16/06/2026
“Antes mi madre era la más amable de las abuelas y ahora critica a cualquiera que se le pasa por delante”
Perder el filtro con la edad...
“No hay quien se coma esta carne”, recuerda Pepa que dijo su madre, María (85 años), en la última comida familiar. Remataba con un “mujer, está claro que la cocina no es lo tuyo”. Podría ser simplemente un comentario sin importancia o una muestra de la más absoluta franqueza, y donde hay confianza, ya se sabe. Pero también puede responder a que a medida que pasan los años, se va perdiendo “filtro”. Esta sencilla frase ha molestado y, a la vez, preocupado a la familia de María. “Mamá antes era la más amable de las abuelas; ahora critica al que se le pase por delante, desconocidos incluidos”, lamenta Pepa.
Es posible que esta situación nos resuene bastante y traigamos a la memoria el caso de familiares mayores que se expresan de manera similar, o las veces que hemos presenciado escenas parecidas en el supermercado, en la sala de espera del médico o en el autobús. U otras frases que se dicen sin venir a cuento, como “te veo demasiado delgado” o “fíjate lo que has engordado”; “¿sigues con ese novio tan horroroso?”; “no es por meterme en vuestra vida, pero esta forma de criar está mal”; “eso no es música, es ruido” o “¿cómo te has hecho ese corte de pelo tan feo?”.
Llegada la madurez, algunas personas pierden el pudor a decir cosas que antes no decían o no les importa manifestar lo que realmente piensan, sin tamizar sus palabras ni valorar el contexto en el que pueden resultar fuera de lugar, groseras, inapropiadas, ofensivas o, incluso, hirientes. Se dice que alguien no tiene “filtro” cuando habla sin tener en cuenta ni medir cómo puede impactar lo que dice en los demás; sin pensar en quien recibe el mensaje. No es que haya mala intención, ni mala educación ni descortesía; aquí participan una serie de procesos psicológicos, cambios neurológicos naturales y factores sociales.
No es solo una percepción. Existen varias investigaciones, como la publicada en The Journals of Geronthology, que demuestran que la función inhibitoria disminuye con la edad y puede afectar diversos dominios cognitivos. “No es que no quieran callarse, es que al cerebro le cuesta más trabajo hacerlo a tiempo y no es capaz de inhibir esa primera respuesta o pensamiento”, explica el psicólogo Javier Tubío, experto en psicogerontología, docente e investigador en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
La corteza prefrontal es la zona del cerebro relacionada con el control inhibitorio, responsable de regular lo que decimos, y es una de las primeras en deteriorarse con el envejecimiento natural