30/05/2021
La palabra empatía ha sido muy usada hace algún tiempo. Su uso repetido ha ido desgastando y trivializando su significado, y en algunos casos generando hastío. Sin embargo, hoy más que nunca es necesario reconocer su importancia, las ideas erradas que tenemos sobre ella, y cultivarla. Muchas veces se cree que la empatía es un sentimiento, pero realmente es una herramienta social. Puede decirse que es la capacidad de trascender nuestra individualidad para identificarnos con otros.
La empatía tiene un componente cognitivo y un componente emocional. Desde el punto de vista cognitivo, está relacionada con la posibilidad de identificar los sentimientos del otro a través de nuestros sentidos, y poder imaginar cómo se siente ese otro. Desde el punto de vista emocional, tiene que ver con poder sentir las emociones del otro, poder experimentarlas, poder llorar y reír con las tristezas y las alegrías de ese otro que aparentemente no soy yo.
En muchas oportunidades la empatía o la idea que tenemos de la empatía se queda solamente en el lado cognitivo, en el identificar e imaginar esas sensaciones, en el ponernos en los zapatos del otro; pero no trasciende al componente emocional. La empatía sin su lado emocional puede convertirse incluso en una herramienta de manipulación y crueldad, y puede ser usada para beneficio propio. El componente emocional de la empatía es el que nos permite movilizarnos con lo que le sucede a otros.
Esta herramienta nos posibilita el vivir en sociedad, tener una conciencia global, cooperar con otros. No somos responsables únicamente de nuestro bienestar sino también del bien colectivo, de la humanidad y del planeta. La empatía es una herramienta que podemos cultivar y desarrollar, que nos permite tejer redes, y reconocer que ese otro también soy yo.