22/06/2026
Efectos deletéreos del ayuno intermitente en pacientes con obesidad, diabetes y descompensación metabólica crítica
El ayuno intermitente se ha popularizado como una estrategia nutricional para la pérdida de peso y la mejoría de algunos parámetros metabólicos. Sin embargo, su efecto no puede interpretarse como universalmente beneficioso. La respuesta al ayuno depende de manera importante del estado metabólico basal del paciente, especialmente de la reserva funcional de la célula beta pancreática, la integridad mitocondrial, la capacidad autofágica-lisosomal y el grado de estrés celular preexistente.
En pacientes con obesidad severa, diabetes establecida y descompensación metabólica crítica, la célula beta suele encontrarse sometida a una demanda secretoria excesiva y sostenida. Este escenario se acompaña de resistencia a la insulina, lipotoxicidad, disfunción mitocondrial, acumulación de proteínas mal plegadas, estrés del retículo endoplásmico y activación persistente de las vías de respuesta a proteínas desplegadas y del sistema ubiquitina-proteasoma. En este contexto, imponer períodos prolongados de ayuno podría no representar un estímulo adaptativo, sino una carga adicional sobre una célula ya vulnerable.
Uno de los puntos centrales es que los posibles efectos protectores del ayuno intermitente dependen de una maquinaria autofágica-lisosomal funcional. En modelos murinos de diabetes inducida por obesidad, el ayuno intermitente logró restaurar el flujo autofágico, mejorar la supervivencia de las células beta y aumentar la expresión de NEUROG3, un marcador asociado a regeneración pancreática. Sin embargo, estos beneficios desaparecieron cuando existía disfunción lisosomal por deficiencia de LAMP2 o alteración de BECN1/Beclina 1, moléculas esenciales para el mantenimiento del proceso autofágico.
Este hallazgo es clínicamente relevante porque demuestra que el ayuno no protege por sí mismo; protege solo cuando la célula conserva la capacidad de reciclar organelos dañados, degradar proteínas alteradas y mantener el flujo autofágico. Cuando esta vía está comprometida, el ayuno intermitente no solo pierde su efecto favorable, sino que puede favorecer la muerte celular. De hecho, en modelos con deficiencia de LAMP2, el ayuno fue suficiente para inducir muerte de células beta incluso en animales no obesos, lo que refuerza la importancia crítica de la función lisosomal en la homeostasis pancreática durante el ayuno.
En células beta con capacidad autofágica comprometida, el ayuno intermitente se ha asociado con acumulación de mitocondrias dañadas, incremento de especies reactivas de oxígeno, bloqueo del flujo autofágico, acumulación de autofagosomas no degradados y aumento de apoptosis en células de los islotes. Estos mecanismos coinciden con el perfil fisiopatológico de pacientes con obesidad severa y diabetes descompensada, en quienes la célula beta ya se encuentra sometida a estrés oxidativo, sobrecarga secretoria y deterioro progresivo de sus sistemas de control de calidad celular.
Otro aspecto importante es el patrón de hipersecreción compensatoria seguido de agotamiento funcional. En modelos con metabolismo glucémico inadecuado, el ayuno intermitente se ha relacionado con mayor apoptosis de células de los islotes, aumento de especies reactivas de oxígeno, reducción del volumen del tejido insular y aumento sustancial de la secreción de insulina. Este último dato puede interpretarse como una respuesta compensatoria inicial, pero en un paciente con resistencia a la insulina severa podría acelerar el agotamiento de una célula beta que ya trabaja por encima de su capacidad fisiológica.
La duración del ayuno también parece ser determinante. La evidencia experimental sugiere que el ayuno intermitente de corta duración puede mejorar algunos parámetros de homeostasis glucémica sin alterar de forma importante la morfología o función de los islotes. Sin embargo, cuando se mantiene de forma crónica, especialmente en etapas de mayor vulnerabilidad biológica, puede deteriorar la maduración y función de las células beta. Estos hallazgos obligan a diferenciar entre intervenciones breves, supervisadas y en pacientes seleccionados, frente a la práctica prolongada, rígida o no controlada del ayuno en personas metabólicamente inestables.
En pacientes con diabetes tipo 2, además del daño celular potencial, deben considerarse las complicaciones agudas. El ayuno intermitente puede aumentar el riesgo de hipoglucemia, cetoacidosis, deshidratación, hipotensión y eventos trombóticos, especialmente cuando existe tratamiento con insulina, sulfonilureas, descontrol glucémico, baja ingesta hídrica o comorbilidades cardiovasculares y renales. Por esta razón, cualquier intervención basada en ayuno debe individualizarse, ajustar medicación y acompañarse de monitoreo glucémico frecuente.
En el paciente con obesidad severa, adiposidad visceral marcada y desregulación hormonal, los períodos prolongados de ayuno también pueden generar oscilaciones metabólicas intensas. Durante el ayuno, el aumento de la lipólisis eleva la liberación de ácidos grasos libres, incluido el ácido palmítico, con potencial efecto lipotóxico sobre la célula beta. Si esta célula ya presenta disfunción mitocondrial, estrés del retículo endoplásmico y activación persistente de vías de supervivencia celular, esta sobrecarga puede favorecer la transición hacia apoptosis y pérdida funcional irreversible.
La evidencia disponible sugiere que el ayuno intermitente podría tener una ventana terapéutica estrecha. En pacientes con diabetes tipo 2 temprana, de corta evolución y con control metabólico relativamente conservado, algunos estudios han mostrado mejoría de la función beta y reducción de la resistencia hepática a la insulina. En cambio, en poblaciones con diabetes más avanzada, obesidad importante y HbA1c elevada, los beneficios sobre el control glucémico parecen ser más limitados, incluso cuando existe cierta pérdida de peso.
Por lo tanto, el ayuno intermitente no debe presentarse como una estrategia inocua ni universal. En pacientes con prediabetes, obesidad leve o diabetes temprana, cuidadosamente seleccionados y con supervisión clínica, puede formar parte de una intervención metabólica estructurada. Sin embargo, en pacientes con obesidad severa, diabetes descompensada, hiperglucemia sostenida, sospecha de falla progresiva de célula beta, estrés metabólico crítico o alto riesgo de hipoglucemia, el ayuno intermitente puede ser contraproducente.
En conclusión, el ayuno intermitente puede ser deletéreo cuando se aplica en pacientes con células beta metabólicamente agotadas, maquinaria autofágica-lisosomal comprometida, disfunción mitocondrial severa y activación sostenida de mecanismos de estrés celular. En estos casos, puede favorecer acumulación de mitocondrias dañadas, aumento de estrés oxidativo, bloqueo del flujo autofágico, apoptosis de células beta, reducción del volumen insular, hipersecreción compensatoria seguida de agotamiento funcional y complicaciones agudas como hipoglucemia, cetoacidosis, deshidratación o trombosis.
La indicación de ayuno intermitente en pacientes con diabetes establecida debe realizarse con prudencia. Más que preguntar si el ayuno intermitente “sirve” o “no sirve”, la pregunta clínica correcta es: en qué paciente, en qué momento metabólico, con qué grado de reserva pancreática, bajo qué tratamiento farmacológico y con qué nivel de supervisión. La evaluación individualizada sigue siendo esencial para evitar que una intervención potencialmente útil en ciertos escenarios se convierta en un factor de daño en pacientes metabólicamente vulnerables.
Referencias
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Dr. Jorge Criollo
Medicina y Nutrición Clínica