28/07/2026
Mi proceso con la cándida.
Hace unos veinte años mi salud estaba muy debilitada. Vivía con poca energía y cualquier resfriado podía convertirse en semanas de fiebre leve, malestar y bronquitis.
Un naturópata me habló por primera vez de un posible desequilibrio relacionado con la cándida y me recomendó cambiar radicalmente mi alimentación.
Sin embargo, en aquel momento no comprendí bien cómo llevar aquella información a la práctica.
Poco después, durante un viaje a Nueva York, entré por casualidad en una tienda de suplementos. Al fondo había un hombre trabajando con un microscopio.
Me explicó que realizaba análisis de sangre viva y concerté una consulta con él.
Ver mi propia sangre en una pantalla cambió algo dentro de mí. Más allá de las interpretaciones de aquel análisis, entendí que mi alimentación y mi terreno interno podían estar relacionados con el cansancio, la niebla mental y mi dificultad para recuperarme.
Durante los meses siguientes eliminé azúcares, harinas, gran parte de los carbohidratos, frutas dulces y lácteos.
Mi alimentación se basó principalmente en batidos y zumos verdes, aguacate, apio, pepino, espinacas, grasas saludables y caldos.
Al cabo de unas semanas empecé a notar más energía. Con los meses, mi sensación de bienestar cambió profundamente.
Aquella experiencia despertó en mí una enorme curiosidad por comprender el cuerpo humano.
Por eso decidí formarme en análisis de sangre viva en Chicago y, más adelante, abrí mi primera consulta en Santa Mónica, California.
Hoy acompaño a otras personas a observar sus hábitos, síntomas y terreno biológico con una mirada integral.
El cansancio persistente, la niebla mental, las digestiones difíciles o las infecciones recurrentes pueden tener muchas causas y siempre merecen una valoración adecuada.
Esta no es una promesa de curación ni un diagnóstico, sino el relato del proceso que cambió mi vida y marcó el comienzo de mi trabajo.