15/06/2026
Hoy Google Fotos me mostró uno de esos vídeos que recorren años de vida en apenas unos segundos.
He visto cambiar mi cuerpo.
Mi cabello.
Mi forma de vestir.
Mis prioridades.
Mis circunstancias.
He visto distintas versiones de mí.
Y, sin embargo, hay algo que permanece.
Mi esencia.
He sonreído en casi todas las fotografías.
Y sé que muchas de esas sonrisas convivían con dolores que nadie veía.
Porque las mujeres solemos cargar mucho más de lo que mostramos.
Llevamos responsabilidades invisibles, emociones propias y ajenas, duelos, miedos, preocupaciones, culpas y expectativas.
Durante años aprendemos a sostenerlo todo.
Hasta que un día despertamos.
Y comprendemos que cuidarnos no es egoísmo.
Es una necesidad.
Que poner límites no es dejar de amar.
Es empezar a amarnos también a nosotras.
Al mirar estas fotos he recordado muchas cosas.
Momentos hermosos.
Momentos difíciles.
Pérdidas.
Aprendizajes.
Caídas.
Renacimientos.
Y también he recordado que sigo aquí.
Hace unos días una hermana me dijo:
— ¡Estás canosa!
Y sonreí.
Porque sí.
Estoy canosa.
Y muy viva.
Cada cana cuenta una historia.
Una lección.
Una herida sanada.
Un aprendizaje.
Una parte del camino recorrido.
Ya no siento necesidad de esconderlas.
Porque son la prueba de todo lo que he vivido.
Y de todo lo que he superado.
Como doula aprendí hace tiempo que antes de acompañar a otras personas debo acompañarme y sostenerme a mí misma.
Y quizá esa sea una de las enseñanzas más importantes de esta etapa de mi vida:
Seguir amando.
Seguir sintiendo.
Seguir cuidando.
Pero sin olvidarme de mí.
💜🌙