12/06/2026
la crisis del mundo es, ante todo, una crisis de principios. toda civilización muere cuando olvida el principio sagrado que le dio origen. sin trascendencia, la política, las nuevas prácticas espirituales, lo alternativo y demás propuestas de mercado se vuelven administración del vacío.
el individualismo es el signo de la disolución espiritual y del espíritu. la tradición antes de ser invertida e intervenida era transmisión de un origen suprahumano. la desacralización del mundo conduce inevitablemente al caos. la tradición bien entendida no es culto a las cenizas, sino custodia del fuego.
lo que necesitamos como especie, como humanidad, no es simplemente •más religión• ni •más tecnología”• sino una nueva forma de cultivo humano profundo compatible con las sociedades científicas y cambiantes.
una sociedad creativa necesita personas capaces de aprender a cooperar, a no ser indiferentes, a madurar en nuestra capacidad de vínculo con la realidad y con el otro, que lleve a percibir interdependencia, unidad, cuidado mutuo, responsabilidad planetaria y desarrollo de sensibilidad.
la verdadera inteligencia no es artificial, es vincular.
no podemos agotarnos en nosotros mismos. toda civilización a de estar orientada hacia lo trascendente.