02/06/2026
Es domingo, ya pasó el fin de semana y estás en el whattsap mirando si está en linea... Al fin, tomaste fuerza y l@ bloqueaste.
Pero... el jueves l@ desbloqueaste y le escribiste de nuevo. Y ahí estás otra vez, encerrad@ en las mismas preguntas.
Entre el domingo y el jueves tuviste toda la información. Sabías perfectamente quién es. Sabías cómo te trató. Sabías cómo iba a terminar si le escribías, porque ya pasó otras veces y siempre termina igual. Saber, sabías todo. Lo que te faltó fue otra cosa.
En el medio pasó esto: te acordaste de algo lindo. Apareció un recuerdo bueno, de los del principio, cuando todavía parecía otra persona. Y atrás de ese recuerdo vino la duda. Esa vocecita que dice "capaz esta vez sí cambió", "capaz me estoy perdiendo algo", "una sola vez no pasa nada". Tu propia cabeza, que tendría que estar de tu lado, se puso a juntar motivos para que vuelvas.
Te trajo los recuerdos lindos justo cuando estabas más floj@.
Eso le pasa a casi tod@s las que pasaron por esto. Tu mente busca calmarte rápido, y la forma más rápida de calmar ese dolor en el momento, es volver a buscarl@. Aunque sepas que después vas a estar peor.
Por eso entender todo, a las dos de la mañana, te alcanza para muy poco. A esa hora, lo que sabés, se te escapa de las manos.
Lo que te sostiene es lo que dejaste preparado antes, cuando estabas tranquil@ y podías pensar con claridad.
Si llegás a la crisis con las manos vacías, vas a decidir con el impulso. Y el impulso siempre te lleva al mismo lugar.
La próxima vez que aparezcan las ganas de escribirle, lo que te va a frenar es tener algo concreto y listo para hacer en ese momento exacto. Algo que ya está armado, que solo tenés que seguir.
En colaboración con Espacio de Psicología Clínica.
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