03/09/2026
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Viajar con un tratamiento tiene más complicaciones de las que parece
Cada verano, miles de personas con enfermedades crónicas se enfrentan a una logística que va mucho más allá de hacer la maleta: cómo conservar la insulina sin que se eche a perder, si los ansiolíticos pasarán el control del aeropuerto sin problemas, si el ibuprofeno de siempre puede combinarse con el sol de la playa. Son preguntas con respuesta, y conocerla antes de salir de casa puede evitar sustos que arruinen las vacaciones. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) actualiza cada temporada sus recomendaciones para el transporte y la conservación de fármacos en verano, y tanto AENA como la normativa europea contemplan excepciones específicas para los viajeros con tratamientos crónicos. Lo que no siempre se sabe es cómo aplicar todo eso a la realidad del viaje.
Lo que el calor hace a tu medicación
El calor no solo incomoda a las personas; también altera la composición química de muchos remedios, reduciendo su eficacia o modificando sus propiedades sin que nos demos cuenta. Por ello, la AEMPS distingue tres rangos de conservación: medicamentos que deben mantenerse entre 2 y 8 grados, como la insulina o ciertas vacunas; los que aguantan hasta 25 grados; y los que toleran hasta 30 grados.
Cuando uno que debería estar en nevera permanece varias horas a 35 o 40 grados, su eficacia se reduce de forma significativa, aunque el envase tenga el mismo aspecto de siempre. Las cremas, supositorios y óvulos son especialmente sensibles: si su textura o color han cambiado al abrir el tubo o blister, no deben utilizarse.
Lo más peligroso es no saber cuándo ha dejado de ser fiable. El maletero de un coche aparcado al sol puede superar fácilmente los 60 grados en verano; la guantera ronda los 45; y la mochila en la playa no está mucho mejor.
La AEMPS recomienda transportar siempre en el habitáculo del vehículo, dentro de una bolsa opaca, alejada de la exposición directa a la luz y guardarla en el alojamiento en un lugar fresco y seco, lejos de aparatos eléctricos, ventanas soleadas y baños con humedad.
Para los que requieren cadena de frío, la solución son las neveras portátiles con acumuladores de temperatura regulada, teniendo en cuenta que los estos nunca deben estar en contacto directo con el fármaco para evitar congelarlo.
Cada verano, miles de personas con enfermedades crónicas se enfrentan a una logística que va mucho más allá de hacer la maleta