14/08/2026
Solemos tratar el deseo como algo que se conquista y ya está. Como si, una vez juntos, tocara quedarse quietos, previsibles, iguales a como éramos el primer día. Y mientras tanto dejamos de mirar al otro. Lo sustituimos por la idea que tenemos de él, por esa foto fija de hace diez años, aunque siga cambiando delante de nuestros ojos.
Sostener el deseo con el tiempo pide soltar la seguridad de "ya sé quién eres" y volver a mirar con atención, sin dar nada por sabido. Permitirse ser alguien nuevo para el otro, una y otra vez.
Ahí el tiempo deja de jugar en contra de la pareja. Se convierte en el terreno donde el deseo se sigue jugando.