22/04/2026
La neuropatía periférica ocurre cuando los nervios que llevan señales entre el cerebro, la médula espinal, las piernas, los pies, las manos y otras partes del cuerpo empiezan a dañarse.
Muchas veces comienza de forma muy sutil: hormigueo en los dedos de los pies, sensación de ardor, pinchazos, entumecimiento o una especie de “corriente” en la planta de los pies.
Al principio puede parecer algo sin importancia. Algunas personas creen que es cansancio, mala circulación, zapatos incómodos o pasar mucho tiempo de pie.
Pero cuando el daño nervioso progresa, los síntomas pueden extenderse desde los pies hacia los tobillos, las pantorrillas y, en algunos casos, hacia las manos.
También puede aparecer pérdida de sensibilidad, dificultad para sentir frío o calor, sensación de caminar “sobre algodón”, debilidad muscular, calambres o problemas de equilibrio.
La causa más frecuente suele ser la diabetes mal controlada, pero también puede relacionarse con deficiencia de vitamina B12, consumo excesivo de alcohol, problemas de tiroides, enfermedades autoinmunes, infecciones, lesiones nerviosas o algunos medicamentos.
Cuando los nervios se lesionan durante mucho tiempo, dejan de enviar las señales correctamente. Por eso algunas personas sienten dolor aunque no exista una herida visible, mientras que otras pierden sensibilidad y dejan de notar presión, calor o pequeñas lesiones en los pies.
Detectarla temprano es importante porque algunas neuropatías sí pueden estabilizarse, mejorar parcialmente o incluso revertirse si se encuentra y trata la causa a tiempo.
Por ejemplo, controlar mejor la diabetes, corregir una deficiencia de vitaminas, disminuir el consumo de alcohol o tratar una enfermedad subyacente puede ayudar a frenar el avance del daño nervioso.
Por eso, si el hormigueo, ardor, entumecimiento o dolor persisten durante semanas o empiezan a subir por las piernas, conviene buscar valoración médica antes de que el daño avance más.