10/09/2026
Los últimos resultados del informe PISA vuelven a poner sobre la mesa una realidad que no deberíamos simplificar.
El rendimiento académico de nuestros niños depende de muchísimos factores: el sistema educativo, el contexto familiar y social, la motivación, el sueño, la salud emocional, los hábitos de lectura, la atención, el uso de pantallas… Es un problema multifactorial y buscar un único culpable no nos ayuda.
Pero también creo que debemos reflexionar sobre el entorno en el que están creciendo.
Vivimos en una sociedad de la inmediatez: respuestas rápidas, estímulos constantes, vídeos cortos, cambios continuos de atención… Y pensar necesita justo lo contrario: parar, esperar, sostener el esfuerzo, equivocarse, volver a intentarlo y tolerar no tener una respuesta inmediata.
No significa que los niños sean menos inteligentes. Significa que ciertas capacidades también necesitan entrenarse y que, quizá, cada vez les estamos ofreciendo menos oportunidades para hacerlo.
En lugar de buscar culpables, deberíamos preguntarnos algo mucho más útil:
¿Estamos creando entornos que realmente enseñen a nuestros niños a pensar?