13/08/2026
En La Odisea, Ulises tarda años en llegar a Ítaca. Por el camino se pierde, se encuentra con monstruos, tormentas, tentaciones y lugares en los que probablemente habría preferido no estar.
Y nadie le dice:
"Ya deberías haber llegado."
"Mira cuánto tardó el de al lado."
"Si quisieras de verdad volver a Ítaca, ya estarías allí."
Porque entendemos que cada viaje tiene su propio recorrido.
El duelo también es un viaje personal e intransferible.
No hay un tiempo correcto para dejar de llorar o llorar suficiente, para echar de menos, para la intensidad del dolor, ni tampoco una fecha. Hay duelos con los que tenemos que aprender a vivir porque son una amputación del alma.
Tu Ítaca no es la de otra persona.
Y quizá, además, el objetivo del duelo no es llegar a ser la persona que eras antes de que todo cambiara, sino aprender a vivir con lo que ha ocurrido y descubrir hacia dónde quieres seguir.
Lo importante no es únicamente llegar al destino. El viaje también te transforma, lo que decides aprender y hacer con ello.
Así que no juzgues tu duelo. No permitas que nadie lo haga. No compares tu camino con el de nadie. Ni que lo comparen.
Y, sobre todo, no permitas que alguien convierta su mapa en una medida para juzgar el tuyo.
Y no olvides pedir ayuda si lo necesitas.