01/09/2026
La Travesía es fruto de atreverme a adentrarme en el territorio de mi vida.
Después de años intentando descifrar mi camino con códigos externos, buscando ser aceptada, querida, validada, el cansancio, la rabia y el vacío se apoderaron de mí. Me había perdido en modos de ser ajenos y era una extraña para mí.
Por un tiempo me enemisté con la vida, sintiéndome prisionera porque "no me dejaban ser", "no me entendían", y condenada a habitar bajo las reglas de otros.
Tenía miedo, aunque no lo sabía: el origen de mi rabia era mi ser sintiéndose intimidado por la invitación a hacerme responsable de mi sendero y encontrarme conmigo. Por un tiempo volqué ese miedo en pelearme con la realidad, hasta que no me quedó más remedio que comenzar mi travesía.
Dejé mi trabajo, me divorcié, e ilusa pensé que ese era el destino. Pero no era sino el inicio, porque no puedes dejar de ser quien eres y estar donde estás, como dijo el monje zen Ikkyu, aunque lo disfraces de desarrollo personal o camino espiritual.
Así que, como los baqueanos, me adentré en la montaña para recordar el manantial de mi río y volver a habitar el cauce de mi vida. Mis pies comenzaron a dialogar con la tierra; mis oídos comenzaron a escuchar, mientras aprendía lo sagrado del silencio y de la palabra intencional. Ante mis ojos se abrió un mundo nuevo, sin haber dejado de vivir en el lugar de siempre. Volví al momento presente, y la magia de los milagros cotidianos entró en mi vida.
Hoy se abre el portal: una oportunidad de encontrarte contigo, y con la sabiduría que te guía desde adentro, para tomar la mano del amor y dejar que tu agua recuerde su caudal, sin perderte en el de otros.
El cuerpo será nuestra brújula en este punto de partida, para ubicarte en el mapa de tu vida.
¿Vienes?