30/05/2026
No sé si a ustedes les pasó...
Pero muchos crecimos viendo situaciones que nos incomodaban, que nos daban miedo o que simplemente no entendíamos.
Y cuando preguntábamos, aparecía una tía, una mamá o un adulto diciendo:
“De eso no se habla.””Quédate callado.””No te metas.””Eso son cosas de adultos.”
Y así aprendimos algo muy peligroso:que guardar silencio era una forma de proteger a la familia.
Hoy, después de conocer el doloroso caso de una bebé que ha conmocionado a Colombia, quiero hablar de algo incómodo.
Porque aquí es donde necesitamos dejar de mirar solo al “monstruo” individual y empezar a mirar el sistema completo.
Porque sí, da rabia.Sí, duele.Sí, hay una impotencia enorme cuando un niño es vulnerado.
Pero desde una mirada sistémica, esto no empieza el día del abuso.Muchas veces empieza mucho antes… en familias donde se normalizó el silencio, donde nadie puso límites, donde todos sabían y nadie habló, donde se protegió al agresor para “no dañar la familia”.
Y ojo con esto:
El abuso no sobrevive solo por un abusador.Sobrevive también por los secretos, el miedo, la negación y las lealtades familiares que tapan lo que duele mirar.
¿Cuántas familias conocen al tío “del que hay que cuidarse”?¿Cuántas niñas crecieron escuchando “no se quede sola con él” mientras los adultos seguían sentándolo en la mesa?¿Cuántas madres callaron por miedo?¿Cuántos niños fueron obligados a guardar secretos para no destruir a la familia?
La infancia se protege.Pero protegerla también implica dejar de romantizar familias donde el dolor se esconde debajo de la alfombra.
Y no, mirar lo sistémico no es justificar al agresor.Es atrevernos a ver que cuando una sociedad calla, minimiza y encubre, el abuso encuentra dónde quedarse.
Tal vez la verdadera conciencia empieza cuando dejamos de preguntar:
“¿Cómo alguien puede hacer algo así?”
Y empezamos a preguntarnos:
“¿Qué estamos permitiendo, callando o sosteniendo como sociedad y como familias?”
Porque el silencio también tiene consecuencias.
Yuli Peñuela