29/04/2026
Algo que muchos no saben es que, hace unos años, cuando vivía en Cali, yo hacía servicio de voluntariado en un centro geriátrico como una forma de irme fogueando en mis últimos semestres de estudio de Psicología. Allí conocí a Esperanza (ese no es su verdadero nombre, pero me gusta el significado de esa palabra y resueno con él). Con Esperanza hubo una conexión especial; me contaba el director del geriátrico que ella me esperaba todos los jueves con mucho entusiasmo y que el día que yo no asistía, ella le reclamaba pensando que era que yo no iba a volver nunca.
Al jueves siguiente, sus dudas se disipaban al acojo de un nuevo encuentro, los cuales giraban en torno a su historia de vida, al punto que un día me dijo que ella quería que yo escribiera un libro sobre su vida (la escritura no es lo mío; me gusta, pero no a ese nivel). Así fue como mis visitas al geriátrico empezaron a volverse “visitas a Esperanza”, porque básicamente el 80% del tiempo se lo dedicaba a ella.
Efectivamente, me empezó a contar su historia desde niña con una lucidez y detalle que me asombraron para su edad; tanto así que empecé a grabar los encuentros porque era imposible escribir todo lo que me contaba (y debo confesar también que mi memoria no es la mejor), y debía estar atento porque a la semana siguiente ella, muy “pila”, me preguntaba por lo que me había contado la semana anterior. Por obvias razones, al momento de venirme a vivir a otra zona del país, dejé de asistir a dicho centro y, por ende, a visitarla a ella.
Comoquiera que el director del geriátrico es amigo mío, nos hablamos ocasionalmente y he tenido la oportunidad de conectarme por videollamada con Esperanza y recordar y fortalecer —si es que cabe esa denominación mediante una conexión virtual— ese vínculo que alguna vez pudimos cultivar en presencia.
Hoy, Esperanza cumplió 97 años y el director me pidió el favor de que le regalara una videollamada porque, a pesar de que estaba acompañada de su familia, se notaba un poco triste. Efectivamente lo hice, imposible negarme y, como dice una colega, lo hice además con todo el amor.
Continúa en los comentarios...