22/07/2026
Tengo 45 años. Y hubo una época en la que no reconocía mi propio cuerpo en el espejo.
Cogí muchísimos kilos. Viví fuera, en Inglaterra, sola con mi cabeza y con la comida, y ahí se instaló del todo: cuanto más intentaba controlarme, más fuerte era el atracón después. Restricción, atracón, culpa, más restricción. Un bucle que parecía no tener salida.
En aquella época nadie hablaba del trastorno por atracón. Nadie sabía ni que existía. Lo que sí recibía eran miradas. Comentarios. “¿Por qué no te cuidas?” “¿Por qué te has dejado así?” Gente que me miraba con esa superioridad silenciosa de quien cree que todo es cuestión de voluntad. Y yo, cada vez, me sentía más pequeña. Más inferior. Más sola con algo que ni siquiera tenía nombre para mí.
Hoy ayudo a mujeres a salir de ese mismo bucle. No con más dietas, no con más prohibiciones — al contrario. Les enseño a comer de todo, a recuperar la calma con la comida, y desde ahí, sin darse cuenta, el cuerpo empieza a soltar lo que no necesita.
Y voy a ser honesta contigo: a día de hoy todavía hay momentos en los que lucho por gustarme como soy. Me sigue costando subir una foto mía en bikini. Esta foto me ha costado publicarla.
Pero lo hago porque sé que todo en esta vida se puede superar. Y porque si mi historia te resuena aunque sea un poquito, quiero que sepas algo: no estás sola, y sí que hay una salida que no pasa por otra dieta más.