoy débil.
Estoy viva, sobreviviendo algo que pocos ven: el lupus también se mete en la mente.

Este blog es mi forma de volver.
De recordarme que no soy solo síntomas.
Soy mujer. Soy voz. Y sigo aquí.

Hoy me siento triste. Y frustrada.
Y no sé en qué momento eso se volvió parte de mi rutina.
No sé cuándo empecé a ver como “normal” que ya no puedo escurrir un trapero, lavar un plato, ni aplicar crema en mis propias manos porque no puedo apretar el tubo.

No sé cuándo fue normal que para lavar el baño tenga que hacerlo con dolor. Que no pueda arrodillarme para limpiar sus paredes. Que vestirme, peinarme o servirme un vaso de agua se sientan como maratones.

Pero hoy lo escribo.
Porque callarlo me enferma más.
Y nombrarlo, aunque duela, me devuelve un pedacito de mí.

Aquí sigo, bajo la piel del lobo.
Rota, sí.
Pero viva.
Y con ganas de que esto también sirva para algo más que resistir.

Con alma,
— A.J.

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