14/12/2025
Hay años que se quedan en la piel, en la respiración, en el corazón.
No exagero. Hay imágenes, miradas, respiraciones y nacimientos que sigo sin poder creer que me tocó presenciar.
2025 fue un año que me movió el cuerpo y el alma. Doulear me llevó a otros rincones del país, a quedarme lejos de casa, a ser recibida por otras familias, a compartir techo, silencios y esperas. A veces lejos de los míos, pero siempre cerca de una vida a punto de nacer. Y eso también es amor.
Acompañé partos que me transformaron. Madres recuperando su poder, decidiendo, confiando, entregándose sin rendirse. Mujeres tomando las riendas y, al mismo tiempo, soltando el control. Partos tan honestos, tan fuertes y tan libres que me hicieron replantearme todo. Hoy lo digo sin miedo: me encantaría parir como ellas.
Vi nacer bebés en escenarios profundamente respetados, partos libres, cuidados, sostenidos. Momentos solemnes, casi sagrados, donde el tiempo se detiene y la vida se abre paso con una fuerza que no se puede explicar. La oxitocina, el amor, la emoción… también me atravesaron. Me recordaron de lo que somos capaces cuando nos apoyan y nos dejan hacer.
Este año también me llevó a alzar la voz. A hablar de lactancia en espacios más grandes, incluso en televisión, con el mismo compromiso de siempre: informar, cuidar, defender decisiones libres y acompañadas. Porque la lactancia también necesita respaldo, verdad y respeto.
Todo esto reafirmó algo que ya sabía, pero que ahora defiendo con más fuerza: los partos respetados **sí son posibles**. No son una utopía. No son difíciles. Yo he estado ahí para verlo, para sentirlo, para sostenerlo.
Fue también un año de lucha colectiva: de fundar el Observatorio de Violencia Obstétrica como asociación, de seguir nombrando lo que duele y trabajar activamente contra la VO. De organizar, aprender y seguir defendiendo lactancias informadas, libres de conflicto de interés, porque el acompañamiento y la información también son derechos.
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