Byron Herrera Nutricionista

Byron Herrera Nutricionista Consultorio Nutricional

Nutricionista - PUCE🇪🇨
Máster en Nutrición Infantil - UEES🇪🇨
Doctorado en Obesidad y Metabolismo - UNINI🇲🇽
Atendemos:
- Nutrición en enfermedades metabólicas (Diabetes-Hipertensión- Hipotiroidismo)
- Nutrición Infantil
(Obesidad - Desnutrición)

20/05/2026

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Comer saludable también puede adaptarse a tu vida social 💚
👨🏻‍⚕️Byron Herrera
📍Clínica Latacunga

13/05/2026

Si para bajar grasa estás pasando hambre y ansiedad… algo no está funcionando. 🚫

Perder grasa no significa sufrir, significa aprender a comer de forma inteligente. 🥗✨

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28/04/2026

¿Productos light adelgazan? ❌
¿El pan engorda? ❌
¿Sudar más quema grasa? ❌

Los productos “light” no te hacen bajar de peso por sí solos, el exceso sí engorda.
El pan no es el problema, la cantidad sí.
Y sudar no significa quemar grasa, solo perder líquidos.

⚠️ Deja de guiarte por mitos de internet.
Bajar de peso es ciencia, no tendencias.

👨‍⚕️ Byron Herrera
Especialista en obesidad y metabolismo
📍 Clínica Latacunga

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27/04/2026

Opinion
“Obesidad: las consecuencias silenciosas que aparecen con los años“por MByron Herrera 👉 La obesidad es mucho más que un tema estético o de apariencia física. Se trata de una enfermedad crónica que afecta a millones de personas en el mundo y que, cuando no se trata a tiempo, puede generar serias complicaciones a mediano y largo plazo. Muchas veces se piensa que subir algunos kilos no representa mayor problema, pero el exceso de grasa corporal produce cambios silenciosos dentro del organismo que con los años pasan factura. Por eso es importante entender que prevenir y tratar la obesidad es una inversión directa en salud y calidad de vida.
A mediano plazo, uno de los primeros efectos suele aparecer en el metabolismo. El cuerpo empieza a manejar peor la glucosa y la insulina, aumentando el riesgo de resistencia a la insulina y posteriormente diabetes tipo 2. Esto significa que el azúcar en sangre se mantiene elevada, dañando progresivamente órganos como riñones, ojos, nervios y corazón. Muchas personas pasan años sin saber que ya tienen alteraciones metabólicas porque al inicio no siempre existen síntomas claros.
Otro problema frecuente es el aumento de la presión arterial. El exceso de peso obliga al corazón a trabajar con mayor esfuerzo para bombear sangre a todo el cuerpo. Esto incrementa el riesgo de hipertensión, una condición conocida como “enemiga silenciosa” porque puede avanzar sin molestias evidentes. Cuando la presión alta no se controla, las arterias se deterioran y aumenta la posibilidad de infartos y accidentes cerebrovasculares.
En el hígado también se observan consecuencias importantes. La obesidad favorece la acumulación de grasa hepática, conocida como hígado graso. En etapas iniciales puede ser reversible con cambios de estilo de vida, pero si progresa puede generar inflamación, fibrosis e incluso cirrosis. Actualmente esta condición es cada vez más común incluso en personas jóvenes.
A nivel osteomuscular, el sobrepeso afecta articulaciones como rodillas, caderas y columna. Cada kilo extra representa mayor carga sobre estas estructuras. Por eso muchas personas con obesidad presentan dolor crónico, desgaste articular, limitación para caminar y menor capacidad funcional. Esto genera un círculo vicioso: duele moverse, se reduce la actividad física y se gana más peso.
En el mediano plazo también se alteran el sueño y la energía diaria. La apnea del sueño, muy frecuente en obesidad, produce pausas respiratorias mientras se duerme. La persona despierta cansada, ronca intensamente y presenta somnolencia durante el día. Dormir mal además empeora el apetito y dificulta bajar de peso.
A largo plazo, las complicaciones se vuelven aún más serias. La obesidad aumenta significativamente el riesgo cardiovascular: infarto, insuficiencia cardíaca, arritmias y enfermedad vascular. También se asocia con mayor probabilidad de ciertos tipos de cáncer, entre ellos colon, mama postmenopáusico, endometrio, riñón e hígado. La inflamación crónica que acompaña al exceso de grasa corporal influye en estos procesos.
La salud mental también puede verse afectada. Muchas personas viven discriminación, baja autoestima, ansiedad o depresión. En ocasiones comen por estrés emocional, lo que perpetúa el problema. La obesidad no debe juzgarse como falta de voluntad; intervienen factores genéticos, hormonales, ambientales, emocionales y sociales.
La buena noticia es que incluso pérdidas moderadas de peso generan grandes beneficios. Bajar entre 5 y 10% del peso corporal puede mejorar glucosa, presión arterial, colesterol, movilidad y energía. No siempre se trata de buscar cuerpos perfectos, sino cuerpos más sanos y funcionales.
¿Qué hacer? Priorizar alimentación equilibrada, controlar porciones, reducir ultraprocesados, aumentar frutas, verduras y legumbres, caminar diariamente, entrenar fuerza, dormir bien y manejar el estrés. Buscar acompañamiento profesional también marca la diferencia. La obesidad no aparece de un día para otro y tampoco se resuelve con soluciones rápidas. Es un proceso que requiere constancia, estrategia y apoyo.
Cuidar el peso no es una moda. Es proteger el corazón, el cerebro, las articulaciones y los años de vida futura. Empezar hoy, aunque sea con pequeños cambios, siempre será mejor que esperar a que lleguen las complicaciones.

23/04/2026

🍝 ¿Te encanta la pasta? No tienes que dejarla.

Una consulta nutricional real no se trata de prohibirte todo,
se trata de adaptar la alimentación a tu vida.

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16/04/2026

⚠️ ¿Por qué comes y al rato ya tienes hambre?

El problema no es cuánto comes… es cómo armas tu plato.

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07/04/2026

⚠️ Soy nutricionista y tu peso no es lo más importante.

El número que ves en la balanza no define tu salud.

Dos personas pueden pesar 70 kg, pero tener cuerpos completamente distintos:
👉 Una con exceso de grasa corporal
👉 Otra con mayor masa muscular y mejor composición corporal

La diferencia en salud es enorme.

El problema muchas veces no es el peso, sino cómo estás intentando bajarlo.
Las dietas restrictivas eliminan alimentos, no se adaptan a tu estilo de vida y terminan generando resultados que no se sostienen en el tiempo.

En consulta analizamos:
✔️ Porcentaje de grasa corporal
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Nutricionista en Clínica Latacunga.

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30/03/2026

Opinion “¿Cena ligera o no cenar? Lo que dice la evidencia"por Byron Herrera 👉 La cena es, sin duda, una de las comidas más polémicas cuando se habla de salud y pérdida de peso. Muchas personas creen que “dejar de cenar” es una estrategia efectiva para bajar de peso rápidamente, mientras que otros defienden la idea de una cena ligera como parte fundamental de una alimentación equilibrada. Pero, ¿qué dice realmente la evidencia científica? ¿Es mejor cenar poco o simplemente no cenar? La respuesta, como en muchos temas de nutrición, no es tan simple y depende de varios factores.
En primer lugar, es importante entender que el cuerpo humano no funciona como una calculadora que simplemente suma y resta calorías en función de la hora del día. Sin embargo, sí existe algo llamado ritmo circadiano, que regula procesos metabólicos y hormonales a lo largo de las 24 horas. En términos generales, nuestro organismo está más preparado para digerir y metabolizar alimentos durante el día que en la noche. Esto significa que consumir grandes cantidades de comida en horas muy tardías puede favorecer un peor control del azúcar en sangre, mayor almacenamiento de grasa y alteraciones en el descanso.
Ahora bien, esto no significa que saltarse la cena sea la mejor opción. De hecho, omitir la cena puede tener efectos negativos, especialmente si durante el día no se ha llevado una alimentación adecuada. Muchas personas que dejan de cenar terminan presentando más hambre al día siguiente, lo que puede llevar a comer en exceso, especialmente alimentos ricos en azúcar y grasa. Además, en ciertos casos, no cenar puede generar hipoglucemias nocturnas, ansiedad, irritabilidad e incluso afectar la calidad del sueño.
La evidencia actual sugiere que lo más recomendable no es eliminar la cena, sino ajustar su calidad y cantidad. Una cena ligera, equilibrada y consumida en un horario adecuado (idealmente entre 2 a 3 horas antes de dormir) puede favorecer tanto la salud metabólica como el control del peso. Este tipo de cena debería incluir proteínas de buena calidad, una porción moderada de vegetales y, dependiendo del caso, una pequeña cantidad de carbohidratos complejos.
Por ejemplo, una cena saludable podría ser un filete de pollo a la plancha acompañado de ensalada de verduras y una pequeña porción de arroz o quinoa. Otra opción podría ser una tortilla de huevo con vegetales o incluso una sopa ligera, siempre evitando excesos de grasa y porciones muy grandes. Lo importante es que la cena no sea ni demasiado abundante ni completamente inexistente.
Otro aspecto clave es el estilo de vida de cada persona. No es lo mismo alguien que entrena en la noche, una persona con diabetes, un adulto mayor o alguien con horarios laborales irregulares. En estos casos, eliminar la cena podría ser incluso contraproducente. Por ejemplo, en pacientes con diabetes, una cena adecuada puede ayudar a mantener niveles estables de glucosa durante la noche. En personas que realizan actividad física nocturna, la cena cumple un papel importante en la recuperación muscular.
También es importante considerar el componente conductual. Muchas veces, la cena no es el problema en sí, sino lo que se consume en ese momento: comidas ultraprocesadas, frituras, snacks altos en calorías o cenas muy tardías frente al televisor. En estos casos, el problema no es cenar, sino la calidad de la cena. Cambiar estos hábitos puede generar un impacto mucho mayor que simplemente eliminar esta comida.
En conclusión, la evidencia científica no respalda la idea de que dejar de cenar sea una estrategia saludable o sostenible para bajar de peso. Por el contrario, lo que se recomienda es mantener una cena ligera, equilibrada y en un horario adecuado, adaptada a las necesidades individuales de cada persona. Más que eliminar comidas, el enfoque debería centrarse en mejorar la calidad de la alimentación a lo largo de todo el día. Porque al final, no se trata de comer menos, sino de comer mejor.

16/03/2026

Opinion “Cómo organizar una semana de alimentación saludable"por Byron Herrera👉 Organizar la alimentación semanal es una de las estrategias más efectivas para mejorar la salud, ahorrar tiempo y evitar decisiones impulsivas que generalmente terminan en comidas poco nutritivas. En la vida cotidiana, entre el trabajo, el estudio y las responsabilidades familiares, muchas personas terminan comiendo lo primero que encuentran o recurriendo con frecuencia a comida rápida. Sin embargo, dedicar unos minutos a planificar la alimentación de la semana puede marcar una gran diferencia en la calidad de la dieta y en el bienestar general.
El primer paso para organizar una semana de alimentación saludable es planificar el menú. Esto no significa que todos los días deban ser exactamente iguales o estrictos, sino tener una idea clara de qué se va a consumir en cada tiempo de comida. Lo recomendable es incluir al menos tres tiempos principales: desayuno, almuerzo y cena, y uno o dos refrigerios saludables. Una planificación equilibrada debe incluir alimentos de todos los grupos: proteínas, carbohidratos complejos, grasas saludables, frutas y verduras.
El desayuno debe ser un momento clave del día, ya que aporta energía para iniciar las actividades. Una opción saludable puede incluir una fuente de proteína como huevo, yogurt natural o queso, acompañada de carbohidratos complejos como avena, pan integral o granola sin azúcar. También es recomendable incluir fruta fresca, que aporta vitaminas, minerales y fibra. Un desayuno equilibrado ayuda a mejorar la concentración y evita el consumo excesivo de alimentos durante el resto del día.
En el almuerzo, que suele ser la comida principal, es importante aplicar lo que se llama el “plato equilibrado”. La mitad del plato debe estar compuesta por verduras, preferiblemente frescas o ligeramente cocidas; un cuarto del plato debe ser una fuente de proteína como pollo, pescado, huevos, legumbres o carne magra; y el cuarto restante puede incluir carbohidratos complejos como arroz integral, quinoa, papa o yuca. Este tipo de distribución permite cubrir las necesidades nutricionales sin excesos calóricos.
La cena debe ser más ligera que el almuerzo, pero igualmente nutritiva. Muchas personas cometen el error de saltarse la cena o, por el contrario, consumir alimentos muy pesados antes de dormir. Lo ideal es optar por preparaciones sencillas como ensaladas con proteína, tortillas de vegetales, combinaciones de verduras con pescado o pollo. Comer de manera moderada en la noche también favorece una mejor digestión y descanso.
Otro aspecto importante al organizar la semana es preparar una lista de compras. Una vez que se tiene el menú aproximado, es recomendable revisar qué alimentos se necesitan y adquirirlos con anticipación. Esto ayuda a evitar compras impulsivas y facilita mantener una alimentación saludable. En mercados o ferias inclusivas que se pueden encontrar frutas, verduras y productos frescos a mejor precio, lo que también contribuye a una alimentación más natural y menos procesada.
La preparación anticipada de algunos alimentos también puede ser una estrategia muy útil. Por ejemplo, se pueden lavar y cortar verduras para varios días, cocinar legumbres o granos como arroz o quinoa en mayor cantidad, o incluso preparar algunos refrigerios saludables. Tener alimentos listos o parcialmente preparados reduce el tiempo de cocina durante la semana y disminuye la tentación de consumir comida rápida.
Los refrigerios saludables cumplen un papel importante para mantener niveles de energía estables durante el día. Algunas opciones recomendadas incluyen frutas, yogurt natural, frutos secos en pequeñas cantidades, o combinaciones sencillas como manzana con mantequilla de maní o un puñado de nueces o almendras. Estos refrigerios ayudan a evitar periodos prolongados de ayuno y previenen el exceso de comida en las comidas principales.
Además, al organizar la alimentación semanal es importante considerar la variedad de alimentos. Consumir los mismos platos todos los días puede generar aburrimiento y abandono del plan. Por ello, se recomienda alternar diferentes fuentes de proteína, cambiar tipos de frutas y verduras según la temporada y probar nuevas preparaciones saludables. Esto no solo mejora la adherencia a una dieta saludable, sino que también garantiza un mejor aporte de nutrientes.
Finalmente, es fundamental recordar que una alimentación saludable no debe ser rígida ni generar estrés. La planificación semanal es una herramienta flexible que permite tomar decisiones más conscientes sobre lo que se come. Incluir ocasionalmente alimentos de preferencia o disfrutar de una comida especial también forma parte de una relación equilibrada con la comida. Lo importante es que, en la mayoría de los días, la alimentación esté basada en alimentos naturales, frescos y nutritivos.
Organizar una semana de alimentación saludable no requiere ser experto en nutrición, sino tener intención, planificación y constancia. Con pequeños cambios y una buena organización, es posible mejorar significativamente los hábitos alimentarios y contribuir al bienestar y la salud a largo plazo.

09/03/2026

Opinion “Día Mundial de la Obesidad: pequeños cambios que pueden mejorar nuestra salud"por Byron Herrera 👉 Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una fecha que busca generar conciencia sobre una de las enfermedades crónicas que más ha crecido en las últimas décadas. Aunque muchas veces se la asocia únicamente con la apariencia física, la obesidad es en realidad un problema de salud pública que incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, hígado graso, problemas articulares e incluso algunos tipos de cáncer. En Ecuador, las cifras reflejan la magnitud del problema: aproximadamente el 25,7 % de los adultos presenta obesidad y más del 60 % de la población tiene algún grado de exceso de peso entre sobrepeso y obesidad, lo que evidencia que cada vez más personas viven con esta condición.
La obesidad es una enfermedad compleja que no depende de un solo factor. Influyen los hábitos alimentarios, el nivel de actividad física, el entorno social, el estrés, el sueño y hasta factores genéticos. Sin embargo, uno de los elementos más determinantes es el cambio en los patrones de alimentación que se ha producido en las últimas décadas. Hoy en día existe un mayor consumo de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas, comida rápida y productos con alto contenido de grasa, azúcar y sodio, mientras que el consumo de frutas, verduras, legumbres y alimentos frescos ha disminuido. A esto se suma el sedentarismo, el uso prolongado de pantallas y el ritmo acelerado de la vida diaria que muchas veces dificulta planificar una alimentación equilibrada.
Desde el enfoque nutricional, es importante entender que la prevención y el manejo del sobrepeso y la obesidad no dependen de dietas extremas ni de soluciones rápidas, sino de cambios sostenibles en el estilo de vida. La alimentación saludable no significa dejar de comer o eliminar todos los alimentos que nos gustan, sino aprender a equilibrar las porciones, mejorar la calidad de lo que consumimos y volver a escuchar las señales naturales de hambre y saciedad del cuerpo. En muchos casos, el problema no es solo lo que comemos, sino cuánto comemos y con qué frecuencia.
Una recomendación sencilla para empezar es organizar mejor los tiempos de comida. Saltarse comidas, especialmente el desayuno o el almuerzo, suele provocar que más tarde se consuman porciones más grandes o alimentos menos saludables. Mantener tres comidas principales y uno o dos refrigerios saludables puede ayudar a controlar el apetito y evitar excesos. Otro aspecto importante es aumentar el consumo de alimentos naturales. Incluir diariamente frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y proteínas magras como pescado, pollo o huevos contribuye a mejorar la calidad nutricional de la dieta y a generar mayor sensación de saciedad.
También es fundamental reducir el consumo de bebidas azucaradas, uno de los principales aportes de calorías vacías en la dieta moderna. Muchas personas consumen refrescos, jugos industrializados o bebidas energéticas sin considerar que pueden aportar grandes cantidades de azúcar. Reemplazarlos por agua, infusiones o bebidas naturales sin azúcar es un cambio sencillo que puede marcar una diferencia importante en la salud.
Otro hábito clave es aprender a controlar las porciones. En la actualidad, las porciones de comida han aumentado significativamente en comparación con décadas anteriores. Utilizar platos más pequeños, servir cantidades moderadas y evitar repetir sin tener hambre son estrategias que ayudan a regular la ingesta calórica. Comer despacio y masticar adecuadamente también permite que el cerebro reciba a tiempo la señal de saciedad, evitando comer más de lo necesario.
La actividad física es otro pilar fundamental. No es necesario empezar con rutinas intensas; caminar al menos 30 minutos al día, subir escaleras, bailar o realizar cualquier actividad que implique movimiento ya genera beneficios para la salud. Lo importante es encontrar una actividad que resulte agradable y que pueda mantenerse en el tiempo.
El Día Mundial de la Obesidad nos recuerda que este problema no debe abordarse desde la culpa o el estigma, sino desde la educación, la prevención y el acompañamiento profesional. Cada pequeño cambio cuenta: elegir alimentos más naturales, moverse más, mejorar la calidad del sueño y reducir el consumo de ultraprocesados son pasos que pueden marcar una diferencia significativa en la salud de las personas y de la sociedad en general.

02/03/2026

Opinion “Comer por costumbre y no por hambre"por Byron Herrera👉 A muchas personas les ha pasado: terminan de almorzar, se sienten satisfechas, incluso algo llenas, pero al mirar el plato aún queda comida. Aunque el cuerpo ya no lo necesita, la mano sigue llevándose el último bocado a la boca. No por hambre, sino por costumbre. A este comportamiento se lo conoce como síndrome del plato vacío, una conducta aprendida que nos lleva a comer más allá de nuestras necesidades reales y que, sostenida en el tiempo, puede convertirse en un factor de riesgo para el sobrepeso, la obesidad y una relación poco saludable con la comida.
Este síndrome no aparece de la nada. En la mayoría de los casos tiene raíces culturales y familiares profundas. Muchas personas crecieron escuchando frases como “la comida no se bota”, “hay que terminar todo” o “piensa en los niños que no tienen qué comer”. Estas ideas, aunque nacen desde la escasez, el esfuerzo y la buena intención, terminan enseñándonos a ignorar las señales internas del cuerpo. Poco a poco aprendemos que el plato vacío es la señal de que la comida terminó, no la saciedad.
El problema es que el cuerpo funciona de otra manera. El hambre es una señal fisiológica compleja, regulada por el cerebro, las hormonas y los niveles de glucosa en sangre. Puede manifestarse como vacío en el estómago, irritabilidad, cansancio o dificultad para concentrarse. La saciedad, en cambio, es la sensación de satisfacción que aparece cuando el organismo ya recibió la energía suficiente. Cuando comemos respetando estas señales, el cuerpo se autorregula de forma natural. Pero cuando comemos por obligación, por culpa o por hábito, enviamos mensajes confusos al cerebro y debilitamos esta capacidad innata de autorregulación.
Diversos estudios han demostrado que el tamaño de la porción influye más en cuánto comemos que el hambre real. Investigaciones en comportamiento alimentario muestran que tanto niños como adultos tienden a comer lo que tienen servido, independientemente de si lo necesitan o no. En la infancia, esto es especialmente relevante, ya que los niños no dejan de comer cuando están llenos, sino cuando el plato se vacía. Así, sin darse cuenta, aprenden desde pequeños a depender de señales externas para decidir cuándo parar.
Lejos de desaparecer con la edad, este patrón suele mantenerse en la adultez. Comer hasta terminar el plato se convierte en una norma automática que afecta el autocontrol. Por eso muchas personas sienten que no pueden comer solo un poco de chocolate, unas pocas galletas o una porción pequeña de postre. No es falta de fuerza de voluntad, sino un aprendizaje repetido durante años: si está servido, hay que terminarlo.
Salir del síndrome del plato vacío implica reaprender a escuchar al cuerpo. La alimentación consciente o alimentación intuitiva propone justamente eso: volver a reconocer el hambre y la saciedad sin juicios ni culpas. Un primer paso es preguntarse durante la comida si se sigue comiendo por gusto o solo por costumbre. Reconocer la diferencia entre “tengo hambre” y “solo no quiero dejar comida” es clave para cambiar el patrón.
Otro ejercicio útil es dejar voluntariamente un pequeño bocado en el plato. No se trata de desperdiciar alimentos, sino de entrenar la mente a tolerar la sensación de no terminar todo. Al inicio puede generar incomodidad, pero con el tiempo ayuda a romper la asociación entre plato vacío y comida correcta. También es importante trabajar la culpa. Guardar lo que sobra para otra comida, compartir porciones o pedir envases para llevar son estrategias simples que permiten respetar la saciedad sin desperdiciar.
Finalmente, es fundamental recordar que dejar comida no es una falta de respeto ni un error. Es una forma de autocuidado. Comer cuando hay hambre y parar cuando aparece la saciedad es una habilidad que todos tenemos, pero que muchas veces hemos olvidado. Recuperarla no solo mejora la relación con la comida, sino que también protege la salud física y emocional a largo plazo.

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Sanchez De Orellana Y Marquez De Maenza (Clinica Latancunga)
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