02/06/2026
Volver a empezar.
Arrancar de cero.
Renacer desde las cenizas.
Qué difícil, ¿no? Y qué miedo, además.
Pero no soy el único ser humano sometido a esta dura prueba. Y como me lo repiten cada mañana las fibras más paisas de mi pensamiento: cuando toca... toca.
El azar es implacable. Elegí mal y la vida me cobró con venganza.
Y lo que alguna vez vi como un sueño cumplido, resultó tan efímero como el humo de un ci******lo que por más intenso que sea… se desvanece sinuoso en menos de un metro de recorrido.
Me vi de nuevo midiendo calles, buscando un espacio, quemándome el coco.
Trabajé cada vez más, pero inevitablemente me volví invisible.
Me sentí como un niño al que el arte arrastraba de la mano, empeñado en llevarlo hacia algún lugar.
Y ahí iba yo: raspándome las rodillas con cada tropiezo, preguntándome hacia dónde me llevará con ese ímpetu, como si realmente existiera un destino esperando por mí.
Pero ha pasado tanto tiempo ya que mi esperanza prefiere guardarse su reserva.
Por supuesto quisiera que todo saliera bien esta vez. ¡Obvio!
Pero estoy tan desgarrado por dentro, que veo difícil hasta el simple acto de recuperar todas mis partes.
Y cuando menos lo esperaba, el mundo pareció detenerse, permitiéndome avanzar una vez más, aunque temeroso, hacia el encuentro de lo que tanto anhelo.
Esta vez no tengo dudas.
Tal vez nunca debí abandonar el camino que tanto esfuerzo me costó allanar.
Porque cuando tu oficio es producir arte y el corazón se rompe en mil pedazos, resulta imposible crear amor desde el dolor de experimentar la propia muerte en vida.
Pero Dios tampoco es bobo.
Y sabiendo lo fácil que habría sido para mí dejarme consumir por las brasas del in****no, me regaló un Ángel con alas de plomo para que me anclara a esta tierra hasta mi última exhalación.
Hijo mío… ¡Voy por ti, mi amor!