01/09/2026
Diabetes y pies: pequeños cuidados que pueden evitar grandes complicaciones.
En una persona con diabetes, una herida pequeña en el pie puede convertirse en un problema serio si pasa desapercibida. Con el tiempo, la diabetes puede dañar los nervios y reducir la sensibilidad. Así, una ampolla, una rozadura o incluso una piedrecita dentro del zapato puede lesionar la piel sin que la persona sienta dolor.
A esto puede sumarse una menor circulación de sangre hacia los pies, lo que dificulta que una herida se cierre y que el organismo combata una infección. Cuando ambos problemas coinciden, una lesión aparentemente pequeña puede avanzar hasta convertirse en una úlcera, una infección profunda o, en casos graves, gangrena.
Por eso, uno de los cuidados más importantes es sencillo: mirar los pies todos los días. Hay que revisar la planta, los talones y especialmente entre los dedos buscando cortes, ampollas, zonas rojas, hinchazón, cambios de color, callos con sangre o puntos que estén más calientes que el resto. No sentir dolor no significa que el pie esté sano.
Hay hábitos que hacen una gran diferencia:
- Lava los pies diariamente con agua tibia, no caliente, sécalos bien y presta especial atención a los espacios entre los dedos. Si la piel está seca, puedes aplicar una crema hidratante en el pie, pero evita ponerla entre los dedos para no mantener esa zona húmeda.
- No camines descalzo, ni siquiera dentro de casa. Utiliza zapatos que protejan todo el pie y calcetines que no aprieten ni produzcan rozaduras. Antes de ponerte los zapatos, revisa su interior: una pequeña piedra u objeto puede permanecer allí y provocar una lesión que quizá no llegues a sentir.
- Los callos y las durezas también merecen cuidado. No los cortes tú mismo ni utilices productos químicos para eliminarlos si tienes diabetes, porque puedes romper la piel y facilitar una infección. Es preferible que un profesional indique cómo tratarlos.
- Las uñas deben cortarse en línea recta, sin profundizar en las esquinas. Si son muy gruesas, están deformadas o tienes dificultad para ver o alcanzar tus pies, es mejor que las revise un profesional.
Y hay otro punto fundamental: mantener controlada la glucosa, la presión arterial y evitar fumar ayuda a proteger la circulación y los nervios, reduciendo factores que favorecen las complicaciones del pie diabético.
¿Cuándo no conviene esperar?
Si aparece un corte, ampolla o herida que no empieza a mejorar después de unos días, o notas enrojecimiento, calor, hinchazón, dolor, secreción o un cambio importante de color, debes contactar con tu equipo médico.
Una zona negra, mal olor o una infección que está avanzando requiere atención médica inmediata.
El objetivo del cuidado diario no es vivir con miedo a perder un dedo o un pie. Es mucho más práctico: detectar una lesión cuando todavía es pequeña y darle atención antes de que se convierta en una complicación mayor.
En personas con diabetes, revisar los pies diariamente puede parecer un gesto mínimo, pero es una de las medidas de prevención más importantes que pueden incorporarse a la rutina.