02/06/2026
Antes de vivir la realidad de una residencia hospitalaria de tiempo completo, veía las críticas hacia los posgrados modulares o lato sensu como una simple disputa de espacios laborales. Hoy, luego de haber pasado por una formación de Cirugía Maxilofacial, viviendo guardias y cargas completas de 4 años, me doy cuenta de la gravedad del asunto. Esto no es una competencia por quién trabaja; es un tema de seguridad del paciente, ética y salud pública.
Nadie está exento de complicaciones, la cirugía nos enseña humildad a todos y en los hospitales docentes también las vivimos, pero existe un abismo entre “tomar un curso” y “formarse en una residencia”. Por más que las clases de los programas modulares sean de horario extendido, jamás podrán cubrir la carga de entrenamiento necesaria. La verdadera experiencia se gana haciendo y practicando dentro del quirófano, combinando el conocimiento teórico con la habilidad práctica en el manejo diario del paciente crítico. La consecuencia de una formación deficiente no es una mala nota; son pacientes reales sometidos a múltiples cirugías reconstructivas para intentar devolverles la función tras un fracaso evitable.
Esto no es una queja, es un llamado a la conciencia de los profesionales de nuestra especialidad . Si nuestra meta es elevar el estándar del país y posicionar a nuestra especialidad como un referente internacional, la visión debe ser unánime. No podemos avanzar abaratando los procesos formativos. Debemos buscar siempre la excelencia y nunca la facilidad, porque el paciente que confía su rostro y su vida en nuestras manos no merece menos que nuestro máximo sacrificio y destreza.