25/08/2026
Hoy he tenido en consulta un caso que me ha hecho pensar precisamente en esto: ¿qué hacemos cuando tratamos una microbiota endometrial, pero no conseguimos que cambie?
Una paciente que lleva tiempo realizando controles y tratamiento de su microbiota endometrial. A pesar de la suplementación, sus Lactobacillus no aumentan como esperaríamos.
Pero cuando revisamos su historia clínica, hay mucho más que una microbiota alterada.
Tiene antecedentes de dos cirugías ginecológicas: una metroplastia con septoplastia uterina y una conización cervical tras una infección por VPH.
Además, presenta disbiosis digestiva y está atravesando un periodo de estrés importante.
Y aquí es donde debemos dejar de mirar únicamente el resultado de un test y empezar a preguntarnos:
🤔¿En qué contexto está intentando recuperarse esa microbiota?
Cirugías, antecedentes infecciosos, inflamación, estado de las mucosas, inmunidad, contexto hormonal y metabólico, microbiota intestinal, estrés y regulación del sistema nervioso… pueden formar parte de una historia clínica mucho más amplia.
Especialmente el estrés crónico, que puede interactuar con el eje intestino-cerebro, la función gastrointestinal, la inmunidad y la inflamación. No podemos afirmar que el estrés sea la causa de una disbiosis endometrial, pero tampoco podemos ignorar el contexto fisiológico en el que esa disbiosis está persistiendo.
Por eso, cuando después de meses de suplementación los resultados apenas cambian, quizá la respuesta no sea simplemente añadir otro probiótico.
A veces necesitamos cambiar la pregunta:
¿Qué puede estar dificultando que este ecosistema encuentre un nuevo equilibrio?
Eso es lo que significa para mí trabajar desde una mirada integrativa: no tratar una analítica, una microbiota o un órgano de forma aislada, sino intentar comprender a la persona que tenemos delante.
¿Te ha pasado que, a pesar de tratar tu microbiota, los controles siguen prácticamente igual? Te leo en comentarios.