28/05/2026
Se acerca el verano y, de repente, vuelven las prisas.
Las “operaciones bikini”.
Los retos extremos.
Las dietas absurdas.
El miedo a ponerse un bañador.
Y mientras tanto, muchas personas empiezan otra vez a castigarse delante del espejo.
El problema no es tu cuerpo.
El problema es haber normalizado que tu valor cambie según cómo se te marque el abdomen en junio.
No necesitas deshidratarte.
No necesitas pasar hambre.
No necesitas vivir enfadada/o con tu cuerpo para merecer disfrutar del verano.
La salud no debería construirse desde el castigo.
Sí, cuidar la alimentación importa.
Sí, mejorar hábitos puede ayudarte a sentirte mejor física y mentalmente.
Pero una cosa es cuidarse y otra muy distinta vivir obsesionada intentando encajar en un estándar imposible.
Porque muchas veces detrás de la “motivación” hay ansiedad, culpa y agotamiento.
Y eso también pasa factura.
Este verano intenta hacer algo radical:
comer con más calma, moverte porque te hace sentir bien y dejar de pensar que tu cuerpo tiene que ganarse el derecho a existir en una playa.
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