05/09/2026
5 de septiembre de 1994.
10:54 de la mañana.
Maracaibo, Venezuela.
Naciste tú.
Y nací yo.
Yo ya existía, claro. Pero aquella mañana nació una mujer que todavía no conocía: tu madre.
Llegaste a mi vida y me diste una razón para vivir. Me llenaste de un amor que no sabía que cabía dentro de mí y despertaste una fuerza que tampoco sabía que tenía.
Porque de repente había una vida que para mí valía más que la mía.
La tuya.
Hoy cumples 32 años, mi niña, y no quiero decirte solamente que te amo.
Quiero que sepas que tu vida importa. Que tu existencia ha dejado huella. Que eres importante por quien eres, no por cuánto puedas sostener, resolver, cuidar o entregar.
Tú.
Simplemente tú.
Hoy, buscando fotografías para celebrar tu vida, he recorrido también la nuestra.
He encontrado a mi niña: la que mandaba a ordenar su habitación y encontraba jugando en medio del reguero 😂; la del primer día de primaria, con su mochila a cuestas y toda una vida por estrenar.
Y después te he visto crecer.
La niña se hizo mujer.
He encontrado a la mujer que me sostuvo cuando fui yo quien necesitó ser sostenida.
Y un día, casi sin darme cuenta, la hija a la que yo había sostenido apareció en mis fotografías sosteniendo a su propio hijo.
También me encontré a mí en ellas. Y entendí que en muchas ni siquiera estaba pensando en cómo salía.
Te estaba mirando a ti.
Quizá por eso existen tantas: porque durante estos 32 años una parte enorme de mi mirada ha estado puesta en verte vivir.
Y todavía hoy te miro y pienso:
Madre mía… ¿la nací yo? 🥹
Sí.
Yo parí a aquella niña.
Pero la mujer que eres hoy la has construido tú.
Eres mujer.
Eres hija.
Eres madre.
Eres Diosa.
Pero antes de todos esos nombres, eres Yoe.
Mi hija mayor.
La que abrió la puerta.
Mi primer gran amor.
Feliz vuelta al Sol, mi hermosa Yoe. 💖
Que nunca, absolutamente nunca, dudes de que este mundo es distinto porque tú naciste.
Te amo más allá de todo lo que las palabras puedan explicar.
Mamá. ❤️