12/02/2021
Vivimos en una sociedad que en general ha aprendido e interiorizado que sentir, si no es para bien, se ve como algo de lo que hay que alejarse, poniendo en marcha cuando así se percibe un conjunto de mensajes y acciones cuya finalidad sea la de suprimir lo que molesta.
Si además, el contexto familiar en el que se ha crecido, ha tendido a la evitación, supresión o castigo de las emociones (mal) llamadas negativas, más se va a reforzar este mecanismo porque es el que se ha visto y ha sido útil para la adaptación al entorno.
Así es como muchas personas llegan a consulta, queriendo saber qué hacer o qué seguir haciendo para no sentir malestar o dolor (ya sea tristeza, enfado, miedo, etc.), y es ahí cuando la frase del enunciado hace presencia…¿y qué tal si en lugar de hacer u ocupar el tiempo, te dejas sentir?
Huir de lo que sentimos provocará emociones más intensas y por tanto la sensación de que cada vez cuesta más “eliminarlas”.
Las emociones antes de saber qué hacer con ellas, hay que sentirlas, aprender a que transiten en el cuerpo, ponerles nombre, escuchar desde ese sentir que nos quieren decir (porque algo vienen a contarnos siempre), entender y cuestionar las creencias que hasta ahora se ha tenido de ellas y que han dado lugar a mecanismos de evitación a través del hacer, hacer y hacer (comiendo, comprando, consumiendo redes sociales, haciendo cualquier tarea que ocupe la mente, trabajando sin límites, etc.).
En terapia se acompaña a hacer el camino contrario al hecho hasta el momento: ACERCARSE A LAS EMOCIONES.