14/05/2026
Hace 𝟖 𝐬𝐞𝐦𝐚𝐧𝐚𝐬, cuando María empezó a trabajar con nosotras, no podía tener chocolate en casa.
Si empezaba, no podía parar. Se comía la tableta entera. En una sentada.
Una vez que empezaba, se activaba el: “𝑦𝑎 𝑞𝑢é 𝑚á𝑠 𝑑𝑎, 𝑦𝑎 𝑙𝑎 ℎ𝑒 𝑐𝑎𝑔𝑎𝑑𝑜”. El chocolate era su momento, su oportunidad de comer lo que se había prohibido.
Hoy, después de 8 semanas en Re-Conecta, tiene chocolate en el armario. Se come un trozo cuando le apetece. Lo disfruta. Y para.
¿𝐐𝐮é 𝐡𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨 𝐣𝐮𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐬𝐞𝐚 𝐩𝐨𝐬𝐢𝐛𝐥𝐞?
1. La ayudamos a entender que el chocolate es simplemente un alimento más. Antes, para ella comer chocolate era “𝑢𝑛 𝑒𝑟𝑟𝑜𝑟”. Y si ya había fallado, daba igual seguir. Trabajamos para que viera que tener una relación sana con la comida pasa por poder comer cualquier alimento, independientemente de su valor nutricional.
2. Dejó de etiquetar alimentos como prohibidos o permitidos. Cuanto más te prohibes algo, más poder tiene sobre ti. Cuando dejó de prohibirse el chocolate, dejó de ser “𝑙𝑎 𝑜𝑝𝑜𝑟𝑡𝑢𝑛𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑝𝑜𝑑í𝑎 𝑑𝑒𝑠𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑐𝑖𝑎𝑟”. Es solo chocolate. Está ahí cuando quieras.
3. Trabajamos gradualmente la exposición a alimentos que antes consideraba prohibidos. No fue de un día para otro. Fue un proceso progresivo: detectar qué alimentos se prohibía, entender de dónde venía esa prohibición, y exponerse a ellos poco a poco hasta que pudo tenerlos en casa sin que le generaran ansiedad.”
Se trata de detectar qué prohibiciones y normas tienes, analizar de dónde vienen y desactivarlas para que dejen de condicionar tu alimentación.
Eso es lo que hacemos en Re-Conecta: acompañarte 8 semanas para que puedas tener chocolate en casa, disfrutarlo y parar. Sin lucha. Sin culpa. Sin el «ya qué más da».
Si te reconoces en el «antes» de María,
comenta 𝐑𝐄𝐂𝐎𝐍𝐎𝐙𝐂𝐎 y te conta